El ataque de Washington contra el gobierno de Nicolás Maduro no cesa. En esta ocasión, en una nueva actitud injerencista, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, se reunió con una serie de mandatarios de América Latina para “hablar sobre la situación en Venezuela”.

Del encuentro participaron la vicepresidenta de Argentina, Gabriela Michetti, el golpista brasilero, Michel Temer, el presidente de Colombia, Juan Manuel Santos, y el mandatario de Panamá, Juan Carlos Varela –el presidente de Perú, Pedro Pablo Kuczynski, no pudo asistir a la cena por la crisis que vive su país–.

Trump aseguró que Estados Unidos está preparado “para tomar acciones si el Gobierno de Venezuela persiste en el camino de imponer su autoridad sobre la gente de ese país”.

El mandatario norteamericano aseguró que en Venezuela existe una “dictadura” y reclamó la necesidad de restaurar las “democracia”.

En su discurso sobre “libertad” y “democracia”, Trump obvió que entre sus interlocutores –a los que denominó como “sus mayores aliados en la región”–, se encontraba Michel Temer, quien asumió la presidencia de Brasil a través de un golpe parlamentario y enfrenta una serie de denuncias en su contra por corrupción.

El mandatario norteamericano tampoco dijo nada sobre la situación que se vive en el país de otra de sus acompañantes en la cena, la vicepresidenta de Argentina, Gabriela Michetti. No preguntó por el encarcelamiento ilegal y arbitrario de Milagro Sala, denunciado por los organismos de derechos humanos internacionales, ni tampoco hizo referencia a la desaparición del joven Santiago Maldonado. Dos temas sobre los que Mauricio Macri y Michetti guardan silencio cada vez que salen al extranjero.

Los crímenes cometidos en Colombia, donde solo en 2017 ya suman 68 los asesinatos de dirigentes campesinos y de derechos humanos, tampoco fueron tema de conversación. Ni las denuncias contra el presidente panameño Varela y su supuesto vínculo en la trama de corrupción de Odebrecht fueron abordadas por Trump, quién, sin embargo, decía estar preocupado por la democracia en la región.

El mandatario norteamericano mostró, una vez más, que su único interés es agredir a Venezuela. Para ello busca el respaldo de sus cómplices en la región. Una estrategia que, hasta ahora, no le ha dado resultados.