Por Carlos Barragán

En tiempos malos uno tiende a creer que lo malo no lo va a sorprender. Pero me sorprendí mucho por algunas respuestas que aparecieron en mi Facebook cuando se me ocurrió convocar amablemente a Randazzo a que se sume a Unidad Ciudadana. El plan, ingenuo pero sencillo, era que le escribiéramos la invitación en su Facebook. Hubo a quien le pareció una buena idea, a otros no, otros –con mucha razón– me dijeron que lo mío adolecía de un candor extremo, algunos defenestraron a Randazzo, y aparecieron unos pocos mensajes furiosos conmigo y en defensa del disidente. Eso me sorprendió. Me sorprendió porque otras veces critiqué y dije cosas bastante feas de Randazzo y nadie se había enojado tanto conmigo como con esta convocatoria. Y pensé que la convocatoria era de lo más mansa: decirle al flaco que la corte, que venga. Es verdad que también había una cierta ironía detrás de eso, pero implicaba una lucecita de esperanza. No perdemos nada cuando pensamos ‘¿por qué no?’ Qué se yo. El tema es que apareció una gran bronca contra mí, contra los ultraK , los progres, los cristinistas, y contra Cristina. Una gran bronca por los que “no son peronistas” (y yo me siento peronista, qué quieren que les diga). Una gran bronca porque por culpa de Cristina y por mi culpa y culpa de los progres y culpa de los ultraK de Palermo que toman champán y, por supuesto, culpa de 678 perdimos las elecciones y ahora Macri gobierna. Listo. Y entonces pensé en mi idea de convocar. Y me pregunté a qué estamos realmente convocados en este momento. ¿Estamos convocados a arrancarnos los pelos para ver por qué perdimos en 2015? ¿Estamos convocados a insultarnos para ver quién se equivocó cuando no apoyó a Scioli y sí a Randazzo, o no apoyó a Randazzo y sí a Scioli? ¿Estamos convocados a ver cómo se comportaron cada uno de los actores de aquellos días? Si eso es así, bueno, lo que debemos hacer es un juicio plenario y encontrar culpables e inocentes. Y una vez obtenido ese resultado, quedarnos con los inocentes. Sí, sería así de insensato.

Supongo que estamos convocados para otras cosas, en estos días en que Santiago Maldonado sigue desaparecido por Gendarmería. Días en que media docena de gendarmes esposan a un alambrado a un vendedor de turrones. Días en que los gendarmes paran los colectivos para pedir documentos. En que la Policía se saca la capucha de infiltrar marchas y se mete en los colegios a increpar a un profesor por hablar de Maldonado. En que los gendarmes sacan fotos a pibes que toman un colegio. Y, sobre todo, en estos días en que algunos padres denuncian en los tribunales a los docentes que hablan de Maldonado y de desaparecidos. Y se dicen asustados. Días en que el aparato de comunicación del gobierno inventa mapuches terroristas. En que los funcionarios del gobierno nos acusan de apoyar al terrorismo. Días en que el hombre que se le metió a Obama en su Congreso para retarlo viene a nuestro país a vender armas y a sembrar violencia. En días así, con un asalto con guantes a la casa de Pérez Esquivel, con guantes para tirarle piedras a la mutual de gendarmería, con guantes para tirar bombas incendiarias contra un destacamento de Gendarmería, con guantes y capuchas para sembrar violencia. En estos días me pregunto a qué estamos convocados.

¿Estamos convocados a seguir pidiéndo autocrítica a Cristina, a pelearnos con los Randazzo y los Massa y los Abal Medina, a defenestrar a los troscos, a enojarnos con el Chino Navarro? ¿A qué estamos convocados? No ya como militantes sino como ciudadanos conscientes de los peligros con que avanza la más formidable operación de restauración conservadora en nuestro país y nuestra región. ¿A qué estamos convocados cuando dejamos de discutir el ajuste para discutir de qué se puede hablar en las escuelas y quién es o no es terrorista?

Cuando, mientras miramos en nuestro celular la última crítica del muy ingenioso Jorge Asís al gobierno y los gendarmes nos bajan del colectivo, yo me pregunto ¿a qué estamos convocados?