La industria del libro nacional, cada vez más reducida

Referentes de la industria del libro afirmaron que la actividad a nivel nacional sigue asediada por la reducción del poder adquisitivo de la población, la introducción indiscriminada de libros importados y la exportación en sus niveles históricos más bajos. En tanto un informe de la Cámara Argentina del Libro (CAL) le puso números al difícil estado de situación del sector.

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La industria del libro continúa sufriendo la política económica del macrismo, con altas importaciones a cadenas trasnacionales y merma del consumo. En el primer semestre de 2017, las ventas cayeron entre un 15% y un 25%, disminuyó un 23% la cantidad de ejemplares por tirada mientras que la producción de novedades editoriales se mantuvo en los mismos niveles respecto del mismo período de 2016.

Los datos fueron revelados por referentes de la Cámara Argentina del Libro (CAL) durante una conferencia de prensa realizada el jueves en su sede porteña ubicada en avenida Belgrano 1580 (C.A.B.A.), donde asistieron integrantes de la industria editorial, quienes se mostraron preocupados por la caída de la actividad. La CAL produce estos informes dos veces por año para describir el estado de situación del sector.

La CAL y miembros de editoriales consultadas por este medio coincidieron en que las principales causas que explican el fenómeno son la caída del consumo y la creciente importación de libros. En tanto los altos costos de producción para el mercado local lo posicionan en franca desventaja de competencia en comparación con el mercado internacional.

Según el informe, la caída en la tirada de libros fue del 23% con respecto al primer semestre del año pasado y un 39% menos en relación con 2015. “Un fenómeno que responde a la caída de las ventas”, afirmaron desde la CAL, y añadieron que las editoriales comenzaron a imprimir de acuerdo a la demanda, con una primera tirada para probar cómo funciona el mercado.

Durante la publicación del informe, la gerente institucional de la CAL Diana Segovia indicó que disminuyó “la cantidad de ejemplares que se producen: en 2015 se produjeron 41 millones, en 2016, 32 millones, y en 2017, 25 millones”.

Lo que se mantuvo fueron las novedades editoriales: en los primeros seis meses de 2017 hubo 13.555 novedades editoriales, una tendencia que “se mantiene desde 2015”, informó Segovia, quien añadió que “en 2016 se produjeron 2.138 nuevos títulos y este año, 2.136”.

Jorge Gurbanov, titular de Ediciones Continente/Peña Lillo, explicó a Contexto que “la situación del mercado editorial se ve sobre todo perjudicada por la reducción del poder adquisitivo de la población, pero también por la importación”.

“La importación de libros impresos, al no tener ningún tipo de trabas, genera una situación muy emblemática: las editoriales españolas colocan sus excedentes a precios ridículos, todos por debajo del euro y del medio euro, de color y tapa dura , por lo cual nos bloquean la posibilidad de imprimir en color en la Argentina”, continuó.

En tanto, Fernando Darío Roperto, editor de Acercándonos Ediciones, una cooperativa gráfica, en diálogo con Contexto coincidió en los perjuicios que produce la importación a mansalva: “Los libros que se importan no son de primera línea, son basura que les sobran a las grandes cadenas, que le sacan mercado a los libros de acá e impactan en las imprentas y en las editoriales. Son stocks de grandes empresas que venden para todo el mundo. Y los grandes perjudicados son los imprenteros, las editoriales y los libreros por la falta de consumo. Así, el que paga el pato es el más débil, y en este caso son las editoriales nacionales, en un país como Argentina, importante a nivel internacional dentro del mundo del libro”.

Para Gurbanov, quienes salen perdiendo bajo este modelo son las editoriales pequeñas y medianas “con sus diseñadores, correctores, traductores, sumado a la parte de edición y también la parte gráfica, con sus imprentas, encuadernaciones. También señaló que “el personal de las editoriales se vio reducido; la producción del papel, el transporte y las librerías pequeñas y medianas empiezan a tener grandes problemas de subsistencia: poca rentabilidad por aumentos de servicios, pago de alquiler y menores ventas”.

Desde la CAL, Diana Segovia también advirtió sobre sobre la balanza comercial, a la que definió como “deficitaria”. El primer semestre de este año arrojó un saldo comercial negativo de 37 millones de dólares, cuando en todo 2016 ese número fue de 50 millones.

Sobre las dificultades del mercado local para colocar productos en el exterior, Gurbanov afirmó: “Al problema de la baja del mercado interno y la introducción de las importaciones de los libros de saldo de forma indiscriminada se le agrega que la exportación está prácticamente en los niveles históricos más bajos, porque el tipo de cambio en relación con los precios internos colocan cualquier libro argentino a un precio de venta al público de 20 dólares en la país, y cuando llega al exterior, por los gastos intermediarios, son libros de entre 30 y 40 dólares, imposibles de colocar”.

Como dato que pinta de cuerpo entero la realidad del estado del consumo en el país, Gurbanov precisó que los lugares donde se está vendiendo un índice mayor de libros son las librerías que están dentro de los shopping. “En las grandes cadenas que funcionan en los centros comerciales, la gente elige libros de altos precios. Para el día del niño estamos vendiendo libros infantiles en promedio a 700 pesos cada uno, con ventas de 300 o 400 pesos pero también de 1.200. Realmente es lo que más estamos vendiendo, con lo cual van a estar en mejores condiciones las grandes cadenas que tienen sus puntos de venta dentro de los centros comerciales donde los consumidores tienen un fuerte poder adquisitivo”.

Como contraste, la compra de libros por parte del Estado nacional, por medio de los Ministerios de Educación y Cultura, ha sufrido un parate prácticamente total. Durante la gestión anterior, el Estado compraba libros y los repartía en bibliotecas escolares e institutos de formación docente, entre otros lugares. “No es que el Estado esté comprando menos libros: directamente las compras pararon del todo”, sostuvo Roperto.