“Hay que construir puentes de confianza para que estos chicos puedan expresar lo que verdaderamente sienten y lo que le puede estar pasando a un amigo […] Hay que armar redes de contención” entre la escuela, los docentes, las familias y las y los adolescentes, afirmó a Contexto Tatiana Fernández, psicóloga egresada de la UNLP y docente en escuelas secundarias y terciarias.

La tragedia ocurrida el jueves por la mañana en un aula del Colegio Nacional de La Plata sacudió profundamente a toda la comunidad, no solamente educativa, por la angustia que supone que unx adolescente tome una decisión tan extrema, sino porque puso sobre el tapete una serie de interrogantes sobre el funcionamiento de la sociedad, sobre la violencia y el acceso de menores de clase media a armas de fuego, sobre el papel de las instituciones educativas, sobre la influencia de las redes sociales, de la hipercomunicación virtual y al mismo tiempo de la falta de charla en el ámbito familiar, en el aula y en la escuela, donde los adolescentes pasan muchas horas del día.

El viernes a la mañana, luego de una reunión de las autoridades de la escuela y de la UNLP con unos 50 profesores en el salón de actos, “a cada profesor le tocó enfrentar a su grupo”, explicó a Contexto una fuente cercana al cuerpo docente. “Varios docentes comentaron que no se sentían en condiciones de entrar al aula” sobre todo aquellos que el día anterior estaban en las aulas contiguas al aula en la que se produjo el intento de suicidio de la adolescente.

El Colegio Nacional, uno de los más “prestigiosos” de esta ciudad, y una de las 4 escuelas secundarias dependientes de la Universidad Nacional de La Plata (UNLP) cuenta con un gabinete psicopedagógico. Sin embargo, según diversas fuentes las críticas abundaron hacia ese departamento. “Los cuestionamientos de los alumnos fueron sobre todo hacia el gabinete”, dijo una de ellas.

“Aprovechamos para quejarnos”, aseguró un alumno del Colegio. “Los directivos no nos escuchan. Hace poco decidieron que los de la mañana no pueden estar en la escuela a la tarde. ¿Y qué mejor lugar que la escuela para estar?”, se quejó ese adolescente platense.

Respecto del comunicado difundido horas después de lo ocurrido por las autoridades del Colegio en conjunto con la UNLP, la fuente cercana a los docentes expresó su desacuerdo con la idea de que lo ocurrido es “antinatural”.

“Me parece preocupante. Esto no es antinatural ni viene de afuera. Tiene que ver con una sociedad competitiva, exigente” y con un “ministro de Educación de la Nación, Esteban Bullrich, que les repite el eslogan ‘sí se puede’”. Y enfatizó: “No. Solos no se puede. Si te dejan solo y te sueltan la mano, no se puede, y acá hay que recuperar lo colectivo”.

Del comunicado que emitió la dirección de la escuela, cuestionado por muchos docentes, la mayoría de los medios locales se hizo eco sin cuestionamiento crítico. Enseguida salieron a afirmar que fue un hecho inesperado, que la joven tenía su grupo de amigas, que se descartaba la hipótesis del Bullying. Sin embargo, fuentes cercanas a la familia aseguraron a Contexto que el año pasado en sucesivas ocasiones la mamá de la adolescente se acercó a la escuela a pedir que la cambien de división porque no se sentía cómoda con sus compañeros. Eso expresaba ella, cuando todavía comunicaba lo que le pasaba. De modo que es cuestionable afirmar que fue algo sorpresivo, sin revisión crítica. En el mismo sentido, resulta preocupante que los directivos de la escuela blinden la información al periodismo, como es común en estos tiempos, para evitar las críticas que, era evidente, se realizarían.

“Cuando irrumpe en el campo educativo, cuando el suicidio consumado de un/a adolescente ocurre en una escuela, cuando acontece un intento de suicidio por parte de un/a niño/a o joven, el impacto es de tal magnitud que se convierte en uno de los problemas más difíciles de afrontar por parte de los educadores, de los directivos y de los profesionales de los equipos de orientación escolar”, afirma un documento elaborado por la anterior gestión del ministerio de Educación de la Nación dirigido por Alberto Sileoni titulado “Acerca de la problemática del suicidio de adolescentes y jóvenes: un enfoque para su abordaje desde el campo de la educación”, muy poco difundido y al que tuvo acceso Contexto.

“El suicidio adolescente, quizás la contradicción humana más fuerte, cuando se produce no afecta sólo a la familia o a los amigos más cercanos, es un hecho tan fuerte y tan intenso que pone en cuestión a toda la comunidad, a todas las instituciones”, afirma ese trabajo coordinado por Gustavo Galli. “No es cuestión de comprender que sucedió ni de buscar responsabilidades o chivos expiatorios, sino de fortalecer a la comunidad y de posibilitar intervenciones en las que los adultos ocupemos el rol de contención, acompañamiento y cuidado que los adolescentes y jóvenes necesitan frente al dolor”, agrega.

“A mí me preocupa la desprotección de los chicos. Que pensemos en nosotros, en la institución y no pensemos qué está pasando por esas cabezas”, abundó la fuente consultada.

El tiempo de la adolescencia es un periodo de intensas transformaciones, de máxima vulnerabilidad y exposición, donde se consolida la personalidad y donde las relaciones, las condiciones sociales e institucionales profundizan el reconocimiento, la pertenencia o al contrario pueden acentuar la falta de apoyo.

El viernes, al hablar con psicólogos y con docentes, alumnos del Colegio y en particular compañeros de la jovencita, cuyo estado de salud es “extremadamente grave” según el director del Hospital San Martín Alberto Urban, también expresaron su enojo porque en las redes sociales fueron atacados “como provocadores de bullying”.

“Hoy hable de este tema con mis alumnos y ellos no lo habían hablado con sus familias. Ese diálogo es importantísimo para ver cómo son sus hijos y, para, a través de la charla, darse cuenta cómo son sus amigos y en qué situación están”, explicó Fernández.

En su opinión hay mucho trabajo por hacer en este sentido. “Hay que trabajar mucho con los docentes y con los padres”, sostuvo. “Los docentes tienen que estar preparados y tener un ojo más allá del tema del aprendizaje para ocuparse de las relaciones entre los alumnos y advertir actitudes y comportamientos que pueden desembocar en situaciones de bullying” por ejemplo, para alertar a las autoridades, a orientación escolar y trabajar con especialistas.

En términos psicoanalíticos podría hablarse de “pasaje al acto” y de “acting-out”. Según el documento del Ministerio de Educación antes mencionado, en una situación de suicidio “siempre hay una dimensión de llamada al otro […] y por lo tanto una oportunidad de intervenir. Al mismo tiempo subraya que en tantas ocasiones resulta difícil anticiparlo e impedirlo”.

En todo caso es imposible hablar de suicidio entre los jóvenes sin tener en cuenta la problemática general de las violencias. “Hoy en día como la violencia es tan fuerte, cuesta la vida quedarse callados. Entonces hay que generar consciencia en los chicos sobre los riesgos de ver a un amigo que anda mal o que corre riesgo su vida para que estos chicos confíen en la escuela y lo puedan denunciar a la escuela y a los padres”.

“Claro que tienen que sentirse acompañados por la institución para poder alertar de forma anónima, por supuesto”, sostuvo Tatiana Fernández, que insistió en “armar una red de contención y para ello hay que aceitar los vínculos, trabajar mucho con la familia, con los chicos y con los docentes”.

En efecto, según el documento ministerial “la construcción de redes es la estrategia más potente y la consideramos la de mayor alcance para el enfoque de la violencia en y entre los jóvenes, y también para el abordaje de las problemáticas del suicidio”.

¿Qué hacer tras el impacto del intento de suicidio o del suicidio?

El documento, que seguramente el ministerio de Educación macrista abandonó en algún cajón porque es del gobierno anterior, sugiere “acompañar a los amigos y compañeros más cercanos en forma de encuentros grupales; acompañar en forma inmediata a los docentes para evitar los desbordes de angustia ya que son los primeros que deben confrontarse con los compañeros más cercanos, incluso con los familiares y amigos; y acompañar a las familias con criterio corresponsabilizante”, es decir incluyendo a los servicios del área de salud y salud mental.

El mismo equipo que realizó esta investigación aconseja que después de la emergencia se tienen que “generar o retomar dispositivos específicos –grupos de palabra, espacios de conversación, asambleas– que permitan a los docentes fortalecerse frente a los jóvenes y elaborar los reflejos del impacto, el dolor y el miedo que se vivió colectivamente; generar dispositivos grupales dirigidos a los alumnos, con modalidad lúdica y expresiva o actividades con objetivos de reflexión que no busquen confrontarlos inmediatamente con el tema del suicidio”.

A modo de resumen inapelable, el mismo documento asevera: “en estas situaciones acompañar es escuchar prudentemente y no interferir en lo que cada uno va expresando”.

El viernes, al volver al aula “sentí que es una enorme responsabilidad. Sentí que entramos al aula cada uno desde nuestra profesionalidad y desde nuestro corazón, pero no tuvimos ninguna herramienta, no se nos dotó de ningún encuadre que tenga que ver con la protección de los chicos”, explicó un docente.

“Nosotros tenemos que estar preparados para recibir a los chicos que tienen un respaldo familiar y los que no. Somos educadores y tenemos la obligación de hacer con lo que llega. A veces hay familias que acompañan y contribuyen, a veces hay familias que no”, agregó, antes de concluir: “nuestro desafío es lograr generar pibes sanos, buenas personas, con valores y con conocimientos pues en la escuela están seis años”.