Desde aquel día en que una veintena de agentes de Control Urbano se llevaron en bolsas de la municipalidad toda la mercadería que tenían, por un valor estimado de 80.000 pesos, Rito Gamarra, vendedor de toda la vida en La Plata, decidió encadenarse a una silla en la puerta del local donde durante nueve años vendió indumentaria. Previendo las vacaciones de invierno, tenían el local lleno de bufandas, gorros, guantes y pantuflas.

“Quiero una respuesta del intendente. Quiero que me atienda el intendente”, reclamó el hombre en diálogo con Contexto. Rito y Ana habían sido convocados para el miércoles a las 9.30 de la mañana. “Fuimos, pero la suspendieron. La pasaron para hoy, pero no tuvimos ninguna novedad”, afirmó Ana sentada a su lado.

“Hace veinticuatro días que estamos sin ninguna respuesta. Ellos quieren que uno se canse. Si tuviera otra cosa me iría. Pero queremos que el intendente recapacite”, reclamó Rito Gamarra, que a los 51 años sufre de una hernia de disco de la cual tiene que ser operado y por la que estuvo internado en el hospital público Horacio Cestino de Ensenada. A ello se suma la difícil decisión de permanecer en la terminal para defender la fuente de trabajo de su familia, de su hermana y de su sobrina.

“Hace veinticuatro días que estamos sin ninguna respuesta. Ellos quieren que uno se canse. Si tuviera otra cosa me iría. Pero queremos que el intendente recapacite.”

El local de los Gamarra estaba abierto todos los días de 8 a 21 horas. “Tres familias viven de este puesto. Este espacio nos lo dio Bruera”, indicaron refiriéndose al exintendente platense.

“Desde hace veinticuatro días estamos durmiendo en una reposera”, reclamó Ana, antes de que su marido asegurara que la municipalidad que dirige Cambiemos “no nos propuso nada” para poder trasladarnos a otro lugar.

“Sentimos que esto es una persecución política porque Rito es militante peronista. Si me decís que uno es ladrón… Pero nosotros trabajamos toda la vida”. Ana es compañera de Rito desde la adolescencia y juntos tuvieron cuatro hijos: de las tres mujeres, una es abogada, otra maestra y otra estudia ingeniería química. El varón juega al fútbol en Cambaceres.

“A nuestros hijos les inculcamos que estudien. Nosotros siempre nos ganamos la vida honestamente”, subrayó Rito, que fue vendedor ambulante y también tuvo a su cargo una parrilla en 38 y 122.

Además del puesto en la Terminal, los Gamarra llevaban adelante un centro recreativo y deportivo llamado “Un nuevo desafío”, en 16 entre 531 y 532, con ayuda del municipio, pero debían pagar un alquiler. Las ventas cayeron fuertemente y el mantenimiento del centro –en el que festejaron, por ejemplo, el Día del niño de 2015 con más de setecientos niños– empezó a resultar imposible.

“Nos sacaron esa fuente de trabajo y ahora vienen por esto”, sentenció Ana, antes de asegurar que “subsistimos gracias a nuestros hijos.”

Llamativamente, la Municipalidad decidió barrer semanas atrás con todos los locales comerciales que había en la terminal de micros platense, ubicada en las calles 3 y 4 entre 41 y 42. Ya no está el chico que arreglaba celulares, ni la juguetería, ni el kiosco o el puesto de diarios, y tampoco el carrito que vendía panchos.

El director de la terminal “nos dijo que necesitan el espacio para poner otra cosa, pero no nos dicen qué”, explicó Ana.

Interrogados sobre la reacción de quienes trabajan en la terminal o de los transeúntes, aseguran que “la gente nos trata bien, nos apoya”, pero siguen confiando en que esto pueda resolverse y que la Municipalidad les de una respuesta concreta a su situación laboral.

“Esperamos que el intendente nos llame”, afirmaron. “Aunque parece que no le interesa porque estamos en campaña”, aclararon, antes de asegurar que el 13 de agosto se turnarán con sus hijos para ir a votar en las PASO. “No nos pueden sacar ese derecho”, enfatizó Ana, con el asentimiento de su marido.