Por Santiago Fernández

Se terminó Futbol para Todos, “todos” lo pudieron disfrutar, pero igualmente a algunos  hay que explicarles de qué se trató. No voy a perder tiempo en eso. Fueron ocho años de confirmar un “derecho cultural”, que al ciudadano futbolero de mi generación le pareció muy raro pero lo aprovechó, como en un sueño más. Pero fue una más de las tantas medidas de inclusión que hoy se extrañan.

Un “programa” que, además de lo televisivo, fue enmarcado e impulsado como una política pública para darle a la gente la chance de disfrutar del deporte popular por excelencia, sin estar atados a la ambición de lucrar de unos pocos. Y para eso, un Gobierno diferente a todos los anteriores tuvo que actuar y generar transformación en tu vida.

Da risa escuchar: “que esa plata la usen para educación y salud”, “que hagan hospitales”, “por qué gastamos plata en eso”, etcétera. Tampoco voy a responder obviedades para explicarlo.

Inclusión en todo sentido, en lo que refiere a lo social por lo ya explicado, en lo ideológico y en lo deportivo, con muchas ganas de plantearlo a partir de un dato estadístico y “todos” lo van a entender.

En el año 2009 comenzó FPT y en 2017 terminó. Fueron ocho años, igual a dieciséis torneos (en seis salieron campeones equipos denominados “grandes”; los diez restantes se repartieron entre equipos no tan poderosos, ni con tantos hinchas: Vélez, Newells, Banfield, Lanús, Arsenal, Argentinos y Estudiantes).

Me pareció interesante y fui a revisar los dieciéis torneos anteriores. De 2001 a 2008, son también ocho años donde el fútbol estuvo en manos de Torneos y Competencias (Grupo Clarín). En doce salieron campeones equipos grandes (Boca cinco, River cuatro, Racing, San Lorenzo, Independiente, una vez cada uno) y solo cuatro veces festejaron títulos equipos no denominados grandes (Vélez, Lanús, Estudiantes, Newells).

Qué curiosos ¿no? Cómo se revierte la cuestión. ¿Viste? ¿Tiene explicación, o meramente casualidad de la fría estadística?

Mi análisis es simple y sólo va a buscar dos lógicas. La primera relacionada al criterio de distribución de los recursos que cada club obtuvo por ser propietario de los derechos televisivos.

Se abrió el juego y, como se televisaban todos los partidos, la torta se repartió entre todos; por ende, más equidad. Y al actuar el Estado nacional para adquirir los derechos y dárselos a la ciudadanía, dejó de ser un negocio en manos de pocos. Por ende, salió de la lógica del mercado en la que estaba hasta 2009.

Antes del FPT ya sabemos que pasaba: al fútbol lo televisaban por canales de cable y lo usaban para aumentar la cantidad de abonos facturados y romper mercados con los “cableoperadores” locales. Además de obtener el plus por los “codificados” de los equipos grandes y todo lo que significaba en tu vida tener que ir a verlo a un bar, porque no lo podías pagar, o ver cómo te mostraban las tribunas, en el acto más nefasto, humillante e ideológico de la historia de la televisión argentina.

Volviendo a la lógica, entonces, si tienen que vender abonos, ¿qué equipos tienen más hinchas (posibles abonados)?, ¿qué le conviene al negocio?, ¿qué peleen campeonatos y salgan campeones Banfield, Arsenal, Lanús, Vélez?, ¿o Boca o River?

“El cambio” que ofreció la derecha incluía volver atrás en muchas cuestiones, perder logros obtenidos y disfrutados. La lista es interminable, y obviamente con cuestiones mucho más carnales e importantes. Pero el deporte más popular de la Argentina y todo lo que lo rodea, entre lo que estás vos como seguidor, no quedó afuera.