Con una importante cobertura mediática, mientras la fábrica sigue tomada, el día de ayer los trabajadores de PepsiCo protagonizaron una nueva jornada de lucha cortando la 9 de Julio, en Capital Federal, acompañados por organizaciones sociales, políticas, de derechos humanos, sindicatos, con un importante cordón policial custodiándolos.

Posteriormente, marcharon al Ministerio de Trabajo de la Nación, donde fueron recibidos por las autoridades de la cartera que conduce Jorge Triaca, pero la respuesta no fue la que esperaban. Los delegados de los seiscientos despedidos calificaron la reunión como “floja”.

Explicaron a Contexto que desde esta cartera avalaron la medida de la empresa señalando el marco de legal de la misma, dado que el Sindicato de Trabajadores de la Industria de la Alimentación (STIA) comandado por Rodolfo Daer firmó el acuerdo de pagos, a pesar de que la Junta Interna de Trabajadores de PepsiCo se opuso, ya que lo que ellos quieren es preservar sus puestos laborales.

Los delegados señalaron que “en ningún momento hablaron de una reincorporación”, y que la única oferta desde el Ministerio fueron seis meses de capacitación laboral para ejercer otros oficios; a trabajadores que llevan entre siete y veinticinco años en sus puestos.

Juan Carlos, jefe de familia con dos hijos, trabaja hace veinticinco años en PepsiCo. Hoy, si la situación de la fábrica no se revierte, tiene que salir a buscar empleo. “La veo re jodida, por la edad, por la situación del país”, explicó, y agregó que “en vez de avanzar vamos para atrás; parece que estamos en los noventa”.

Hernán, en tanto, hace veintidós años que trabaja en la fábrica de snacks. “De esta pasamos muchas, por eso pensé que íbamos a seguir, pero no”, comentó el operario, que ahora se ve en la situación de tener que afrontar un alquiler y mantener a su familia sin sueldo.

Catalina es una de las doscientas mujeres despedidas de PepsiCo. Lleva veinte años en la fábrica de Florida trabajando como operaria y este es su segundo despido: en 2002 fue echada por la empresa en el marco de una serie de protestas por las condiciones de trabajo, principalmente de las mujeres de la planta, que terminó con un puñada de despedidas.

Catalina, que no aceptó la indemnización ni el despido, estuvo un año y medio sin trabajar, hasta que la Justicia dictaminó que fuera reincorporada. El caso se convirtió en precedente para los despidos por cuestiones sindicales. Hoy la operaria se encuentra nuevamente desplazada de su puesto, con un alquiler que pagar y una familia que mantener.

Nicolás hace siete años que trabaja en PepsiCo. Pertenece a la última tanda de trabajadores incorporados por la empresa. Hoy se quedó sin trabajo y sin obra social, ambas fundamentales para el tratamiento de fertilidad que inició con su esposa. “Estamos pagando un tratamiento de inseminación asistida. Teníamos una obra social que ya no la vamos a tener más”, explicó a Contexto.

“No voy a conseguir en otro lado trabajo. Ya tengo 35 años y un defecto en el cuerpo que lamentablemente me va a afectar para conseguir trabajo, y más hoy, como está la cosa en el país; es muy difícil”, comentó Nicolás.