Frente a figuras políticas de peso como Cristina Kirchner, Sergio Massa y Florencio Randazzo, el macrismo optó por un cuadro neoliberal como Esteban Bullrich, quien ha dado cátedra ante empresarios sobre cómo desmovilizar a los gremios y ha dado su opinión con frases jugosas sobre temas espesos como el nazismo, el genocidio de los pueblos originarios y lo ocurrido en la última dictadura militar.

El ministro de Educación y Deportes de la Nación, elegido por los principales referentes de Cambiemos para encabezar las listas de senadores de la provincia de Buenos Aires, ha tenido, desde que asumió la alianza gobernante en diciembre de 2015, la tarea de redefinir el futuro de la educación pública en detrimento de lo público y enfrentar a los gremios docentes.

Con el incumplimiento de la Ley de Financiamiento Educativo al no convocar a paritaria nacional, desligando al Estado de su rol de articulador y delegando los salarios a cada provincia, imponiendo techos salariales a los docentes universitarios en el marco de un ajuste presupuestario para las universidades y utilizando estratégicamente los resultados de evaluaciones educativas para manchar la figura de los maestros, Bullrich ha encauzado el perfil político-educativo de su gestión hacia un achicamiento y empobrecimiento de la educación pública.

El ministerio de Esteban Bullrich no se hizo cargo de asumir la función de convocar a paritaria nacional, lo que genera que las provincias no tengan ese eje ordenador para llegar a cada uno de sus acuerdos. A pocas semanas de las vacaciones de invierno, desde el gremio docente nacional CTERA confirmaron a Contexto que las provincias de Chaco, Santa Cruz y Buenos Aires todavía no tienen acuerdo paritario. Mientras que los Gobiernos de C.A.B.A., Jujuy, Mendoza, Corrientes, La Rioja y Santiago del Estero cerraron unilateralmente por decreto sus paritarias docentes, con techos salariales alrededor del 19% o 20%, tal como había ordenado Mauricio Macri; números muy por debajo del nivel inflacionario.

Las intervenciones de Bullrich

Bullrich ha dado la nota en reiteradas ocasiones cuando hizo apreciaciones sobre la historia nacional e internacional. En septiembre del año pasado, durante un discurso en la ciudad de Choele Choel, llamó la atención del auditorio de la Universidad Nacional de Río Negro cuando comparó la inauguración del Hospital Escuela de Veterinaria con la denominada Campaña del Desierto. “Esta es la nueva Campaña del Desierto, pero sin espadas, con educación”. En esa ocasión también dijo: “Sin profesionales que multipliquen lo que hacemos, no sirve de nada, porque no estaríamos poblando este desierto”, y luego intentó arreglarla: “Ustedes hacen que no sea un desierto”.

Bullrich ha dejado clara su postura con respecto a la última dictadura cívico-militar. En 2005, cuando era diputado nacional por la entonces Propuesta Republicana, votó en contra de la inhabilitación del excomisario y exintendente de Escobar condenado a perpetua por crímenes de lesa humanidad, Luis Abelardo Patti. “Creemos que el diputado Patti debe ser aceptado como miembro de esta Cámara”, defendió Bullrich.

En defensa de la teoría de los dos demonios, que tanto fogoneó Cambiemos desde que asumió, Bullrich continuó: “La lección más importante que nos dejó la década del setenta es que cuando cualquier grupo, grande o pequeño, quiere imponer su verdad a costa de la ley, la Constitución, con violencia, el país entra en una espiral de la cual no sale”.

Fiel al relato frívolo del PRO, Bullrich pasó el ridículo cuando interpretó el Holocausto, al cual redujo y relativizó generando una catarata de tweets demostrando que la historia no es su punto fuerte. Mientras estaba en Ámsterdam durante una gira de Mauricio Macri en marzo de este año, visitó la casa de Ana Frank para firmar un convenio de cooperación con ese lugar. Allí dijo que la niña asesinada por el nazismo “es un símbolo muy importante, especialmente trabajando en Educación. Ella tenía sueños, sabía lo que quería, escribía sobre lo que quería y esos sueños quedaron truncos en gran parte por una dirigencia que no fue capaz de unir y llevar paz a un mundo que promovía la intolerancia”. También descolocó a los presentes al decir que Adolf Hitler “no fue capaz de unir”.

En otras oportunidades expresó su perfil neoliberal frente a empresarios. El año pasado, cuando participó de la 22º Conferencia Industrial Argentina organizada por la Unión Industrial Argentina (UIA), generó un amplio rechazo cuando les dijo a los empresarios que no les hablaba como ministro sino como “gerente de recursos humanos”. Ese día también pidió mayor complicidad entre el “mundo empresarial y el sistema educativo”. “Yo no me paro como ministro de Educación, me paro como gerente de recursos humanos; eso es lo que soy para ustedes”, fueron las palabras de Bullrich.

En 2014, el candidato de Cambiemos se vistió de profesor explicando en una conferencia en la Academia Nacional de Educación su estrategia para vencer a los sindicatos docentes. “Al sistema hay que sacudirlo. Y lo hemos hecho. ¿Qué es lo que hacemos para vencerles la resistencia? Primero, lanzar muchas iniciativas al mismo tiempo, porque el gremio focaliza”, y rápidamente, añadió: “Estoy develando la estrategia, si se quiere, pero no importa, porque la estrategia es poco atacable igual”.

Y una de las últimas notas de Bullrich fue en abril de este año, en la provincia de Corrientes, donde inauguró obras de infraestructura escolar. Allí retrasó los debates cuando se manifestó a favor de las religiones en las escuelas. “Vendría muy bien que todas las religiones tengan su espacio”, dijo frente a un sacerdote que le había pedido que la enseñanza católica vuelva a las escuelas públicas. El ministro de Educación dijo que “las enseñanzas de Jesús y el Evangelio” deben ser aprendidas en las escuelas, junto a las de otras religiones, para que “la luz del cirio pascual y de la educación” brille más fuerte que nunca.