Tras postergaciones y expectativa, finalmente la película Alta Cumbia, documental dedicado a la cumbia villera, llegó ayer a los cines de todo el país para mostrar el registro de quince años de evolución de la movida tropical emergida de los sectores más castigados de la Argentina tras la caída del menemismo. La producción, encabezada por el director Cristian Jure, cuenta con la participación de artistas icónicos de este fenómeno cultural, que van desde el reconocido líder de Damas Gratis, Pablo Lescano, pasando por figuras que aún militan las bailantas del Gran Buenos Aires, como Rubén “Pepo” Castiñeiras o Hernán “Mala Fama” Coronel, hasta el querido Juan Carlos “Mono” Ponce, ex cantante del grupo Yerba Brava, fallecido tiempo después de finalizado el film.

“El lente está puesto en el movimiento de la cumbia villera, que surgió a principios del 2000 entre pibes que empezaron a utilizar los elementos que tenían a mano para hacer música”, expresó a Contexto el director del documental, quien se metió de lleno en las vidas e historias de la decena de artistas que, luego del estallido social de 2001, pusieron a bailar a la Argentina sobre sus propios escombros.

“El lente está puesto en el movimiento de la cumbia villera, que surgió a principios del 2000, entre pibes que empezaron a utilizar los elementos que tenían a mano para hacer música.”

“Empezamos a trabajar hace cuatro años aceptando el desafío de contar una historia que nunca fue contada, sobre la cual no hay referencia previa. Además, tratándose de la cumbia villera, de los barrios pobres, cuando se acerca una cámara siempre es con el dedo acusatorio. Siempre deben estar a la defensiva, enfrentarse a dar respuesta a todo tipo de acusaciones”, expresó Jure respecto de los vaivenes de esta producción que atraviesa todo prejuicio alrededor de la atmósfera social que envuelve la cumbia, sin bajarle nunca el tono a la estética multicolor saturada de los carteles de bailanta del Conurbano.

“Es una película que está contado desde lo positivo, con abordajes de los personajes desde sus particularidades, de sus desigualdades. Lo que tienen en común es que todos son grandes artistas”, explicó el director respecto del acercamiento a la obra de cantantes y músicos que, cada cual con su ingrediente particular y su historia personal, lograron llevar la cumbia a lugares tan originales como versátiles.

“Hay cumbia más alegre, otra más agresiva, hay otra más cruda y básica. Cuando descubrís dónde está cada sonido, dónde está lo poético, se empiezan a entender las sutilezas que no están a simple vista”.

Asimismo, la búsqueda de Alta Cumbia se traduce, de manera permanente, en su propia banda de sonido: desde la melancolía lenta y aletargada de Pibes Chorros al agite agresivo casi punk de Pepo y Los Gedes, hasta la algarabía bolichera de Re Piola y Supermerka2. Detrás de cada sonido hay una historia y viceversa. “El teclado corrosivo de Supermerka2 que te quema la cabeza, todo eso habla de las historias de los pibes”, agregó Jure.

“La cumbia villera nace de gente que vivió lo que está cantando. Los sentimientos que incentivaron esas canciones son bienintencionados y son genuinos. No son hechas intencionalmente en busca de algún beneficio extra”, definió Hernán Coronel, líder de Mala Fama, en diálogo con Contexto.

“La cumbia villera nace de gente que vivió lo que está cantando. Los sentimientos que incentivaron esas canciones son bienintencionados y son genuinos.”

Coronel –poseedor de un estilo personal casi inclasificable por su gélido timbre de voz y su peculiar lunfardo callejero– convirtió a Mala Fama en una de las bandas más distinguidas de su época por su contraste extremo entre la rítmica bailable de las canciones y lo trágico de los personajes que retrata en sus letras.

“Muy crudo y muy sutil, en su profundidad y su sentimentalismo”, describió Jure respecto de Mala Fama, cuyas poesías fueron definidas por el propio cineasta como bukowskianas y discepolianas.

“La película, para mí, es importante primero por haber podido formar parte, y además por haber estado ahí junto a tantos ‘máscaras’, como el caso del Mono, que cuando lo vuelva a ver en la pantalla lo voy a sentir presente de nuevo”, sostuvo Coronel en referencia al difunto “Mono” Ponce, vocalista casi fundacional de la cumbia villera.

Coronel, junto a Ponce y otro puñado de artistas, formaron parte de la línea fundadora de este género al que, según el cantante de Mala Fama, le quedan ya muy pocos de sus grandes referentes. “Todo evoluciona. Lamentablemente, un día nos vamos a morir, y cuando falleció el Mono sentí que la cumbia villera también empezaba a morir. Hay tres o cuatro más cantantes de cumbia villera, no más”.

A más de quince años de su génesis, la cumbia villera hoy se presenta como una marca de época que, en palabras de Coronel, ya no va a repetirse. “No creo que vuelva a pasar. Es como cuando Maradona abandona el fútbol. Solamente viviendo esa etapa se podría haber logrado eso. Las nuevas generaciones consumen otras cosas”.

Tras demoras y postergaciones debidas a inconvenientes administrativos –la producción debió insistir en que las regalías por derechos de autor sean retribuidas a sus compositores originales–, Alta Cumbia llegó ayer a salas de La Plata, Rosario, Córdoba, Mendoza y Buenos Aires, entre otras regiones.

Una película para recordar que, más allá del dedo acusador de los grande medios, la villa también tiene arte, música, poesía, historias de vida y –de aquí en más– también tiene cine de calidad.