“Pido a Dios que esto no quede impune. Me cuesta ir a La Plata. Me dejó miedo porque hay gente que estuvo en esa patota e hizo mucho daño. Es lamentable, pero están en La Plata y siguen libres. Les pido a los señores jueces que lo tengan presente”, sostuvo el miércoles Federico Rave, uno de los nueve hermanos de esa numerosa familia platense –tres asesinados– diezmada por la CNU primero y por la dictadura cívico-militar después.

Con la voz entrecortada casi desde el inicio de su testimonio por teleconferencia desde Mar del Plata, Federico Rave relató ante el Tribunal Oral Federal Nº 1 de La Plata, presidido por el juez subrogante Germán Castelli, los hechos ocurridos en su casa familiar de 8 entre 42 y 43 la madrugada del 24 de diciembre de 1975. Poco antes, su madre, María “Marucha” Rivas, había contado los mismos hechos, y el lunes su hermana Mariana por videoconferencia desde Irlanda aportó sus recuerdos.

Su hermano, Ricardo “Patulo” Rave, militante de la Unión de Estudiantes Secundarios (UES) de diecinueve años, fue secuestrado del domicilio familiar por un comando de la CNU luego de que la zona fuera liberada. Su cadáver apareció horas después, acribillado y colgado de un puente sobre las vías del tren en la zona sur de La Plata, en Elizalde.

Tras describir el horror de aquella noche en la casa familiar, la violencia de la patota armada con FAL integrada por unas diez o doce personas y la desesperación de sus padres, 42 años después de esa tragedia Rave fue categórico al asegurar que “el que manejaba el grupo era el Indio Castillo” (Carlos Ernesto), uno de los dos imputados en este juicio, ausente de la audiencia por autorización del tribunal. El otro imputado es Juan José Pomares, alias “Pipi”, presente en la sala.

“el que manejaba el grupo era el Indio Castillo”, recordó Rave, y complicó aun más a uno de los dos imputados en este juicio.

Rave recordó que al Indio Castillo lo vio por primera vez un domingo yendo a la cancha con su hermano Patulo, con quien compartía no sólo la militancia, sino la pasión por Gimnasia y Esgrima de La Plata.

“Esa fue la primera vez que vi al Indio Castillo. Hablando con dos chabones en la puerta de la cancha auxiliar de Estudiantes. Después lo vi otra vez en 8 entre 42 y 43 Nº 532”, dijo el testigo.

Esa noche, un comando de la CNU irrumpió en su casa. A él y a su hermano más chico, Miguel, los llevaron al patio junto con Patulo y con su padre. Sus hermanas y su madre permanecieron en uno de los dormitorios.

“Patulo era un abanderado de la UES y de hecho en 30 y 90 hay una plaza con su nombre”, contó Rave. Y subrayó que “muchos de los chicos” militantes de entonces que siempre estaban participando “en las marchas por el boleto estudiantil sabían quiénes eran el Indio Castillo y el Pipi Pomares”.

Sin poder evitar el dolor al recordar la última vez que vio a su hermano ya asesinado, Federico, un año menor que Ricardo, habló del ensañamiento de la CNU. “Lo colgaron de un puente y lo vistieron de policía. Tenía más de treinta balazos en el cuerpo, las costillas partidas y la masa encefálica reventada”, precisó.

Con dos sentidas palabras, “¡Patulo, presente!”, en su primer testimonio ante la justicia Federico Rave quiso rendir un “homenaje” a su hermano y compinche, y recordó a sus otros dos hermanos mayores, Gustavo y Marcelo, que siguen desaparecidos.

Federico Rave fue interrogado por uno de los abogados querellantes, Pablo Llonto, y por el juez Castelli. Los defensores no quisieron hacer preguntas.

“Creo que las cosas van marchando bien en cuanto a prueba. Cada vez hay más testigos que son muy claros en describir el accionar de la CNU en aquellos años, 75 sobre todo, y muy claros en señalar quiénes eran los integrantes, en ponerlos en el lugar de los hechos”, afirmó Llonto a Contexto al término de la audiencia.

Según el letrado, “el caso Rave ha sido uno de los más claros ejemplos en La Plata sobre la metodología CNU”. Sumado a ello, “las características de la fecha, la Navidad, la edad de Patulo, muy jovencito, la saña, la brutalidad, colgarlo en un puente y acribillarlo… Creo que está marcando esta contundencia a cada testimonio y una muestra es que la defensa ni siquiera pregunta”, sostuvo.

En la misma dirección se pronunció la abogada Marta Vedio, otra de las querellantes, interrogada por Contexto sobre el rumbo del juicio. “La producción de la prueba viene muy bien y se va consolidando […] tanto la autoría como la responsabilidad están plenamente acreditadas con los testigos que han declarado hasta ahora y con la prueba documental”, sostuvo.

En su opinión, “la defensa va a apuntar buena parte de su artillería” contra el carácter de los delitos cometidos, que son ni más ni menos que de “lesa humanidad”, es decir, delitos que son imprescriptibles, cualquiera sea la fecha en que se hayan cometido.

El tribunal, en el que también subrogan los jueces Pablo Vega y Alejandro Esmoris, frente a quien el público volvió a mostrar al término de la audiencia unos carteles de repudio al 2X1 que ese magistrado otorgó a dos represores, volverá a sesionar en este juicio el próximo miércoles 28 de junio.