Por Silvia Montes de Oca

Jorge Aliaga, dos veces decano de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la UBA, tuvo cargos de gestión en el MINCYT hasta diciembre de 2015, cuando se retiró, y desde entonces es integrante del grupo Ciencia y Técnica Argentina (CyTA): el colectivo de resistencia a las políticas de ajuste creado en enero de 2016 e integrado por treinta prestigiosos científicos y científicas de enorme trayectoria. Hoy es secretario de Planificación y Evaluación en la Universidad Nacional de Hurlingham.

Físico de formación, se reconoce como una persona metódica y rigurosa, con natural habilidad para que las cosas se impulsen hacia adelante. Para que avancen. A lo largo de la gestión, las contingencias fueron determinando los distintos destinos en los que le tocó actuar. Sin ser economista, su obsesión por conocer los detalles lo ha llevado a decodificar algo sobre lo que muchos opinan en términos de resultados pero que no siempre alcanzan a desentrañar: las cuestiones de presupuesto. En ese sentido, se ha convertido en un científico al que los periodistas acuden para comprender por qué estamos donde estamos en cuestiones tales como modelos de desarrollo, el ajuste en ciencia y técnica, la interpretación y el análisis de los datos duros y la relación entre satélites y radares (ARSAT, CONAE e INVAP), como uno de tantos ejemplos posibles donde el modo de uso de las aplicaciones científicas hablan (o no) de la soberanía de un país.

En algún momento de la entrevista, reconoce que algo del camino recorrido hasta aquí le trae a la memoria el que hizo en su tiempo Rolando García (1919-2012) dentro de la Universidad de Buenos Aires. Aliaga convoca al recuerdo del científico argentino, fundador del CONICET, que en la década del cincuenta visualizó que los cambios en la Argentina serían con el peronismo, lo que le generaría no pocos debates con sus contemporáneos Oscar Varsavsky y Manuel Sadosky. Debates en pie para los seguidores de una generación fundacional del pensamiento científico y tecnológico latinoamericano.

-Ocho años como decano de una Facultad en donde reside el 10% de la ciencia argentina y tu paso entre comienzos de 2014 hasta diciembre de 2015 por el Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva (MINCyT) te permiten una visión de contexto mucho más amplia para analizar el presente.

-Sí, tuve responsabilidades de control, de gestión. Con respecto a la Universidad, los problemas son los mismos en todo el país. Es una cuestión de escalas. Y las Facultades que más los padecen son las que albergan carreras científicas, sean de exactas o sociales, en contraposición a las carreras profesionalistas, que son las más numerosas y por lo tanto detentan el poder en las universidades. Me tocó ser consejero superior por Exactas ante la UBA, en tiempos del rector Shuberoff (1999), y ya en ese momento tuve que discutir si el gasto del presupuesto educativo realmente aumentaba. En realidad, se trataba de una cuestión de interpretación. Yo decía que el monto presupuestario era mayor porque la gente envejecía y había que destinar más fondos por antigüedad en los cargos. Ese era sólo un ítem, suficiente para dar por tierra la argumentación del rector basada en un supuesto equilibrio que se alcanza en el tiempo entre el personal activo y el que se jubila. Perdía de vista el rector Shuberoff que en Exactas de la UBA la población dejó de ser homogénea en número después de las echadas masivas de los años 1966 y 1976.

-A propósito de datos, recientemente, en el lanzamiento del Portal de Información de CyT argentino, el actual secretario de Articulación Científico Tecnológica, Agustín Campero, se refirió al equipo de trabajo con el que compartiste tu función entre 2014 y 2015 como “extraordinariamente idóneo”. Esto es, el portal de datos es el resultado del trabajo mayoritario de la gestión anterior.

-Efectivamente, es así. Y el grupo de profesionales, unas veinticinco personas, que trabajó tanto en eso como en el CVar (Registro unificado y normalizado a nivel nacional de los datos curriculares del personal científico y tecnológico), proviene en mayor medida de las ciencias sociales. El CVar tiene alrededor de 70 mil registros y es un universo de compleja administración porque existe todavía información duplicada en la carga, por ejemplo en CONICET. En el tiempo en que fui subsecretario de Evaluación Institucional, periodistas científicos me consultaban porque querían hacer una nota sobre un tema determinado y no tenían cómo encontrar referentes o instituciones. No teníamos ni siquiera un banco de datos unificados por proyecto. En eso trabajamos. Y en el modo de migrar información y metadatos entre las distintas plataformas del sistema, como el SIGEVA (Sistema Integral de Gestión y Evaluación). Hay que tener en cuenta la diferencia entre un sistema de gestión para convocatoria de becas, de subsidios, y uno donde se almacenan los datos personales. La existencia del actual portal es el resultado de una continuidad en el trabajo que no consideró trivial administrar la información del sistema CyT y mantenerla actualizada. Para nosotros era también un modo de preservar la historia.

En los años que estuve como decano en Exactas, la dificultad del manejo de los datos me llevó a tener mucha interacción con periodistas. Y a fortalecer el Centro de Divulgación Científica y la existencia de notas generadas desde allí con presencia en medios nacionales, como el diario La Nación. De ese trabajo consolidado hoy existe NeX ciencia, un sitio de difusión de noticias e información relacionada con la ciencia y la tecnología argentina, dirigido al público no especializado pero sí interesado.

-Tenés una participación activa en redes sociales, casi a la manera de un divulgador de la ciencia por otros canales.

-Sí, es un resabio de la lista que teníamos en la Facultad en la que compartía información con graduados y profesores. En ese momento mandaba a esa lista noticias que pensaba podían marcar agenda en nuestra gestión y por lo tanto podían afectarnos. Para mí era importante que todos estuviéramos informados para poder discutir lo mismo. Cuando dejé la gestión en la UBA, dejé de militar en la Facultad. Y esa comunicación la canalicé a través de las redes. Algún periodista se sintió afectado porque yo no soy periodista, aunque crecí en la radio porque mi papá sí lo era. En realidad, mi objetivo es pasar información o datos que puedan servir para construir más información. Y ahí también trato de ser preciso con el lenguaje. Si un sector plantea que en el CONICET hay despidos, lo que yo estoy viendo es a un estudiante que obtuvo o no una beca para hacer un doctorado y cumplió o no con la expectativa de entrar al CONICET. Se plantea la lógica de que el becario es un explotado que tendría que haber sido un trabajador. Pero un trabajador no es un becario. Un becario es una persona que está haciendo una carrera, elige un tema, y decide para qué lado va. Obviamente tiene una supervisión, un acompañamiento, pero no es una relación de empleador-empleado.

-Actualmente subsiste en el periodismo –salvo contadas excepciones– un déficit notable en la lectura e interpretación de los datos.

-Sí. Por ejemplo, suele ser noticia el crecimiento o no de la matrícula en determinadas carreras de Exactas. Entonces, yo mandaba, por caso, a Clarín una tabla con gráficos y una barra de error. La periodista creía entender que estábamos en presencia de un aumento en el número de estudiantes. Y yo le contestaba: no podés decir eso porque dentro de la dispersión estadística que tiene este dato puede tratarse de una casualidad que se compense el año próximo. La sensación es que –sin hablar de mala fe– ha habido y hay poco conocimiento o poco entrenamiento en la lectura del dato. Se dice que las personas no pueden considerarse alfabetizadas completamente si no manejan determinados dispositivos. De hecho, si no manejás un cajero automático te quedás al margen de varias cuestiones. Yo creo eso acerca de los datos. Y trato de ser muy riguroso con el uso de los datos duros.

-En tu cuenta de Twitter, el posteo fijado es una tabla con el título “Presupuesto de CyT, ¿qué pasó en 2016?”, cuya información ha sido referencia en muchas notas y comentarios periodísticos.

-En el tema presupuestario elegí no meterme con datos relacionados a porcentajes del PBI, porque, entre otras cosas, es un tema que tiene muchas fuentes posibles de error. Y no me refiero a error de carga. Para dar una idea, un 20% del PBI en CyT se compone por la parte que las empresas declaran al MINCyT de su inversión en el área… ¿Podemos discutir seriamente si esto sube o baja dos décimos? ¿Con qué margen de error? Es más, con un PBI que la actual Administración recalculó en base a considerar erróneos los datos anteriores. Entonces, los datos históricos ¿cuáles son? Si hablamos de datos deflacionarios, ¿en base a qué cálculo de inflación me voy a referenciar? ¿Al del INDEC? ¿Otro? Hay un montón de detalles técnicos que es necesario contemplar y esto es así tanto en cuestiones presupuestarias como científicas. Cuando el periodista habla con vos quiere que le des un título y dos conceptos en tres minutos. El desafío que se nos plantea a nosotros es: ¿hasta dónde simplifico para no desvirtuar todo, para poder contarlo? ¿cómo elijo qué parte quiero contar?

Ahora dicen: no tenía ningún sentido que todo el mundo entre en el CONICET. ¿Y dónde les parece que entren los científicos si el presupuesto de la CONEA y el del INTA, por ejemplo, bajó más que el del MINCyT? En ese sentido, la estrategia del Ministerio de Ciencia –cuando se fue a discutir el presupuesto en setiembre de 2016– no fue decir: “Hay que subir el de todos los organismos del sistema CyT nacional donde nosotros necesitamos que entre más gente”. Es una comunicación muy esquizofrénica. Por un lado, el MINCyT se presenta como parte de un sistema integrado y por otro, como si no tuviera nada que ver con el resto de los organismos.

-A esta altura del año pasado ya se estaba trabajando en el presupuesto 2017. Es contrafáctico, pero si se diera en los hechos la versión que circula respecto de un pase de Ciencia y Tecnología a la órbita de Educación, ¿estaríamos frente a un recorte adicional por subejecución de partidas que hoy corresponden a un Ministerio y que a futuro podría convertirse en una dependencia de menor rango?

-Hay un problema de tiempos. Para julio, los ministerios elevan los anteproyectos, Hacienda tiene que consolidarlos en agosto y elevarlos al Congreso en setiembre. Si nos mantenemos sin cambios hasta octubre, el presupuesto ya habrá sido presentado como Ministerio de Ciencia. Más bien creería que si va a haber un ajuste después de las elecciones no necesariamente tiene que quedar plasmado en el Presupuesto. De todas maneras, así como el Gobierno midió que endurecer la estrategia con los docentes medía bien entre su electorado y lo hizo, si miden que hacer un ajuste antes de las elecciones les reeditúa, lo hacen. De todas maneras, incluso con presupuesto aprobado, siempre está la vía de los DNU…

Cuando se conformó el grupo CyTA entre enero y febrero de 2016, la percepción que teníamos era que iba a pasar un buen tiempo hasta que pudiéramos hablar de ciencia y que nuestra visión se palpara en la calle tal como nosotros la anticipábamos en ese momento. Previo a las elecciones, todo el sistema científico, o una gran mayoría, decía: “Si votan a Macri será un retroceso”. Y lo que la gente vio fue que gana Macri, agarra al ministro que diez días antes había estado lavando los platos con parte de su comunidad científica, y dice: “Como a mí esta área me importa y creo que las cosas se hicieron bien, le doy continuidad a la gestión de este ministro”. Si en ese momento nosotros salíamos a decir algo, probablemente nos exponíamos a que con lógica nos dijeran “A ustedes no les viene nada bien. El ministro que hasta hace quince días ustedes consideraban que hacía las cosas bien, ahora les parece que las hace mal”. Por eso, nuestra primera declaración se basó en la Ley de Medios, en la andanada de DNU, en la Corte… No tenía que ver con CyT. Nos posicionamos en denunciar una restauración conservadora que nos iba a afectar a todos: como ciudadanos, como investigadores, como tecnólogos, como docentes. Así empezamos.

Los meses fueron pasando, nos reunimos con Barañao, hablamos de la devaluación grande que se produjo… Cuando llegamos a tener todo el devengado, el gasto de 2016 completo, e hicimos la cuenta, nos dimos cuenta de que lo que estaban poniendo como torta para 2017 no sólo era menor. El achique ya se había realizado para el gasto de 2016. En realidad, el presupuesto 2017 iba a reflejar lo que de hecho ya se había subejecutado en el año anterior.

En definitiva, se trata de si la ciencia y la tecnología encajan y cómo en el modelo de desarrollo de este Gobierno. Suelen decir que tenemos que ser como Australia o Chile, países que han crecido en gran medida en base a exportar materia prima. El detalle es que, en el caso de Australia, tiene tres veces la superficie de Argentina y la mitad de su población. Dicho de otro modo: nos sobran veinte millones de personas. El único camino en estas condiciones es desarrollar industria. Paradójicamente, en el marco de esta discusión, el año pasado Barañao trajo a Mariana Mazzucato, para que explicara en una conferencia magistral, que en cualquier desarrollo –incluido el IPhone– el Estado está atrás.

-ARSAT, INVAP…

-Lo que nosotros estábamos pensando en 2015 era cómo hacíamos para elegir bien las áreas de desarrollo: satelital, defensa, medicina. Que atrás de INVAP y de la CONAE (Comisión Nacional de Actividades Espaciales) se armen (y se armaron) núcleos o polos de pymes tecnológicas e industriales. En Bariloche, en Córdoba. En la provincia de Buenos Aires. El caso de ARSAT, que se crea en 2006… Al comienzo era manejado por INVAP y estaba asociado esencialmente al desarrollo de un plan satelital. Luego, con una visión más económica, se diversifica y comienza a acercarse a la fibra óptica, a la TV digital. La CONAE pudo terminar compartiendo su filosofía de trabajo con ARSAT aunque en la práctica hicieran satélites completamente distintos. Y también sabíamos que la plataforma tecnológica de ARSAT podía ser obsoleta. Pero la diferencia con el presente es que nosotros queríamos buscar nuevos desarrollos con la gente que sabe hacer satélites ocupando la Sala Limpia de INVAP. No afuera y a punto de ser convocados a trabajar por otras empresas del resto del mundo. O como cuando nos decían que no hay órbita para el ARSAT 2 y nosotros sabíamos que se puede poner más de un satélite en la misma órbita. Y que después de 2003 INVAP pudo crecer de 300 empleados a los actuales 1.300. En el interín, en el tiempo de la nueva gestión, ya dejaron entrar ocho satélites españoles y regalaron el mercado.

-¿Cómo es la relación hoy entre los distintos colectivos que dan la pelea contra el ajuste en ciencia?

-La experiencia del año pasado evidenció que cada una de las agrupaciones tiene distintas capacidades y potencialidades. Nosotros, el CyTA, no va a ir a tomar el Ministerio de Ciencia, aunque se solidarice con quienes sí lo hacen. Pero sabemos que los integrantes de nuestro grupo tienen buena llegada a los grandes medios, con la posibilidad de enterar a personas a las que de otro modo no llegarías. A través de la palabra de gente como Dora Barrancos, Eduardo Dvorkin, Alberto Kornblihtt. Cuando fue la marcha del 27 de octubre del año pasado, frente al Congreso, Alberto se acercó al móvil de TN. Desde estudios, Nelson Castro le dice al movilero por la cucaracha si podíamos ir al piso. Antes de ir para el canal, nos juntamos media hora en un bar y ahí armamos parte de lo que se vio después. Lo que muchas personas pudieron ver entre las 20:10 y 20:40 horas de un día de semana en su casa: Alberto junto a Juan Pablo Paz explicando con billetes y monedas de qué se trataba el ajuste contra el que habíamos estado manifestando. Ahora, si se trata de hacer una acción masiva, el grupo de los Autoconvocados lo va a hacer mucho mejor que nosotros. Nuestro pensamiento se traduce en declaraciones que acordamos por unanimidad. No por mayoría. Y eso lo podemos hacer porque somos treinta. Y somos los que estamos, tratando de representar a todas las disciplinas e incluso a todas las regiones.