“Quisimos aprovechar la bronca y las ganas de activar del #NiUnaMenos para hacer visible lo que le pasa a las mujeres privadas de libertad. Acá estamos las mujeres presas y también tenemos muchas cosas que decir”, afirmó el lunes a Contexto Juana Saraví Tammone, integrante de “Atrapamuros”, al explicar los motivos por los cuales el lunes lanzaron una serie de actividades para dar a conocer la realidad que viven las mujeres dentro de las cárceles.

La realidad es que el 61% de las mujeres privadas de su libertad cumple prisión preventiva, es decir que no tienen todavía condena firme; el 60% de las mujeres privadas de su libertad no recibe toallas femeninas, papel higiénico, tampones, cepillo de dientes o jabón, precisó Saraví Tammone, basándose en datos del Sistema Nacional de Estadísticas sobre Ejecución de la Pena (SNEEP).

Esas cifras más que ilustrativas de lo que les toca vivir diariamente a las mujeres en situación de encierro en Argentina figuran en pequeños afiches que “Atrapamuros” pegó por todo el centro de la ciudad para hacer visible lo que pasa, por ejemplo, dentro de las cárceles de mujeres cercanas a La Plata. Las unidades penitenciarias son la 8 y la 33 de Los Hornos (en esta última están las mujeres con hijos de hasta cuatro años) y el anexo de mujeres en la Unidad 45 de Melchor Romero.

Antes de llegar allí, ocho de cada diez mujeres trabajaban en tareas precarias y mal pagas como empleadas domésticas, changas, prostitución, talleres de costura u operarias de fábrica, precisó la activista de “Atrapamuros”, para quien los datos antes mencionados “ponen en evidencia la especificidad que adquiere la violencia que se ejerce sobre las mujeres: por ser mujeres y por estar presas”.

“La gran mayoría de las mujeres detenidas eran sostén de familia cuando fueron detenidas. Eran jefas de hogar, económicamente o al cuidado de la familia”, precisó, antes de subrayar la situación de las mujeres encarceladas con sus hijos. “A ellas les cae además el estigma de ser ‘mala madre’” porque “rompen con la imagen de la madre pura, blanca y sumisa”, aseguró.

“Vemos que no se habla demasiado de la realidad de las mujeres presas, inclusive hacia el interior del movimiento de mujeres feminista”, afirmó la integrante de este colectivo del que participan en su mayoría alumnos de diversas carreras de la UNLP, como Historia, Sociología, Comunicación Social, Trabajo Social y Derecho. También lo integran jóvenes que no estudian en el ámbito universitario.

La pegatina de afiches que llevaron adelante el viernes, en vísperas de la tercera marcha del Colectivo NiUnaMenos, que en La Plata reunió a unas 10.000 personas, mujeres en su gran mayoría, fue acompañada desde el lunes por una campaña en las redes sociales, en particular a través de la página de Facebook de esta organización (Atrapamuros educación popular en cárceles).

El cierre de la semana será el jueves, con una charla-debate titulada “Ni Una Menos: experiencias y resistencias en la cárcel de mujeres”, que tendrá lugar a las 18 hs en la Facultad de Trabajo Social, en 9 y 63. “Allí estarán mujeres que transitaron el encierro o que estudiaron la cárcel”, explicó.

En el panel estarán María Belén Del Manzo, profesora de Psicología e integrante del proyecto de extensión “Mujeres (des)habitando encierros” de la Unidad 33 de Los Hornos, Sol Calandria, historiadora e investigadora de la temática, y Nora Calandra, integrante de la Red de Niñez encarcelada.

La campaña, centrada en difundir “datos duros”, también quiere contar historias de vida “para dar cuenta de las cadenas de violencia que no sólo se reducen al momento de estar privada de la libertad, sino a las violencias extendidas en el tiempo antes de ir a la cárcel”, concluyó Saraví Tammone.

Más de 1.400 mujeres están en situación de encierro en unidades carcelarias de la provincia de Buenos Aires, donde se reproducen permanentemente los mecanismos de violencia de género de la sociedad patriarcal.

Justamente, entre otros reclamos, el documento del Colectivo NiUnaMenos hecho público el sábado en el marco de las marchas que tuvieron lugar en cientos de plazas de todo el país plantea las “capacitaciones obligatorias en la temática de violencia machista al personal del Estado, a los agentes de seguridad y a los operadores judiciales, así como a profesionales que trabajan con la temática de violencia en diferentes dependencias oficiales de todo el país”.

“La enorme movilización del 3 de junio, en la que dijimos basta de violencia hacia nosotras, nos deja la tarea de recuperar a las mujeres privadas de su libertad como sujetas con posibilidades de ejercer cuotas diferenciales de poder, aun en una situación altamente restrictiva”, afirmó Saraví Tammone. “Sin ellas, la lucha está incompleta”, concluyó.