Por Giuliana Pates y Juan B. Paiva*

La Expo Empleo Joven, organizada por la Dirección General de Políticas de Juventud, dependiente de la Vicejefatura de Gabinete de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, mostró a más de 200.000 jóvenes buscando una oportunidad laboral para ingresar al mercado formal de trabajo. En otras palabras, pudimos ver a una enorme cantidad de mano de obra que perseguía mejores condiciones laborales o poder acceder a su primer empleo. Esta feria, sin embargo, no estuvo destinada a cualquier joven: fue pensada solamente para estudiantes del nivel secundario, terciario o universitario que tuviesen entre 18 y 29 años.

Las ofertas laborales que se ofrecían en la Expo pertenecían a organizaciones y empresas del sector privado, sin que el Estado participara como generador de empleo juvenil. Esto da cuenta de la propuesta política del Gobierno nacional y de la Ciudad de Buenos Aires para los y las jóvenes: la creación de puestos de trabajo que se inserten dentro de un modelo de Estado de características neoliberales, con una economía agroexportadora, financiera y de servicios.

En el transcurso de los dos días en los cuales se desarrolló la Expo Empleo Joven, la participación del Gobierno de la Ciudad se redujo a organizar el diálogo entre las empresas privadas y los y las jóvenes. Este hecho no es una novedad ni una decisión aislada: desde diciembre de 2015 se producen despidos masivos dentro del sector estatal y privado, que se visibilizan en el aumento del índice de desempleo, en la baja del consumo, en la eliminación de políticas públicas que buscaban la inclusión social y en el cierre de fábricas y comercios a lo largo y ancho del país.

No es este el primer año que se lleva a cabo la Expo; también se realizó el año pasado, pero sí fue el primero que recibió este afluente de jóvenes. No resulta casual que así sucediera, si tenemos en cuenta que el desempleo en la población juvenil es de 2,6 veces mayor al promedio de desempleo en el país. De acuerdo con un estudio del Centro de Innovación de los Trabajadores (CITRA), que funciona en la UMET, la tasa de desempleo en los y las jóvenes de 15 a 24 años creció de 19 al 24,6 por ciento en el segundo trimestre de 2016, en comparación con el mismo período del año anterior.

Estos datos nos dicen que los contextos neoliberales construyen un modelo de país para pocos y pocas, que excluye a las inmensas mayorías, que las dejan caerse de las instituciones. En el período moderno, a través de los Estados de bienestar, el trabajo ayudaba a construir una experiencia social más homogeneizada, configuraba trayectorias laborales estables y generaba expectativas previsibles. La incertidumbre económica y la precariedad social que se fomenta en los Gobiernos neoliberales se traduce en puestos “flexibles” de tiempo parcial o de horarios variables, escalas salariales diseñadas según el rendimiento y la fecha de contratación.

En esta línea, podemos entender al neoliberalismo no sólo como un modelo económico, sino como una máquina de producir subjetividades. Su discurso nos dice cómo habitar nuestro tiempo y nuestros cuerpos: tenemos que esforzarnos para lograr nuestras metas porque depende de nosotros y nosotras ser mejores, tenemos que trabajar diariamente para superarnos, tenemos que ser mujeres bellas y hombres fuertes. Pero no demasiado. No vaya a ser cosa que nos creamos que tenemos también derechos, que pidamos que sea el Estado y no el mercado el que nos abrace, que caigamos en el desbunde, el despilfarro y el populismo.

Ser felices y tener éxito es una obligación. Ser emprendedores, competentes y empresarios de nuestras vidas es un modo de estar siendo hoy. La flexibilización y la precarización, una tendencia. ¿Cómo ser felices cuando no tenemos garantizado el acceso a un salario digno, a condiciones laborales justas, a una expectativa de futuro? ¿Cómo ser felices cuando no podemos elegir?

El modelo de propuesta laboral para los y las jóvenes que desea el Gobierno nacional se sintetiza en el acuerdo con la cadena multinacional de comida rápida McDonald’s, donde la rentabilidad del trabajo es inferior al salario mínimo, vital y móvil. De este modo, se violan los derechos laborales reflejados en la Constitución Nacional y los acuerdos internacionales a los que adhiere el país. Esta política es totalmente contraria a la de los Gobiernos kirchneristas, que crearon cinco millones de puestos de trabajo en el marco de un modelo de Estado que impulsó la industrialización, la activación del consumo interno y, como consecuencia, la inclusión de los sectores más vulnerables de la sociedad. 

El discurso de la autoayuda del neoliberalismo aparece en la agenda de los medios de comunicación y en las palabras del propio Gobierno Nacional como un intento de dar las respuestas que el Estado no está dando. Ningún manual de autoayuda ha sido capaz de ser generador de empleo digno y genuino para el desarrollo de una economía soberana.


*Investigadores del Observatorio de Jóvenes, Comunicación y Medios