Como al país, como a la provincia y como a Berisso, a Jorge Nedela también le llegó el cambio. En un año y medio de gestión como intendente pasó de ser un docente bonachón a un dirigente macrista que aparece envuelto en una repudiable represión policial y parapolicial a estudiantes secundarios.

Desbordado por la repercusión pública que tomó la difusión de un video de un uniformado apretando el cuello de un alumno, Nedela ensayó una respuesta que tuvo sabor a poco: “Soy ex alumno de la Media 1 y me formé en ese Centro de Estudiantes, así que los chicos tienen todas las garantías necesarias para seguir militando”.

Uno de los adolescentes agredidos, Tomás, había contado dos horas antes que el propio hermano del jefe comunal, Leandro Nedela, también funcionario, había pasado por el lugar donde se estaban manifestando. Es decir, desde el círculo íntimo del intendente sabían cuál era la situación en la calle.

Tomás también explicó que antes de la agresión, que tuvo lugar en la puerta del Municipio, los policías locales, los de la Bonaerense y el resto de los hombres encargados de la seguridad –supuestos policías de civil aún no identificados– comenzaron a “provocar” a los jóvenes. Hubo tiempo, entonces, de evitar que las cosas pasaran a mayores.

Tanto Nedela como su secretario de Gobierno, José “Cacho” Méndez, no dieron precisiones de quiénes eran esas personas que quedaron claramente filmadas en el momento de los golpes y empujones, pero que se negaron a identificarse. Si estaban protegiendo el auto de Méndez cuando se retiraba, ¿eran desconocidos?

Si bien la represión y la violencia institucional siempre son reprobables, hace a la cuestión el hecho de recordar que las pibas y los pibes sólo pedían que los recursos del Fondo Educativo, que maneja cada distrito, sean volcados totalmente a mejoras en la infraestructura escolar.

La campaña de Nedela en sulky, estilo campechano como Pepe Mujica.

Una metáfora oriental

El 2 de noviembre de 2015, Nedela era presentado por el diario El Día de La Plata como “el Pepe Mujica berissense”. En esa misma nota, realizada antes de su asunción, “aseguraba que iba a seguir dando clases”, que no iba a cambiar su Fiat Idea modelo 2006 o que iba a seguir usando “la SUBE, que tengo acá en el bolsillo”. Todo un mensaje de sencillez.

En esa ocasión también recordaba su origen como militante radical, partido que abrazó “desde chico” siguiendo a su tía Alba Prieto, una ex concejal de la UCR. Otra de las cosas que comentaba era que, como dirigente, el día que estuvo más nervioso fue cuando le tocó dar un discurso frente a Raúl Alfonsín. “Me temblaban las piernas. Todavía no sé cómo hice para hablar”, rememoraba.

Nedela fue el primer radical en ganarle al justicialismo desde 1947. Hasta el voto en blanco le había ganado a la UCR cuando Juan Domingo Perón estaba prohibido. Tenía una oportunidad histórica y, para aprovecharla, prometía “no ser antiperonista”. Ese, decía, había sido su “secreto”. Pero esa postura no le duró mucho.

Municipales y cooperativas en desgracia

A pesar de su promesa de no ser antiperonista, Nedela imitó el espíritu rompehuelga que María Eugenia Vidal aplicó contra los docentes al ofrecer premios –que la Justicia declaró ilegales– para aquellos maestros que se sumaran a las medidas de fuerza.

En medio de un conflicto con los municipales, convocó a voluntarios para la recolección de residuos. Luego de alcanzar un acuerdo, Claudio Hiser, secretario adjunto del sindicato del sector, diría: “Nos queda la sensación de que van por los gremios”.

En tanto, desde el inicio de su mandato, Nedela viene siendo cuestionado por los cooperativistas por “ajustes” en las partidas para los trabajadores informales y por manejos “arbitrarios” en el reparto de los cupos. Por ejemplo, el 2 de febrero de 2017, diario Hoy daba cuenta de una denuncia contra el funcionario a cargo: “El coordinador general de cooperativistas, Walter Helguera, fue denunciado públicamente por amenazas, así como por el manejo mafioso de los trabajadores cooperativos”.

Más acá en el tiempo, 19 de mayo, el semanario El Mundo informaba de una movilización de movimientos sociales a las puertas del Ejecutivo, con columnas de la Corriente Clasista Combativa, la CTEP y la CTA. La marcha era para pedir “un refuerzo en las copas de leche y en los comedores, trabajo genuino y reactivación de las obras de vivienda en el marco del programa Argentina Trabaja”.

El referente local de la CCC, José Caraballo, se quejaba de la falta de diálogo: “Lamentablemente nos han pateado varias reuniones. El 3 de abril, las organizaciones presentamos una nota en Mesa de Entrada para tener una reunión con el intendente y no tuvimos respuesta. Esto no nos pasó con ningún Gobierno. Hemos sido opositores a todos los intendentes, pero los acuerdos se han cumplido. Esta es la primera vez que manifiestan que incorporarán gente a cooperativas, perdemos tiempo en reuniones, y no pasa nada”.

El deporte perdió por KO

Otro que prefirió “no hablar” de Nedela fue el boxeador Gastón “el Guapo” Suárez. El púgil del barrio de Villa Nueva accedió a un combate en el mítico Madison Square Garden de Nueva York contra un campeón olímpico estadounidense con futuro de título mundial. “La intendencia no me quiso pagar ni el remís a Ezeiza”, comentó en diálogo con FM Cielo en la previa de la velada. Suárez trabaja de enfermero y en YPF para costearse su carrera.

Después del combate, donde el luchador cayó por KO en el primer round, su entrenador comentó en Facebook: “Lástima nuestro gobierno municipal de turno que no nos brinda apoyo. Y no es sólo a nosotros, sino a todos los que con sacrificio dejamos horas de nuestra familia y laburo”, según consigna el sitio Berisso Ciudad.

Otro deportista decepcionado con Nedela es Maxi Kondratiuk, el ex futbolista profesional de Gimnasia y Esgrima de La Plata que padece el síndrome de Wilson, que deteriora su salud y lo obliga a estar en silla de ruedas y usar una computadora para poder hablar. Él también espera una ayuda que se le prometió pero que nunca llegó. “No nos recibe”, repiten sus familiares.