Detrás de una pyme que cierra, de un comercio que baja la persiana, de un fletero que vende su camioneta porque casi no tiene trabajo, de un empleado público despedido, de un maestro que cobra la mitad porque adhirió a un paro –y si no adhirió también–, y de una o un trabajador informal que perdió las changas, se genera un estado de angustia, impotencia, desesperanza, preocupación y estrés que termina provocando violencia y desapego familiar. En este marco, las organizaciones sindicales, sociales, estudiantiles y barriales tienen un papel para frenar el avance neoliberal en la destrucción del sistema sanitario.

La llegada de Mauricio Macri al Gobierno nacional, con una política de ajuste descarnada en las tarifas de servicios, una tasa inflacionaria superior al 45% en 2016 y una transferencia de ingresos descomunal hacia los sectores más ricos, está socavando el tejido económico productivo del país y, en ese proceso, a los trabajadores. Es difícil entender que un gobernante prefiera un país sin aquellos que sostienen su economía real, sin la fuerza del trabajo. Pero es así.

Más de 230.000 personas perdieron su trabajo y/o fueron suspendidas desde fines de 2015 hasta noviembre de 2016, provocando un “fuerte impacto” en su salud física y mental, según una encuesta realizada a partir de escalas establecidas por la Organización Mundial de la Salud (OMS) publicada por la revista Soberanía Sanitaria en su número 1, presentada esta semana en La Plata. En ese periodo “se triplicaron los problemas de salud mental y hubo un deterioro del 20,5% en el indicador de salud física”, advierte la investigación.

“Hay un deterioro general. Se ven las variables de cómo está afectando psicosomáticamente a los trabajadores este primer año de Cambiemos en el Gobierno en cuanto a insomnio, temblores, angustia, depresión, gastritis. Todo tipo de manifestación con aumentos del 300% o 400% o 500%. Son sintomatologías que antes no tenían”, explicó a Contexto Daniel Gollán, ex ministro de Salud de la Nación, poco antes de participar en la presentación de esa publicación en la Facultad de Ciencias Exactas de la Universidad Nacional de La Plata (UNLP).

Gollán: “Nuestra salud está en riesgo porque quieren que sólo se pueda curar aquel que puede pagarlo”.

“Hay una enorme pérdida de calidad de vida que impacta en la salud de la población y hay un deterioro muy grande de los efectores de salud que tienen que dar cuenta de esa problemática que cada vez genera más enfermedad”, precisó.

A raíz de la pérdida del empleo, en el Conurbano bonaerense, y por supuesto en el interior del país, “aparecen enfermedades que tienen que ver con problemas nutricionales, con falta de calefacción, pero también enfermedades que tienen que ver con el estrés, la tristeza, la depresión y la angustia que va atacando a grandes sectores de la población”, ilustró el ex titular de la cartera sanitaria.

“Por otro lado vemos que los hospitales, los centros de salud, están desmantelados”, de modo que hay “más gente con problemas de salud, más gente que antes se atendía en el sector privado pero perdió su obra social y tiene que acudir al hospital público, y un sector público muy debilitado porque los hospitales están desabastecidos, en conflicto porque no hay aumentos salariales, sin insumos, se están cayendo a pedazos y no hay mantenimiento ni equipamiento”, sostuvo Gollán.

Según datos de la investigación, que se apoyó en cifras del Centro de Economía Política Argentina (CEPA), más del 57% de los despidos se registraron en el ámbito privado y el 42,9% en el público. La industria encabeza la lista de los sectores más golpeados, seguida por la construcción, los servicios y la economía informal. En términos de género, las mujeres son las más afectadas en su salud física y mental.

“El desprecio por la salud del pueblo es la subejecución de los presupuestos de salud”, afirmó en el mismo encuentro Daniel Catalano, secretario general de ATE Capital. “Nuestra salud está en riesgo porque quieren que sólo se pueda curar aquel que puede pagarlo”, agregó.

“Hay por lo menos 300.000 trabajadores que no tienen obra social y tampoco sus familias”, subrayó Catalano, para quien el “macrismo quiere llevar adelante un plan siniestro contra nuestro pueblo”, porque la pérdida del empleo acarrea graves consecuencias en la vida familiar.

“Esto aumenta la violencia intrafamiliar, la violencia de género, porque todo lo que sea generar un estrés extra en la sociedad no se produce cuando la gente está bien. El estado de angustia se vuelve en nervios y, si tiene propensión a la violencia, la ejerce más en su entorno familiar. Ya vivimos estos cambios profundos de disolución de los vínculos familiares, de los vínculos sociales, de pertenencia a un barrio”, aseguró Gollán a este medio. “Vemos que la delincuencia aparece en un barrio y ataca a los propios vecinos del barrio”, advirtió.

El panorama en La Plata

Por su parte, la concejala platense y decana de la Facultad de Periodismo y Comunicación Social, Florencia Saintout (FpV), fustigó el vaciamiento territorial en materia de salud y la ausencia del Estado.

“Este es un modelo que genera una profunda desigualdad en el acceso a la salud“, donde “la salud es para unos pocos en estos tiempos de capitalismo feroz, es una mercancía que se compra y se vende. El que puede comprarla la puede tener y el que no, queda a la deriva”, sostuvo. “Sin justicia social no hay salud y no podemos pensar la salud sin justicia social”, afirmó.

Saintout hizo hincapié en la “deshumanización de la salud” que propicia la alianza Cambiemos, y puso ejemplos: la presentación grandilocuente de ambulancias del SAME que semanas atrás hicieron Macri, Vidal y Garro en el Estadio Único de La Plata. “Era un acto sin gente con ambulancias que no entran a los barrios. Son calles a las que no pueden entrar por el estado en que se encuentran”, sostuvo.

Saintout: “la salud es para unos pocos en estos tiempos de capitalismo feroz, es una mercancía que se compra y se vende. El que puede comprarla la puede tener y el que no, queda a la deriva”.

“En La Plata vemos la desaparición del Estado, la falta de un sistema solidario de salud, vemos la desarticulación feroz del sistema de salud, la desconexión y la incapacidad para dar respuesta”, cercenando el acceso al derecho a la salud, sobre todo para los más vulnerables.

“Las salitas fueron vaciadas y hacen esperar a la gente fuera. Hemos llegado a ver salitas cerradas con un cartelito que decía ‘la llave está en el kiosco’”, sostuvo la concejala, resumiendo así el desprecio que prima en Cambiemos, que apunta al vaciamiento de la gestión sanitaria pública y hacia una “provincialización de la educación y de la salud”.

El macrismo no sólo busca aumentar el gasto de bolsillo de la población en salud –para quien pueda pagarlo–, sino que al mismo tiempo está “transfiriendo responsabilidades a las provincias, generando así veinticuatro derechos de ciudadanía diferentes según la provincia en la que uno nació”, alertó Gollán antes de asegurar que “esto es inadmisible”.

Salud con fronteras

De hecho, esa realidad ya se advierte en hospitales de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (C.A.B.A.). “Se están poniendo duros los límites jurisdiccionales. Hay circulares en los hospitales de la Ciudad de Buenos Aires donde se indica que se dará medicamentos a quienes vivan en la Ciudad y a los otros no”, aseguró a Contexto Nicolás Kreplak, ex viceministro de Salud y director editorial de Soberanía Sanitaria, que puede consultarse en http://revistasoberaniasanitaria.com.ar/.

Médico clínico en el Hospital Ramos Mejía de esa ciudad, Kreplak precisó que los casos más frecuentes que están viendo ahora es la falta de continuidad en los tratamientos para los adultos mayores, los largos plazos para poder hacer estudios, y “como no los pueden hacer a tiempo en el sistema público, ahí aparecen complicaciones”.

“En el primer nivel de atención se están viendo problemas nutricionales que impiden el desarrollo de sus funciones primordiales”, en relación con la infancia. “Vemos desnutrición y malnutrición. Estamos volviendo a ver episodios de desnutrición aguda y esto aumentará la obesidad porque se ven obligados a cambiar proteínas por hidratos y a eso se suma la falta de acceso a los medicamentos”, sostuvo.

Kreplak: “Hay circulares en los hospitales de la Ciudad de Buenos Aires donde se indica que se dará medicamentos a quienes vivan en la Ciudad”.

El estudio comprobó aquella frase que en 2015 repetía la entonces presidenta Cristina Fernández de Kirchner ante un encuentro de trabajadores de la salud en Lanús, al asegurar que “el neoliberalismo te desestructura la vida”. Kreplak confió en que este camino pueda empezar a desandarse a partir de octubre.

Bajo el título “Sin trabajo, no hay Nación”, la investigación publicada en el primer número de la revista impulsada por el dirigente estatal santafecino Jorge Hoffmann advierte que “de no mediar políticas macroeconómicas, laborales, sociales y de salud que reviertan esta dinámica […] sobrevendrá un notable incremento de la morbilidad y de la mortalidad por causas violentas”.

“El rol de las organizaciones sindicales, los partidos políticos y los movimientos sociales será primordial” para “frenar” el impacto que la pérdida de trabajo y el deterioro de la calidad de vida están provocando en la salud de buena parte de la población.