El teórico político Ernesto Laclau definió como populistas a los Gobiernos populares latinoamericanos que, con sus diferencias entre sí, desde principios de siglo le disputaron el poder discursiva y materialmente al neoliberalismo: Lula Da Silva y Dilma Rousseff en Brasil, el kirchnerismo en Argentina, la Revolución Ciudadana en Ecuador, el chavismo en Venezuela y Evo Morales en Bolivia.

Con sus matices, tuvieron gestiones centradas en dar respuesta a las demandas sociales y la pérdida de derechos que dejaron los Gobiernos neoliberales de los ochenta y noventa luego del ciclo de las dictaduras, con economías de intervención estatal apuntadas a nacionalizaciones, industrialización, crecimiento del mercado interno y por lo tanto consumo popular y de clases medias, empobrecidas durante la etapa neoliberal. Para la derecha que representa Cambiemos, esas mejoras en las condiciones de vida son un engaño, un despilfarro que no corresponde por el lugar que ocupan esos sectores en la sociedad.

La actual avanzada neoliberal en el continente, con el triunfo electoral de Mauricio Macri y el golpe de Michel Temer como puntas de lanza, vinieron no sólo a desregular la economía, achicar el Estado, flexibilizar el trabajo y acrecentar el desempleo, también proponen dar la batalla en lo simbólico en cuanto a cuál es el rol del Estado.

Los funcionarios del Gobierno nacional, y sobre todo el núcleo duro del PRO, no desaprovechan oportunidad para confrontar con lo que llaman despectivamente populismos, que desde su concepción conservadora y liberal no son otra cosa que Gobiernos con líderes mesiánicos, retórica demagógica y clientelismo político cortoplacista utilizado para permanecer en el poder.

Así lo hace comúnmente Mauricio Macri en sus declaraciones, y su vicepresidenta Gabriela Michetti también fue muy clara al respecto en la cumbre realizada en el Hotel Sheraton de San Telmo, organizada por la Fundación Círculo de Montevideo y el Grupo Werthein. Macri el jueves y Michetti el viernes recibieron a ex presidentes liberales de España y América Latina y a empresarios y banqueros nacionales e internacionales.

Frente a los ex jefes de Estado liberales (Ricardo Lagos de Chile, Julio María Sanguinetti de Uruguay, Fernando Henrique Cardoso de Brasil y Felipe González de España), Macri atacó la educación pública una vez más y dijo que los docentes, uno de los principales escollos para su plan de ajuste, son una “mafia”. En ese encuentro y ante la prensa, Michetti consideró que el populismo “es el peor enemigo que tenemos en democracia” y “sus bases están en los conductores del país y no en los conducidos”. También utilizó otra consigna repetida por sus funcionarios al afirmar que los Gobiernos populistas son una “ficción” del momento y no apuntan a largo plazo.

El politólogo y filósofo Eduardo Rinesi, en diálogo con Contexto, consideró que en el caso argentino la palabra populismo está fuertemente asociada a la ampliación de los derechos. “El pensamiento conservador, poco dispuesto a pensar que los antiguos privilegios deberían convertirse en posibilidades ciertas para todos, reacciona frente a la idea de derecho diciendo ‘¿qué locura es esta?’, frase que ha usado el presidente Macri”.

Rinesi subrayó que “cuando se asocia el populismo a la idea de engaño, se apunta en esa dirección, en contra de la ampliación de derechos”. Precisó que para el neoliberalismo “es caprichoso y artificioso” que las mayorías accedan a las Universidades o se vayan de vacaciones. “Y esa es una postura profundamente conservadora, y a lo que invita ese pensamiento es a no pensar políticas, instituciones ni transformaciones sobre el mundo que permitan hacer que lo que hoy no es un derecho pueda convertirse en tal cosa”.

Una receta discursiva del Gobierno para justificar el ajuste y el declive en las condiciones de vida de los sectores trabajadores es señalar que las mejoras siempre están por venir, en un próximo trimestre o semestre. El politólogo y filósofo Dante Palma afirmó que la retórica del neoliberalismo tiene una “estructura religiosa”: “la idea de que tenés que esforzarte porque la promesa de la buena vida está más allá. Hoy hay que hacer un gran esfuerzo porque, como dijo Michetti, ‘hemos visto la luz del túnel’. Tenés que seguir ajustándote porque a la larga va a estar lo mejor, hay que sufrir hoy para ser feliz mañana”, dijo a Contexto el ex panelista del programa 678.

Palma explicó los motivos por los que el Gobierno expresa tamaña saña con el populismo. “Desde la derecha liberal, el concepto de populismo hoy ha reemplazado todos los males que engendraba el comunismo”. Y siguió: “Ellos dicen que el populismo le da satisfacciones inmediatas al pueblo de acuerdo a lo que quiere, y que el pueblo no se da cuenta de lo que necesita a largo plazo, cuando esas gestiones han hecho una enorme distribución de la riqueza como no ha ocurrido con otro tipo de Gobierno”.

En la actualidad, la palabra populismo también se relaciona con las derechas xenófobas que tienen sus más fuertes representaciones en el Gobierno de Estados Unidos de Donald Trump y en la ultraderecha francesa que llegó al balotaje de la mano de Marine Le Pen.

“Por lo general, en la literatura y la discusión periodística se entiende en Europa por populismo al pensamiento de una derecha autoritaria, generalmente xenófoba y con un componente fuertemente reactivo frente a la novedad y sobre todo frente a las diversas formas de la mezcla social que aparecerían contaminando un núcleo de pureza que representa al pueblo. Mientras que en América Latina la idea de populismo está asociada a reivindicaciones populares avanzadas, recuperaciones de la libertad y de derechos”.

El populismo de izquierda latinoamericano tiene la particularidad de ser cuestionado por derecha y por la izquierda clásica. “Populismo es una palabra que representa un problema, porque para los marxistas el pueblo está hecho por lucha de clases y para los liberales el mundo no está hecho de pueblo sino de individuos, y entonces para uno y para otro la palabra pueblo encubre una verdad más profunda: para los marxistas disimula el núcleo duro de conflicto entre clases y para los liberales el pueblo es una palabra confusa y equívoca que siempre parece amenazar las libertades de los individuos, es un pensamiento conflictivista que siempre está poniendo el dedo en la llaga dividiendo a los ricos de los pobres”.

La particularidad que tienen las experiencias de populismos latinoamericanos, siempre de acuerdo con las condiciones de cada país, “es la compleja articulación de tradiciones, valores y principios”, dijo Rinesi, recreaciones en muchos casos de los populismos del siglo XX, como en el caso del peronismo. “Los Gobiernos que conocimos en América Latina en este siglo fueron populismos, incluido el kirchnerismo, avanzados, de izquierda, progresistas y forjados un poco desde arriba del aparato del Estado. Esa es la originalidad de estos populismos”.