México, el país hoy presidido por el neoliberal Enrique Peña Nieto, se ha transformado en uno de los más peligrosos para el ejercicio del periodismo. Los datos son contundentes, en poco más de cuatro meses que han trascurrido de 2017 ya llega a cinco el número de periodistas asesinados. Las cifras de diversos organismos muestran que, desde el años 2000 hasta la actualidad, suman 124 los periodistas asesinados, 23 los desaparecidos y cientos son los que han sufrido agresiones o amenazas. Un tercio de esos crímenes (40) fueron cometidos durante el gobierno de Enrique Peña Nieto.

Recientemente, cuando salía de la estación donde trasmitía su programa, fue asesinado de cinco disparos el conductor radial Filiberto Álvarez (en el estado de Morelos). Este año encontraron la muerte por ejercer su profesión: la corresponsal de La Jornada, Miroslava Breach (en Chiguagua), el director del diario La Voz de la Tierra Caliente y colaborador del periódico El Universal, Cecilio Pineda Birto (en Guerrero), el director del portal El Político de Xalapa, Ricardo Monlui Cabrera (en Veracruz) y el reportero del blog Colectivo Pericú, Maximino Rodríguez Palacios (Baja California Sur).

desde el año 2000 hasta la actualidad, suman 124 los periodistas asesinados, 23 los desaparecidos y cientos son los que han sufrido agresiones o amenazas. un tercio de los hechos se produjeron durante el gobierno de Peña Nieto.

Según indica la Fiscalía para la Atención de Delitos Cometidos contra la Libertad de Expresión (FEADLE), entre julio de 2010 y diciembre de 2016 se registraron 798 denuncias por agresiones contra periodistas, de las cuales 47 fueron por asesinatos.

La organización Artículo 19, que trabaja la temática de la libertad de expresión, señaló que durante 2016 se registraron en México 11 asesinatos y 426 agresiones (amenazas, ataques contra medios de comunicación, ataques físicos, acciones de hostigamiento, intimidaciones, actos probados de espionaje, privaciones ilegales de la libertad y actos de violencia institucional, etcétera).

El crimen organizado, el narcotráfico, la corrupción de sectores de la política, de la Policía y de los militares, sumados al papel que la DEA ha desempañado en México, han generado que el país azteca haya sufrido en los últimos años alrededor de 150 mil asesinatos y 40 mil desaparecidos. Los periodistas son sólo una muestra más en una sociedad que se desangra y donde los 43 estudiantes normalistas desaparecidos se suman a una triste larga lista de crímenes, que tienen la complicidad de Estado.

Mientras, Luis Almagro, secretario general de la Organización de Estados Americanos (OEA), y un grupo de gobiernos alineados con Washington, se dedican a atacar a Venezuela con la excusa de “estar preocupados por los derechos humanos y la institucionalidad democrática”, callan frente al lento genocidio que vive el pueblo mexicano.