Brasil y la lógica neoliberal: ajuste-protesta-represión

Flexibilización laboral, aumento de la edad jubilatoria, congelamiento del gasto en educación y salud, privatización de aeropuertos, ferrocarriles, carreteras y empresas vinculadas a la energía, todas medidas que, sumadas al aumento del desempleo, compusieron el cóctel que impulsó a millones de brasileños a realizar una huelga general. El Gobierno del golpista Temer respondió con represión.

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El gobierno de facto de Michel Temer debió enfrentar su primera huelga general. Millones de brasileños protestaron contra las medidas neoliberales y paralizaron las grandes ciudades del gigante sudamericano. Transportistas, docentes, médicos y trabajadores de todos los rubros se sumaron a la protesta. El Gobierno de facto respondió con una gran represión, balas de goma y gases lacrimógenos. La Policía de Río de Janeiro no ahorró golpes, que fueron repartidos contra todos los que se les cruzaban.

En un contexto en el que el desempleo llega al 13,7%, y luego de que, a fines del año pasado, aprobara congelar el gasto público en educación y salud por los próximos veinte años, Temer impulsa una reforma del sistema laboral y de pensiones.

La reforma laborar propuesta –que ya fue aprobada en Diputados y ahora espera ser tratada en el Senado– abre la posibilidad de extender la jornada laboral a doce horas diarias, realizar contrataciones de forma discontinuas, permite mantener trabajando a mujeres embarazadas en lugares insalubres, reducir el tiempo de almuerzo a treinta minutos y realizar recortes en los salarios. A todo esto se suma que la reforma en el sistema de pensiones propone aumentar la edad jubilatoria y llevarla a los 65 años.

Solo unos días atrás (el lunes 24 de abril), Temer se reunió con el presidente de España, Mariano Rajoy, y con los responsables locales de diversas empresas españolas. En esa ocasión, intentó promocionar su programa de privatización en sectores de energía y de infraestructura en puertos, aeropuertos, ferrocarriles y carreteras; a la vez que trató de dar un respaldo al acuerdo de libre comercio Unión Europea-MERCOSUR impulsado por él y por el mandatario argentino, Mauricio Macri.

Este 28 de abril, los brasileños respondieron con una gran huelga general, medida que no se tomaba desde 1996. Algunos analistas calificaron esta huelga como la mayor de la historia brasileña. Las imágenes que circularon por los medios y las redes sociales mostraron paralizadas y desiertas todas las grandes ciudades. El paro del transporte fue total. Docentes, médicos, trabajadores de todos los rubros se sumaron a la protesta.

El Gobierno de facto respondió con represión. En Río de Janeiro se produjo la represión más brutal, gases lacrimógenos, balas de goma, golpes que se dieron sin mediar razón y que llegaron a tener como destinatarios a personas mayores y discapacitados.

El ex presidente Luiz Inacio “Lula” Da Silva aseguró que durante su Gobierno y el de Dilma Rousseff se logró que “40 millones de brasileños pasaran a ser clase media, que 30 millones salieran de la miseria absoluta y que se generaran 22 millones de puestos de trabajo”. Lula afirmó que “la reforma laborar es un retorno a la esclavitud”.

Ante la creciente imagen positiva de Lula y la gran impopularidad de Temer, un golpista neoliberal acosado por los escándalos de corrupción, el Gobierno de facto ha decidido perseguir judicialmente al ex presidente y líder del Partido de los Trabajadores (PT) con la intención de encarcelarlo o, por lo menos, proscribirlo. Más allá del ataque contra su figura, el ex mandatario encabeza la intención de voto en las encuestas sobre las futuras elecciones presidenciales.