El sector de la construcción es uno de los más golpeados por el desempleo durante el Gobierno de Mauricio Macri. Y, antes que mejorar la situación, el camino se anuncia en bajada: la decisión del Gobierno nacional de importar casas prefabricadas de China generó descontento en el sector gremial y de la construcción, donde aseguran que la medida acrecienta la pérdida de empleo en el rubro que más sufrió los despidos desde que asumió la alianza Cambiemos.

De cara a las elecciones legislativas y en medio de los tensos días que vivió durante marzo por el paro general de la CGT y las marchas en su contra, el Gobierno había anunciado la construcción de 100 mil casas para sectores populares, para generar trabajo y repuntar la economía. Pero al mismo tiempo avanzó en las negociaciones con China para la compra por mil millones de dólares de las primeras 15 mil casas prefabricadas para viviendas sociales, que implican escasa mano de obra.

La iniciativa fue de la potencia asiática en diciembre y en la actualidad quien gestiona los pasos para la compra es el subsecretario de Vivienda y Urbanismo y titular de PRO.CRE.AR., Iván Kerr. Los gremios temen que, antes que traer inversiones, la visita de Mauricio Macri a China en mayo para cerrar el acuerdo no haga otra cosa que profundizar la compra de casas en detrimento del trabajo argentino.

Las casas son de rápida instalación y de menores costos que las de construcción nacional, que implican una mayor cantidad de mano de obra. El camino que le da el macrismo a la obra pública contrasta con sus anuncios de reactivación de la economía por la generación de empleo.

El presidente del Colegio de Ingenieros de la Provincia de Buenos Aires, Norberto Beliera, en diálogo con Contexto expresó su “desacuerdo” y su “preocupación” por la medida de Cambiemos, a la que definió como un “despropósito” porque “impacta negativamente por la pérdida de puestos de trabajo de obreros de la construcción, técnicos, capataces, ingenieros y demás trabajadores del sector”.

“impacta negativamente por la pérdida de puestos de trabajo de obreros de la construcción, técnicos, capataces, ingenieros y demás trabajadores del sector.”

Un reciente informe del Centro de Economía Política Argentina (CEPA) reveló que el sector de la construcción lideró la cantidad de despidos durante 2016 (60.626). A la fecha, a pesar de la merma en los despidos en la construcción en los últimos meses, continúa siendo el más afectado, seguido por los industriales metalúrgicos y los textiles, que siguen en caída.

Para Beliera, este tipo de políticas del Gobierno de Mauricio Macri “atentan contra los profesionales argentinos e implican un desprecio hacia su trabajo”.

En tanto, Luis Cáceres, secretario general de la Unión Ladrilleros de la República Argentina (OULRA), consideró que la compra de casas chinas “significaría prácticamente la destrucción de nuestra actividad”, y evaluó que “no sorprende, porque está dentro de la línea de apertura económica” del Gobierno, “que sólo genera la pérdida de puestos de trabajo y la desaparición de nuestra industria”.

“significaría prácticamente la destrucción de nuestra actividad […] no sorprende, porque está dentro de la línea de apertura económica” del Gobierno.

La paralización de la obra pública y del consumo interno fueron los principales puntos que subrayó el líder gremial que llevan a “la crítica situación del sector”.

La Unión Obrera de la Construcción (UOCRA), por su parte, definió como “prácticas bipolares” las promesas de construcción de viviendas sociales que había anunciado Mauricio Macri ante la presencia del secretario general del gremio, Gerardo Martínez. Tras conocer el cambio brusco que tomó el Gobierno, desde la UOCRA afirmaron que la compra de casas prearmadas “abre la puerta para una importación masiva que impactará de manera negativa no sólo entre nuestros afiliados, sino en toda la cadena de valor de la industria”.

Con vistas a la visita de Macri a la República Popular de China en mayo, Norberto Beliera afirmó que “cada reunión que el presidente Macri hace con representantes de una potencia extranjera se traduce luego en malas noticias para nuestro pueblo, como cuando estuvo en Holanda y después nos enteramos que compramos estaciones de servicio Shell. Lejos de promover inversiones, lo que hace es un traslado de activos, cierre de empresas y pérdida de puestos de trabajo”.