En México el periodismo se desangra

Con más de 120 periodistas asesinados en los últimos años, el país azteca se ha transformado en uno de los más peligrosos del mundo para ejercer la profesión. El 25 de marzo pasado, la corresponsal de La Jornada, Miroslava Breach, fue asesinada en Chiguagua. Pocos días después, el jefe de redacción del semanario La Opinión, Armando Arrieta Granados, quedó gravemente herido tras un ataque a balazos. Sólo en lo que va de marzo de 2017, tres periodistas fueron asesinados.

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Por Héctor Bernardo

En México, 123 periodistas han perdido la vida en los últimos años. Sólo durante el mes de marzo de 2017 fueron asesinados tres reporteros: la corresponsal de La Jornada, Miroslava Breach (en Chiguagua), el director del diario La Voz de la Tierra Caliente y colaborador del periódico El Universal, Cecilio Pineda Birto (en Guerrero), y el director del portal El Político de Xalapa, Ricardo Monlui Cabrera (en Veracruz).

Este miércoles, el jefe de redacción del semanario La Opinión, Armando Arrieta Granados, fue atacado a balazos cuando llegaba a su hogar en la localidad de Poza Rica, en el estado de Veracruz.

El crimen organizado, el narcotráfico, la corrupción de sectores de la política, de la Policía y de los militares, sumados al papel que la DEA ha desempañado en México, han transformado al país azteca en uno de los lugares del mundo más peligrosos para los periodistas.

El periodista y analista de política internacional Carlos Aznárez, en diálogo con Contexto, aseguró que “México es uno de los países del continente que, junto con Honduras, encabeza la lista de periodista asesinados. Esto tiene que ver, fundamentalmente, con todo lo que ha sido la última década y media de México, vinculada a la narcopolítica”.

“Ante esta realidad, algunos periodistas agachan la cabeza por miedo, otros son comprados y otros denuncian lo que sucede con el narcotráfico y su vinculación con la política. Estos últimos son los que están siendo asesinados”, agregó.

Aznárez remarcó que “es muy difícil ejercer la profesión de periodista en países policializados, militarizados y con una complicidad muy abierta con el narcotráfico. Hay valientes que desafían esa realidad y tratan de ejercer la profesión con enorme dignidad”.

“Esto sólo se va a solucionar cuando se termine con los que mueven todo este engranaje perverso”, concluyó.