Por Héctor Bernardo

El imperio apunta todos sus cañones contra Venezuela. El presidente de Argentina, Mauricio Macri, y el mandatario golpista de Brasil, Michel Temer, impulsaron la expulsión del Gobierno de Nicolás Maduro del Mercado Común del Sur (Mercosur); el Departamento del Tesoro de los Estados Unidos, a través de la Oficina de Control de Bienes Extranjeros (OFAC), incluyó al vicepresidente del Gobierno bolivariano, Tareck El Aissami, en una lista de personas vinculadas con el narcotráfico; la CNN en Español emitió un informe en el que vinculó al Gobierno venezolano con el terrorismo internacional; el senador ultraderechista Marco Rubio aseguró en el Congreso norteamericano que Venezuela es una amenaza para la seguridad de Estados Unidos; y el secretario de Estado norteamericano, Rex Tillerson, aseguró que hay que buscar una “transición” en Venezuela. Esta semana, Washington movió otra de sus piezas en la región para profundizar el ataque contra el Gobierno bolivariano: esta vez fue el turno de Luis Almagro, secretario general de la Organización de Estados Americanos (OEA).

El martes, Almagro pidió a los países miembros de la OEA suspender a Venezuela de este organismo, y exigió que el Gobierno de Maduro llame a votación en los próximos treinta días. “Si no se realizan elecciones generales bajo las condiciones estipuladas, pasaría a ser el momento necesario para aplicar la suspensión a Venezuela de las actividades de la Organización”, aseguró el secretario general de la OEA en un documento entregado al presidente al Consejo Permanente.

El Gobierno bolivariano respondió a través de un comunicado en el que expresó “el más profundo repudio al ilegítimo e ilícito pretendido informe sobre Venezuela presentado por el Sr. Luis Almagro, quien hace de Secretario General de la Organización de Estados Americanos (OEA), desconociendo los procesos institucionales y principios de esta organización”.

“Luis Almagro, conocido enemigo del pueblo de Venezuela, ha forjado falsos supuestos contra la República con el solo objetivo de promover la intervención internacional de nuestro país y acentuar la guerra económica contra la sociedad venezolana. Su actuación al frente de la OEA ha extralimitado sus competencias y ha estado marcada por el abuso de poder, guiada solamente por el odio que profesa a Venezuela y su complicidad con la oposición golpista, extremista y antidemocrática venezolana. Es el rencor despreciable de los conversos lo que mueve sus acciones, sus aberrantes escritos se perderán en la noche de la historia como ejemplo de hasta qué punto una persona doblegada es capaz de destruir la función de un organismo”, agrega el comunicado.

Por último, el texto señala que “Luis Almagro encabeza el concierto hemisférico de la derecha fascista que hostiga, agrede y ataca con saña a Venezuela, sin escrúpulo ni ética alguna, caracterizada por el forjamiento antijurídico y fraudulento de falsos positivos contra nuestra Patria sagrada”.

El analista político y ex diputado del Frente para la Victoria (FpV) Carlos Raimundi aseguró a Contexto que “este hecho se encuentra dentro de la lógica binaria en la que está la región, y que pone de un lado a quienes defendemos los Gobiernos que impulsan procesos autónomos y del otro a los que, por sus propios intereses o por una profunda colonización cultural, son funcionales a los intereses de las oligarquías y los grandes conglomerados internacionales, como lo es el caso de Almagro”.

“Lamentablemente, los cambios de gobiernos en la región le han permitido a la OEA recuperar cierto poder que el fortalecimiento de la UNASUR y la CELAC le había quitado. Pero ahora, con el realineamiento de Argentina y Brasil hacia los intereses de Estados Unidos, la OEA ha recuperado peso relativo, lo que es sinónimo de la recuperación de capacidad de influencia del Departamento de Estado de Estados Unidos, del cual Almagro es tributario”, señaló.

Por último, Raimundi señaló que “estos ataques se enmarcan en la necesidad que tienen los grandes conglomerados de erradicar las experiencias populares de la región. Pretenden que América Latina juegue un rol a favor del imperialismo en la reconfiguración del poder mundial, realineándose detrás de la diplomacia de Estados Unidos”.