Sin clases: Vidal y Macri toman la paritaria docente como caso testigo

Hoy y mañana habrá un paro nacional del sector. El macrismo nunca mostró voluntad de diálogo porque quiere dar un mensaje: disciplinar a la clase obrera de cara a las discusiones salariales que se vienen

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María Eugenia Vidal y sus ministros no se cansan de pedirles a los docentes que “no usen a los chicos de rehenes” en la negociación salarial. Sin embargo, si se analiza la cronología de la paritaria y las expresiones de Cambiemos en general, podría decirse que hoy los maestros son rehenes de la intención de Mauricio Macri y de la gobernadora de dar un mensaje ejemplar.

La puja por los haberes de los educadores bonaerenses siempre fue considerada como ‘testigo’ para el resto del mundo del trabajo, tanto público como privado. Por una cuestión estacional, siempre es la primera del año y solía marcar una pauta para las negociaciones venideras. Por eso es que el macrismo no busca una solución sino marcar una postura.

Qué otra cosa puede interpretarse si todavía no hubo lugar a la discusión con los gremios –por ahora sólo hubo un monólogo del vidalismo– y ninguna de las propuestas de aumento fue planteada con la dedicación y el detalle que merece el intrincado sistemas de sueldos del sector. A esto hay que sumarle la beligerancia e intransigencia de los funcionarios.

La primera jugada de la gobernadora fue echar mano a los sindicatos de los empleados estatales, aquellos regidos por la Ley 10.430, que le eran más afines. A fines de 2016 cerró con la mayoría de ellos un aumento del 18% en cuotas y un ajuste automático con la inflación.

Con una suba de precios que superaba el 35% y orillaba el 40%, ese arreglo, se sabía, no iba ser bien recibido por el resto de las actividades cuando llegase 2017. No obstante, durante el verano, los funcionarios de Vidal dejaron trascender que la intención era replicar esa cifra con los municipales y con los docentes.

Más tarde llegarían las medidas de provocación directa, el intento de ‘dinamitar puentes’, como se dice en política cuando el objetivo es romper el diálogo. Así fue que el ministro de Educación nacional, Esteban Bullrich, suspendió de manera unilateral la paritaria nacional y dejó a merced de cada caja provincial –exiguas todas– la esperanza de una recomposición salarial.

Después llegaría el poco delicado llamado a paritarias en la provincia. Sutilezas aparte, el director general de Cultura y Educación de Vidal, Alejandro Finocchiaro, arrancó con los ‘tapones de punta’. En una gacetilla del 30 enero convocaba a la reunión de la Comisión Técnica Salarial para el 6 de febrero. Pero avisaba –a continuación dos párrafos textuales del comunicado–:

Al referirse a las negociaciones paritarias, Finocchiaro manifestó: “Si los representantes sindicales van a actuar como gremialistas es muy posible que cerremos un acuerdo”.

Además, el Ministro aclaró que uno de los problemas es que “el paro se utiliza como primera herramienta de presión y creo que los adultos debemos discutir nuestras problemáticas con los chicos en las aulas”.

De esta manera quedaba clara cuál iba a ser la postura a seguir, que se complementaba con una bajada de línea antisindical, la cual se iba a hacer efectiva en la figura del titular de SUTEBA, Roberto Baradel. Al equipo de Vidal, como a Macri, poco le importó que el dirigente ya cargaba con amenazas de muerte y debía vivir con custodia policial para su familia.

En los episodios sucesivos cambió el cómo pero no el qué. Vidal, a través de sus enviados, ofreció, primero, el 18% en cuatro cuotas y ajuste según el INDEC. Después, ante el rechazo del Frente Gremial, ofreció… lo mismo –sí, en el segundo encuentro la oferta fue idéntica–. En la tercera oportunidad, la idea fue “olvidarse del 18% y ajustar mes a mes por inflación”. Otro fracaso.

El último intento, el del viernes, fue calificado por todos los representantes docentes como “vergonzoso”: entre ochocientos y dos mil pesos como cifra a cobrar antes del 15 de marzo, a cuenta de futuros aumentos, si lunes y martes no se plegaban al paro nacional en reclamo de un llamado a una discusión para todo el país.

En el medio, hay que recordar, había aparecido el llamado de la propia Vidal a los voluntarios que quisieran romper la huelga ya anunciada. Desde su Facebook oficial, llamaba a anotarse en “Mi parte por la educación” para dar “apoyo escolar” si no había clases.

“Es una propuesta vergonzosa de una cifra no remunerativa para levantar las medidas de fuerza. Le plateamos al Gobierno que queríamos seguir discutiendo y el Gobierno dijo que en ese momento dictaban la Conciliación. El Gobierno actuó de mala fe”, dijo Baradel en la conferencia de prensa que tuvo lugar en La Plata en la sede del gremio de ADULP.

Conferencia de prensa del Frente Gremial el viernes en la sede del gremio de los docentes universitarios de La Plata. Foto: Contexto.

Baradel hacía referencia a la respuesta de la gestión provincial frente al naufragio de la mesa de conversación: un llamado a una conciliación obligatoria y la amenaza de quita de personería gremial para quienes no la aceptasen. Las dos advertencias no fueron tomadas en serio por estar fuera de tiempo y forma.

Hoy y mañana no habrá clases en todo el país en ninguno de los niveles educativos, ya que los docentes universitarios también se plegarán a la medida. Mañana, los gremios bonaerenses anunciarían nuevas medidas si no hay una solución. Parece difícil porque, por ahora, Vidal sólo mostró que quiere imponerse.