Por Fernando M. López

El ministro de Educación y Deportes de la Nación, Esteban Bullrich, decía a fines del año pasado que “la revolución educativa es el único camino para salir de la pobreza, para garantizar igualdad de oportunidades y trabajo”. Rara manera de transformar algo en ese sentido cuando todas sus políticas están orientadas a destruir la educación pública mediante despidos, desmantelamiento de programas nacionales, recortes presupuestarios y regresión hacia un paradigma neoliberal propio de la dictadura y el menemismo.

En el mismo momento en que hablaba de “revolución educativa”, el ministro dejaba en la calle a unos 3.200 trabajadores de programas socioeducativos y de formación docente. Con tomas pacíficas, manifestaciones y un paro por tiempo indeterminado, los empleados de Educación lograron que Bullrich diera marcha atrás con estos nuevos despidos masivos, aunque antes se aseguró de implementar un mecanismo de contratos bimestrales para profundizar la precarización laboral.

Llegó febrero y echó por tierra la paritaria nacional docente, imponiendo un techo salarial del 18% para las negociaciones provinciales, lo que provocó la convocatoria a un paro del sector que frenará el inicio de las clases en todas las escuelas del país. La decisión del funcionario, admirador del exterminio roquista sobre los pueblos originarios, viola la Ley de Financiamiento Educativo, pero a él poco le importó en función del objetivo de continuar el proceso de desnacionalización educativa de 1978 y 1992.

Mientras el conflicto con los maestros escala, Bullrich vio una oportunidad para retomar las cesantías en su cartera. Empezó con cuentagotas por la Secretaría de Deportes, a cargo del ex futbolista Carlos Mac Allister, quien en 2016 eliminó el Programa Líderes Deportivos Comunitarios y dejó a 150 familias sin sus fuentes de ingreso.

Los nuevos despidos fueron denunciados ayer por dos trabajadores que decidieron encadenarse a las rejas de la sede porteña del organismo en señal de protesta. Se trata de Leonardo Freidenberg y Adriana La Rosa, con diez y catorce años de antigüedad, respectivamente.

“Yo fui la primera en quedar en la calle. El propio director de Recursos Humanos del Ministerio de Educación me comunicó que, a partir del 28 de febrero, prescindirían de mis servicios. Luego despidieron a otros once y ahora nos avisan que en la sede de Ezeiza hay al menos tres más”, informó La Rosa a Contexto.

La trabajadora comentó que, a partir de la gestión macrista, se vivieron “situaciones desagradables, de mucho maltrato”, dentro de la Secretaría: “A mí, por ejemplo, me pasaron de la Privada a abrir portones a los proveedores. Era la única mujer en el área de Acreditaciones y me mandaban a la barrera, junto a los patovicas que puso Mac Allister”.

Freidenberg, por su parte, destacó la “indiferencia” del funcionario ante el reclamo de reincorporación, y exigió que se termine con los contratos bimestrales que ponen en riesgo a la mayoría de los empleados de Educación.

“A la perversión que por sí misma significa la precarización laboral que afecta a millones de trabajadores argentinos, se suma ahora la profundización de esa precariedad mediante estos absurdos contratos bimestrales”, sostuvo, y agregó que, en su caso, lo despidieron a pesar de contar con fueros gremiales.

“Hay un ataque constante a los derechos adquiridos por los trabajadores en materia de organización sindical”, subrayó.

Anoche, mientras La Rosa y Freidenberg continuaban encadenados a las rejas de Deportes –sobre Av. Miguel B. Sánchez al 1050–, otros despedidos se sumaron a la protesta. “Queremos respuestas de las autoridades. No nos vamos a ir hasta que nos escuchen”, aseguraron a este medio.