Por Fernando M. López

En la zona industrial de Pacheco ya no rondan los Falcon verdes de la dictadura, pero el macrismo infundió ayer un terror similar con el megaoperativo desplegado en las inmediaciones de la planta de Volkswagen. A lo largo de toda la jornada, se vieron numerosas combis de Gendarmería y de la Bonaerense repletas de uniformados, camiones hidrantes, cordones de Infantería y hasta móviles del Centro de Operaciones de Tigre (COT), la Policía municipal creada por Sergio Massa.

No había disturbios, piquetes ni manifestación alguna en los alrededores. Tampoco celebraciones masivas en vísperas del Día del Mecánico. Simplemente, un puñado de directivos y supervisores de la automotriz alemana que formalizaban la suspensión de seiscientos trabajadores.

“La situación fue terrible. Me tocó vivirla durante el turno mañana con todos los efectivos que estaban afuera, pero los compañeros de la tarde denunciaron que también había gendarmes camuflados como personal de Prosegur. Recorrían el interior de la planta cuidando la empresa, no a los trabajadores”, relató a Contexto Juan Carlos Amado, uno de los operarios expulsados con 29 años de antigüedad.

Las suspensiones se comunicaron al término de cada turno laboral. Muchos recibían la notificación sin poder contener la angustia y se iban a sus casas con lágrimas en los ojos. A otros, la tristeza se les mezclaba con una bronca visceral no sólo por el sitio de las fuerzas represivas del presidente Mauricio Macri y la gobernadora María Eugenia Vidal, sino también por la ausencia de veedores del Ministerio de Trabajo y la connivencia gremial con lo que consideran “despidos encubiertos”.

“Lamentablemente, muchos dirigentes del gremio estaban junto a la Policía”, dijo Amado, y denunció una actitud persecutoria hacia aquellos que aparecieron en los medios dando a conocer lo que ocurre dentro de la empresa: “Nos impedían ir al baño o nos seguían. A mí me dijeron que era ‘un cagón’ y me dieron un pañal. Esos dirigentes no se merecen nuestro respeto”.

Volkswagen avanzó sobre los seiscientos operarios luego de arreglar con el Sindicato de Mecánicos y Afines del Transporte Automotor (SMATA), que conduce Ricardo Pignanelli. El acuerdo establece que las suspensiones durarán dieciocho meses, a partir del 1° de marzo, con el pago del 75% del salario en negro, lo que representaría un 55% de bolsillo.

Esto ocurre en medio de una ola de despidos en el sector privado que no da tregua desde diciembre de 2015. Las políticas recesivas de Cambiemos, que incluyen destrucción del mercado interno y apertura indiscriminada de importaciones, ya generaron unos 200 mil desocupados en todo el país, sin contar a los de la Administración pública.

Sin embargo, en el caso de grandes empresas como Volkswagen, los trabajadores creen que hay un oportunismo tendiente a flexibilizar las condiciones laborales y disciplinarlos, en sintonía con el rumbo neoliberal que impuso el Gobierno.

Desde el año pasado, con “retiros voluntarios”, la automotriz achicó su plantel de 4.700 a 3.800 empleados, eliminó el turno de la noche y redujo el tiempo de comedor y de descanso, aunque en términos generales mantuvo sus niveles de producción.

“Para suspendernos, la empresa adujo una baja en la venta de unidades por la crisis de Brasil, pero hoy se están haciendo 124 Amarok por turno, más los Suran. En definitiva, producen lo mismo con menos gente. Y a esa gente que queda le meten miedo para que no se queje. Ellos son hábiles para flexibilizar: bajan los costos con trabajo esclavo, aumentan sus ganancias y luego se llevan todo para Alemania”, sintetizó Amado.

A pesar del trago amargo, los trabajadores de Volkswagen comenzaron a organizarse y a tomar contacto con otros suspendidos o con aquellos que están en peores situaciones, como los de Atanor, que directamente quedaron en la calle tras el cierre de las plantas químicas de Baradero y Munro.

“Con organización y lucha vamos a volver. Hay que tomar conciencia porque no se trata de  equivocaciones del Gobierno, acá hay una ideología de la flexibilización y políticas que no pueden durar mucho más. No queremos que nos regalen nada, queremos ganarnos el mango con el sudor de nuestra frente”, concluyó Amado.