Mientras Cambiemos insiste en robustecer las políticas punitivas, militariza las áreas urbanas más vulnerables y se enfoca en la búsqueda de chivos expiatorios como la edad de imputabilidad o las poblaciones migrantes, la exclusión social se recrudece bajo un marco de plena avanzada de las medidas económicas más exponenciales del neoliberalismo.

En este sentido, la falta de contención y respuesta del Gobierno expone a los sectores más vulnerables como “carne de cañón” para el delito como única respuesta viable.

“Lo que articula la seguridad en un Estado de derecho son políticas laborales y educativas inclusivas, a la vez de generar fuerzas de seguridad controladas, capacitadas, conducidas políticamente y no simplemente desparramadas. Ya sabemos que, históricamente, generar un Estado policial, un Estado gendarme, sólo provocó más violencia”, había aseverado a Contexto la ex ministra de Seguridad de la Nación, Cecilia Rodríguez, respecto del paradigma de combate al delito que había buscado desarrollar el período kirchnerista, vinculado con el fortalecimiento de garantías y derechos para incluir a los sectores más expuestos.

“Lo que articula la seguridad en un Estado de derecho son políticas laborales y educativas inclusivas, a la vez de generar fuerzas de seguridad controladas, capacitadas, conducidas políticamente y no simplemente DESPARRAMADAS.”

No obstante, la ciudad de La Plata parece marchar en retroceso frente a esta idea al convertirse, según recientes estadísticas, en el distrito bonaerense con mayor cantidad de asentamientos y villas de emergencia. Mientras la gestión conducida por el intendente macrista Julio Garro brilla por su ausencia en las decenas de barrios de la periferia platense, los balances arrojaron la cifra de unos 129 asentamientos y villas desplegados, en su mayoría, por el sur y oeste platense.

Es en estas zonas, según manifiestan sus residentes, donde el delito muestra su cara más cruda. Esta semana, vecinos del barrio La Granja realizaron una manifestación tras el asalto y muerte de una pareja de jubilados.

“Acá hay un robo por día en promedio. A la noche no hay luz, no hay luminarias, y esto se convierte en una boca de lobo”, dijo a Contexto Elisa, vecina del barrio platense, y agregó: “Hay mucha gente que está marginada. A pocas cuadras tenés muchos barrios humildes abandonados. Supongo que para muchos la única opción es el robo”.

Mientras las políticas se encargan de usar el refuerzo policial como respuesta inmediata, se eluden las problemáticas sociales de fondo y los medios de comunicación corporativos se encargan de reforzar estereotipos discriminatorios y prejuiciosos que, luego, se cristalizan en la opinión pública.

“Zaffaroni habla de criminología mediática, esta idea que circula en los medios donde se hace hincapié en que nuestros miedos se controlan con mayor cantidad de Policía. Lo que falta decir ahí es que lo que busca ese discurso es poner a los sectores más vulnerables en lugar de chivo expiatorio”, sostuvo en diálogo con Contexto el especialista en Seguridad Ciudadana Roberto Samar.

El docente y comunicador social agregó: “Cuando alguien proveniente de estos sectores comete un delito pasa a ser el responsable automático de todas las problemáticas. Un ejemplo que siempre da Esteban Rodríguez Alzueta es que cuando alguien roba un auto canalizamos todo sobre el sector al que pertenece, pero detrás de eso hay un desarmadero de autos, probablemente hay un vínculo con la Policía o con un actor político, y luego lo que hay es una clase media que compra ese producto robado”.