El desafío de defender la ciencia en la Argentina de Macri para evitar un nuevo éxodo

El directorio del CONICET decidió reducir a 450 el número de ingresantes para 2018, un 50% menos que en 2015. El gobierno busca desmantelar el sistema científico-universitario, advierten investigadores

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“Queremos hacer ciencia en y para Argentina”, decía una de las pancartas de becarios del CONICET que esta semana, una vez más, reclamaron frente al Polo Tecnológico de la Ciudad de Buenos Aires y mantuvieron asambleas en diversas ciudades del país, entre éstas La Plata, por los casi 500 investigadores que el año pasado aprobaron las evaluaciones para ingresar a ese organismo pero que hasta ahora no se hizo efectivo por decisión del gobierno de Mauricio Macri. En el marco de esta política de “achique” de la ciencia y la tecnología, el macrismo les propone reubicarlos en dependencias del Estado y en empresas.

Como si fuera poco y en esa misma línea, el directorio del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET), decidió el jueves, con el único voto en disidencia de Dora Barrancos, directora del área de Ciencias Sociales, que para 2018 en todo el país sólo habrá 450 vacantes, es decir el 50% menos que en 2015.

En esa primera reunión de directorio del año, el ministro de Ciencia y Tecnología, Lino Barañao y el presidente del CONICET, Alejandro Ceccatto presentaron las nuevas condiciones para ingresar a la carrera de investigador y las orientaciones para todo el sistema de producción científica del país.

“Desde 2016 venimos enfrentando un rediseño totalmente regresivo de la orientación de la política científica y del CONICET. Ese rediseño es un plan para desarticular el sistema científico argentino en general y al sistema científico universitario, y no sólo al CONICET”, sostuvo Nicolás Welschinger, investigador en Ciencias Sociales, en diálogo con Contexto.

“Es cortar de plano el desarrollo estratégico de la ciencia para el país”, sentenció Welschinger, becario post-doctoral que trabaja sobre políticas de inclusión digital, nuevas tecnologías, educación y juventudes.

En efecto, el presupuesto para ciencia pasó del 0,75% del PBI en 2015 al 0,59% en 2016.

“Esto es una decisión política”, sostuvo el viernes Dora Barrancos en declaraciones a Radio 10. “A estas alturas el hecho de que el propio directorio haya aceptado una mengua tan notable de las vacantes está significando que el problema no es presupuestario sino estrictamente político”.

Según Barrancos, “acá hay una decisión política sobre los recursos que van a ser ofrecidos a la notable causa de la ciencia y la técnica en la Argentina”. El directorio del CONICET, tomó una “decisión irreflexiva” que “retrotrae al CONICET al 2004 o 2005”, opinó.

El organismo resolvió recortar del 80 al 50% la presencia de las llamadas “ciencias básicas” en las líneas de investigación. La biología molecular, las matemáticas, la filosofía, las humanidades, la física y la astronomía, son algunas de ellas, necesarias para desarrollar las “ciencias aplicadas”.

Los investigadores coincidieron en criticar la línea bajada por el gobierno de Macri de oponer las ciencias básicas a las aplicadas.

“Intentan justificar un recorte a partir de una supuesta discusión de carácter espistemológico y lo que hay es una naturalización del recorte. Están planteando un falso dilema entre ciencía básica y ciencia aplicada propio del siglo XIX”, explicó a Contexto Darío Martínez, becario post-doctoral del CONICET en Comunicación Social. “Es un debate prehistórico”, afirmó Welschinger.

Y otra vez la fuga de cerebros…

 En julio de 2003, en su primera visita a España como presidente de los argentinos, una de las actividades de Néstor Kirchner fue participar en una charla sobre derechos humanos. Justo cuando estaba ingresando al Círculo de Bellas Artes de Madrid un compatriota que esperaba en la puerta junto a decenas de invitados y periodistas le gritó “¡Presidente, ayudanos a volver!”.

Aquel sentido pedido me quedó grabado por inesperado y doloroso clamor. A partir de ese mismo año muchos argentinos empezaron a regresar al país y entre ellos, tímidamente, también científicos que se habían ido para desarrollar las carreras que habían estudiado.

Desde entonces, con Néstor Kirchner y luego con Cristina Fernández de Kirchner, la repatriación de científicos –y no sólo de ellos- fue una realidad que se volvió más concreta con el Plan Raíces con el que regresaron al país más de un millar de científicos e investigadores.

Está claro que el gobierno de Mauricio Macri no tiene los mismos objetivos ni intereses en fortalecer la investigación en el país. Ahora, nuevamente, muchos jóvenes formados en universidades públicas pensarán en irse afuera para seguir su vocación.

“Se hace muy difícil investigar en un país que abre 450 lugares para más de mil concursantes”, advirtieron investigadores sobre una posible fuga de cerebros.

“Dejar de incorporar nuevos investigadores genera un nuevo éxodo enorme”, advirtió el ex Decano de la Facultad de Ciencias Exactas (UBA), Jorge Aliaga, que forma parte del grupo CYTA (Ciencia y Tecnología Argentina).

La política “regresiva” que la Alianza Cambiemos está aplicando desde su llegada al poder hará que aquellos que se formaron en ciencias básicas ya no podrán ingresar al CONICET o será a cuentagotas.

“Esas personas tendrán que irse a algún lugar en el exterior para desarrollar su tarea o bien pasarán a ser mano de obra altísimamente especializada para el sector privado”. Así, el Estado “le está regalando esos frutos a los países centrales o al sector privado”, lamentó Welschinger.

Aunque el macrismo se empeñe en desalentar a los jóvenes universitarios, científicos e investigadores, todo indica que seguirán dando la pelea frente a las políticas de ajuste y achicamiento de la ciencia y la tecnología. Asambleas en Bariloche, Rosario, Buenos Aires y en la capital provincial tienen lugar desde hace meses. Es más, en La Plata están organizando una “Feria de Ciencias” en Plaza San Martín para el 1º de marzo, en coincidencia con el inicio del año legislativo provincial y nacional.