Por Miguel Croceri

Como escribió días atrás Flavio Rapisardi aquí mismo, si algo no son Mauricio Macri y María Eugenia Vidal es “salames” (la mención incluía también a Sergio Massa, pero la nota que aquí comienza se referirá sólo a los dos primeros. El texto aludido se titula “División nacional del cinismo”):

Tanto el presidente de la Nación como la gobernadora de Buenos Aires ganaron a fines de 2015 una elección en la que ambos aparecían con pocas chances. Sólo ese hecho fue, políticamente, una “hazaña”, aunque la palabra pueda sonar exagerada y es discutible como calificativo para esta situación.

Además, ambos están llevando a cabo una transformación regresiva -para atrás- de la sociedad y del Estado, que amerita tomarlos muy en serio y no subestimarlos. Algo o mucho de subestimación hubo en la última elección, y también en los años previos, al creer que por determinadas condiciones de ambos -por ejemplo, la “papa en la boca” de Macri para hablar, su mediocridad intelectual, su proverbial holgazanería, lo ridículo de sus mentiras de campaña (“pobreza cero”, etcétera), o el poco conocimiento que la población tenía de Vidal en la provincia de Buenos Aires- hacían que pareciera poco serio, o directamente torpe, tonto, ridículo, atribuirle posibilidades de triunfo electoral y de que llegaran a los cargos que hoy ocupan.

La realidad posterior exime de detallar lo más obvio -ganaron la elección, y están en el Gobierno desde el 10 de diciembre de 2015-, pero no de reflexionar sobre ciertas condiciones que le posibilitaron ese triunfo y que vuelven a ponerse en juego este año, con vistas a las elecciones de renovación parlamentaria que se realizarán el 13 de agosto (primarias) y el 22 de octubre (elección general).

Uno de los errores de análisis durante el proceso electoral de 2015, y que puede repetirse en 2017, es pensar a las figuras políticas (en este caso, Macri y Vidal) por fuera de las alianzas sociales que representan y del bloque de poder que integran.

Los actores políticos visibles, encarnados en ciertas y determinadas personas, son una manifestación de procesos históricos que tienen muy diversas dimensiones -o sea, diversos componentes, partes integrantes, aspectos que los conforman-, y que incluyen razones ideológicas, políticas, económicas, sociales, comunicacionales, territoriales, y muchas otras.

Puntualizaciones

Teniendo en cuenta lo anterior, algunas puntualizaciones quizás resulten explicativas:

1) Ni Macri ni Vidal son, políticamente, sólo ellos mismos. Tampoco son, solamente, la alianza de partidos y dirigentes que los respaldan, y ni siquiera el Gobierno de ejecutivos de grandes empresas que conforman el gabinete nacional. Ambos son, ante todo, expresión política de un bloque de poder histórico.

2) Bloque de poder histórico significa que en este momento de la historia nacional (y dentro de un contexto internacional), ciertas clases sociales y las instituciones y estructuras que representan sus intereses, han desplegado sus fuerzas de tal manera que conformaron un entramado de relaciones de poder que los favorecen para imponer -precisamente- sus intereses y conveniencias al conjunto de la sociedad.

3) Integran esa articulación de fuerzas una enorme red de estructuras institucionalizadas -o sea, conformadas, establecidas, con sus reglas y funciones, y cada cual con su ámbito de actuación y con el poder relativo correspondiente- que pertenecen tanto al ámbito privado como al público-estatal.

4) La principal fuente del poderío que tiene el bloque dominante son las estructuras económicas, generalmente -tramposamente- aludidas bajo la denominación de “mercados”. De tan obvio, ese dato raramente aparece en los análisis políticos. Pero en una sociedad capitalista, como es la argentina y como son la gran mayoría en casi todo el mundo, los conglomerados empresariales locales y extranjeros son un factor de poder determinante en el desarrollo de los acontecimientos no sólo económicos, sino de la sociedad en general y de la política incluida.

5) El macrismo cuenta con el poder económico de su lado, y más aun: con el respaldo de muy diversas fuentes del poder de Estados Unidos. Esta observación es importante ya que, si bien la llegada al Gobierno de Donald Trump altera el esquema de poder en el mundo y Macri quedó descolocado por haber apoyado en la elección a Hillary Clinton, eso no invalida que el actual Gobierno argentino tenga sólidos respaldos en otras áreas del poder norteamericano, que no sólo está conformado por el presidente de ese país/imperio. Para citar sólo un ejemplo, está el pacto entre el ministerio de Defensa macrista con la Guardia Nacional del estado norteamericano de Georgia, por el cual esa fuerza extranjera “llevará a cabo acciones militares” con sus pares argentinos “en apoyo de los objetivos de seguridad y defensa” (el periodista Horacio Verbitsky ha informado detalladamente del tema a través del diario Página/12. Ese medio, además, publicó una nota al respecto el pasado 26 de diciembre: https://www.pagina12.com.ar/10775-un-convenio-que-viene-con-regalo-escondido)

Otro ejemplo (de los infinitos que serían posibles) es que funcionarias relevantes como Patricia Bullrich y Laura Alonso están relacionadas con “fundaciones” u otro tipo de entidades con epicentro en Estados Unidos (Contexto publicó tiempo atrás una serie de reveladoras notas de Héctor Bernardo sobre ese tipo de vínculos, una de ellas del 15 de octubre de 2015).

6) Dentro de ámbito privado local -privado, en el sentido de que no se trata del poder público-estatal-, el macrismo tiene como aliados fundamentales, e integrantes, ambos, del mismo bloque de poder, a las maquinarias mediáticas. El Grupo Clarín en primer lugar, con su inmensa capacidad de ocultar o develar, mostrar o esconder, mentir y engañar, manipular y distorsionar, y todas las infinitas formas -algunas alevosas, otras sobrias y muchas sutiles- de influir en la conformación de la opinión pública, a partir de su posición dominante en el mercado de medios audiovisuales donde controla, por ejemplo, qué canales de televisión puede o no puede ver la mayoría de la población.

7) Dentro del Estado, aparte de estar a cargo del Poder Ejecutivo como resultado de la elección de 2015 y de tener apoyo en el Congreso aun con una representación propia que es mínima pero que es reemplazada por el aval de una parte decisiva de la “oposición” (mayoría del bloque de senadores del PJ-Frente para la Victoria, bloques de diputados encabezados por Sergio Massa y Diego Bossio, etcétera), el respaldo más sólido que tiene el macrismo está en el Poder Judicial. Dentro de esa estructura institucional revestida de todos los atributos jurídicos para adoptar hasta las decisiones más aberrantes y violentas, la fracción dominante -a la cual suele llamarse acertadamente “corporación judicial”, o más inofensivamente “familia judicial”-, tiene una ideología similar al Gobierno, defiende los mismos intereses, y convergen en una común estrategia política en el corto plazo.

8) Otra estructura del Estado que conforma una apoyatura clave para el actual Gobierno, y a la cual tampoco se incluye en general dentro de los análisis políticos, son las redes de espionaje. Tanto dentro del sistema de Inteligencia formal y legal (como los organismos específicos que dependen de la Presidencia de la Nación, de cada una de las fuerzas de seguridad como Policía Federal, Gendarmería Nacional, Prefectura Naval, Policías provinciales, etcétera) como del extenso y misterioro submundo clandestino de negocios particulares que practican quienes tienen acceso a información reservada. De alguno de esos lugares -quién sabe de cuál- salió la difusión por todos los medios de conversaciones privadas entre Cristina Kirchner y Oscar Parrilli, con la cual la cadena nacional de medios dominantes desplegó una más de sus tácticas de acción psicológica sobre la opinión pública para desgastar a la líder del kirchnerismo y a todo su sector.

9) De esa actuación decisiva de las corporaciones judiciales y de las mafias del espionaje en las disputas políticas salen los múltiples “juicios” -simulaciones de ellos- que se pondrán en práctica este año contra figuras vinculadas con los Gobiernos de Néstor y de Cristina Kirchner. Con el correr de los meses, habrá juicios orales y públicos contra Amado Boudou, Julio De Vido, Aníbal Fernández y Luis D’Elía, entre otros (el portal digital del bisemanario Perfil publicó el 29 de enero un minucioso racconto: http://www.perfil.com/politica/comienza-un-ano-record-de-juicios-orales-por-denuncias-de-corrupcion.phtml)

10) Están plenamente en marcha los constantes ataques de jueces y fiscales contra la propia ex presidenta, cuya libertad siempre corre riesgo debido a la persecución de la que es víctima. La última de las maniobras fue la citación a ella misma para el 7 de marzo, y un día antes a sus hijos Máximo -diputado de la Nación- y Florencia, y en las semanas previas a varios empresarios, en la causa armada por el ultra-antikirchnerismo a través de denuncias de Margarita Stolbizer, y ejecutada por el juez Claudio Bonadio.

Invisible a los ojos

La enumeración precedente tiene diez puntos, y podría tener más o tener menos, según cómo se interpreten los asuntos que se analizan y cómo se enuncian esas interpretaciones. Lo importante no es un registro exacto -aunque cuanto más preciso, mejor-, sino la necesidad de comprender, de alguna de las infinitas formas posibles, fenómenos que son muy complejos.

Más allá del listado específico, una descripción de poderes fácticos que inciden de manera considerable, y a veces decisiva al extremo, tanto en la disputa política en general como en un proceso eleccionario en particular, puede ser apropiada, o al menos ejemplificadora y orientativa, para observar cuán poderoso, diverso y de múltiples tentáculos -podría compararse con el remanido Leviatán- es el bloque de poder al que se enfrentan en los comicios de este año las fuerzas populares argentinas, entre ellas el kirchnerismo.

Las/os que aparecerán en las boletas electorales serán ciertas/os y determinadas/os candidatas/os. Y en el caso del oficialismo, a partir de la imagen de sus candidatas/os, junto a las de Mauricio Macri y María Eugenia Vidal, se desplegarán las estrategias de comunicación que poco a poco inundarán la cotidianeidad del país en el espacio público ensanchado de los medios de comunicación tradicionales, más las redes sociales y toda la comunicación digital.

Esas imágenes -que son construidas, que son parte de la disputa, que es necesario observarlas y debatirlas y a la vez antagonizar con ellas- suelen ser muy potentes por su influencia en el conjunto del electorado, tanto en su formato publicitario como en cualquier otro.

Pero en cualquier caso, los nombres, rostros, voces y publicidades de la comunicación electoral, son sólo la punta del iceberg. Aquí también, como enseñó sabiamente Antoine de Saint Exupery en El Principito, lo esencial es invisible a los ojos.

La reflexión política en serio, la militancia popular comprometida y la crudeza de las verdaderas disputar de poder cuando se quiere transformar a la sociedad a favor de los intereses de las mayorías oprimidas, exigen observar lo más profunda y rigurosamente posible la complicada trama de los poderes reales. Es una condición necesaria, aunque no suficiente, para cualquier intento por acumular las fuerzas necesarias y así enfrentarlos. En una elección y en todo momento.