Por Flavio Rapisardi

No somos pocos quienes nos alertamos, en el fragor de tantos combates, por lo frágiles que resultan ciertos agenciamientos de resistencia. Pero como la autocrítica es un lujo público sólo para quienes ganaron, no les vamos a dar el gusto, pero sepan que, como siempre, nos estamos preparando, aprendiendo y mirándolos muy de cerca.

El Gobierno neoconservador de Macri-Vidal (Michetti perdió velocidad, a Dios gracias) y la UCR, con la complicidad explícita del massimo, aprendió a marcar la agenda. Ajustando, reconvirtiendo al Estado con un proyecto de “dotación” que se medirá cuantitativamente (eso de “achicarlo” es un terrible y peligroso error conceptual), pisando la caja, lo que produjo efectos de sinceramiento con su respectivo cruce de calle de la derecha que nos acompañó en el proceso peronista de Néstor y Cristina (Uturbey et al.), y lo más triste, la sobreactuación de algunos movimientos sociales que entregan luchas por una institucionalidad tan burocrática y menos sustentable que la de los “gordos” cegetistas, produce que el panorama de las fuerzas nacionales y populares sea árido. Pero a más hemos enfrentado.

En este marcar agenda, la producción de sentido por la ingeniería mediática que organiza el mercado (que son los que gobiernan) resulta más que interesante. Si bien Macri es una “gato”, Vidal una “hiena” y Massa un “mulo”, si algo no son es salames.

Tomemos un indicio: el proyecto de bajar la edad de imputabilidad (para tomar uno, porque, la verdad, la agenda del Gobierno es bien activa y prolífica). Como renunciar al papel me parece una pérdida de capacidad crítica (perdón, tecnófilos y ecologistas del boludeo), no hay más que comparar las retóricas de Clarín, La Nación y la TVP (no hablamos de TN o sus honguitos menores ya que sus agendas son del 70 al 100% la del diario de Darth Magnetto) para ver cómo Clarín devino el kamikaze que hundirá sus barcos (pudiendo reaparecer en otros, ya que el arácnido comunicacional de América Latina late con varios corazones como el City Bank y capitales “sin rostro”) en esta oportunidad histórica en la que la derecha pretende fundar pucarás antes de retirarse y condicionar la reconstrucción nacional. La Nación, en cambio, diario de la oligarquía reciclada, hábilmente hay que reconocer, está optando por un discurso zigzagueante. Pero, ojo, que ese zigzagueo abreva en sus intereses. Es así como, leyendo una nota sin firma de la semana pasa cuyo título hacía referencia a la baja de imputabilidad, la tecla anónima derivó hacia la necesidad de regular migraciones y hasta se animó a señalar que los datos de 6% de población extranjera privada de su libertad en su país volvía las opiniones presidenciales en, al menos, inocuas. Pero, claro, un discurso no se disecciona: este airecito demócrata que luego se anulará en la pelmaza columna de Mitre, el bisturí sin pretensión de sanación de Pagni y la letra pesada, barroca mal y tan “servicio” de Morales Solá. Y es más, en la misma nota que utiliza una cifra para posicionarse en un profesionalismo en el que no les creemos, no duda en mostrar cifras que también servirían para desarmar las intenciones imputadoras de la derecha criolla. Mientras tanto, la TVP, en sus noticieros nacionales, optó por ser una fábrica liberal de discurso: esto es, dar palabra y hasta “mostrar” piquetes con off “descriptivos”, bajar línea en los editoriales, pero, sería necio negarlo, presentar un pluralismo en el que pueden vanagloriarse e insistir ya que para el trabajo más sucio están los medios privados que ahora financiamos con escandalosas pautas que salen de nuestro bolsillo.

A Macri se le endilgan varios epítetos, lo mismo que a Vidal, pero a más de una año del desembarco del odio revanchista de la derecha en casi toda América Latina, vemos que “no es magia”: el mercado nada tiene de anárquico cuando la fase monopolista entró a manejar los engranajes, por lo que a nosotr*s nos toca seguirla peleando con un actitud frente a lo que marcó muy bien Francisco el 24 de enero: “hoy América Latina está sufriendo un fuerte embate del liberalismo económico, de ese que yo condeno en el Evangeli Gaudium cuando digo ‘esta economía mata’…”, y frente a eso sólo nos queda ser “herman*s”  y tomar como modelo lo que el Papa no recuerda: las mujeres paraguayas que se opusieron al cipayismo defendiendo desde la vergonzosa Guerra de la Triple Alianza al pueblo y a la patria. Sin patria no tendremos nada, por eso no es hora de tibiezas ni especulaciones: contra el cinismo cipayo de los medios, imaginemos y practiquemos toda resistencia que teja colectivos en la patria que no les daremos.