Por Daiana Giménez

Como buen aprendiz del PRO, Julio Garro, durante su primer año de gestión, se dedicó a perseguir sistemáticamente a los vendedores informales. Un informe presentado por el propio Municipio señala que durante 2016 se realizaron ochenta operativos en los que se desalojó 550 puestos y se confiscaron más de dos toneladas de alimentos y diversos productos.

Un reciente relevamiento de la Confederación Argentina de la Mediana Empresa señala que en los últimos dos años creció un 75% la venta ambulante en la ciudad. En 2016, con un desempleo en aumento, La Plata llegó a convertirse en la cuarta localidad del país con mayor venta informal, influyendo notoriamente los puestos en las plazas.

Lejos de preguntarse por qué aumentó de forma exponencial este trabajo, desde Cambiemos, el secretario de Control Urbano Roberto Di Grazia anunció con orgullo la cantidad decomisada y señaló que aumentaron los controles.

Sin embargo, los vendedores señalan que ellos solamente quieren trabajar. incluso, un sector está dispuesto a dejar las calles si les proponen otra salida laboral, pero los reclamos al respecto hechos al Municipio no han sido positivos.

“Este es nuestro laburo, nosotras estamos tranquilas vendiendo y así llevamos el plato a nuestra casa”, sostuvo Rosa, vendedora de ropa usada en la feria de Plaza San Martín.

“Yo trabajo desde los diez años vendiendo fruta”, comentó en diálogo con Contexto un puestero de calle 7, quien explicó que para ellos la alianza Cambiemos fue quién más los perjudicó: “Pasé muchos Gobiernos, pero como este, tan lejos de los trabajadores, nunca vi”.

Si bien Di Grazia señaló que “para este tipo de tareas y procedimientos se creó un cuerpo de agentes especializados”, durante el pasado año, vendedores ambulantes, manteros y puesteros se vieron en la situación de que Control Urbano, la Policía y personal de civil les quiten su mercadería a veces sin actas y otras con actas mal labradas, lo que hace que directamente no puedan recuperar el dinero invertido.

El vendedor de frutas explicó que cada vez que sucede eso siente “mucha impotencia”, porque ese equipo que señala el responsable de Control Urbano actúa a veces con violencia, tirando los productos y las herramientas de trabajo. “Hay maneras y maneras. Encima, sin actas, no puedo recuperar nada”, sostuvo.