Por Fernando M. López

Luego de varios meses de escupir odio contra los inmigrantes de países de nuestra región, el senador nacional Miguel Ángel Pichetto había terminado un proyecto de ley para restringir la permanencia y el ingreso de extranjeros a la Argentina. Pretendía llevarlo al Congreso para su debate, pero otro xenófobo con mayor poder, el presidente Mauricio Macri, le ganó de mano y anunció que modificará la actual legislación migratoria por decreto.

Lo hizo descaradamente en la misma conferencia de prensa en la que defendió al apropiador del Lago Escondido, el magnate inglés Joe Lewis, y días después de la brutal represión de sus gendarmes a los mapuches de Chubut para resguardar las tierras usurpadas por el grupo italiano Benetton.

Ya el año pasado, cuando se barajó la posibilidad de crear un centro de detención para migrantes, distintas organizaciones, expertos en la materia y referentes de países limítrofes advertían que Macri buscaba cambiar un paradigma centrado en los derechos humanos para implementar una “política de expulsión” de los extranjeros, concibiendo “las migraciones como un ‘problema’ de seguridad nacional y de orden público”.

Parte de esa expulsión se vino dando en los hechos con las medidas económicas neoliberales aplicadas desde el 10 de diciembre de 2015, que dejaron a cientos de miles de personas sin trabajo y las empujó a la pobreza, sin discriminar entre argentinos y extranjeros.

Por dar sólo un ejemplo, a lo largo de 2016, un total de 4.357 paraguayos debieron volver a su país como consecuencia de la falta de empleo y el aumento del costo de vida. “Es un número considerable, más del 67% de los compatriotas que han regresado del exterior son de Argentina”, dijo semanas atrás Luis Servin Blaires, responsable de la Secretaría de Repatriados de Paraguay.

a lo largo de 2016, un total de 4.357 paraguayos debieron volver a su país como consecuencia de la falta de empleo y el aumento del costo de vida. “más del 67% de los compatriotas que han regresado del exterior son de Argentina”, dicen en el gobierno guaraní.

Ahora, con el decreto de necesidad y urgencia que prepara el Gobierno de Cambiemos, la sangría será aun mayor, ya que se endurecerán las condiciones de ingreso y permanencia en el país bajo la excusa de combatir la trata de personas, el narcotráfico y el terrorismo.
En la actualidad, las prohibiciones de la Ley 25.871, aprobada en 2003 y reglamentada en 2010, sólo aplican para quienes tengan una condena firme o con antecedentes por delitos sancionados con una pena mínima de tres años de prisión. Por no cumplir este requisito del artículo 29 de la norma, se rechazó el ingreso de 1.890 personas en los últimos tres años.

La mano dura contra los extranjeros también incluirá una nueva fuerza represiva, la Policía Migratoria, que contará con presupuesto y personal propio, y que podría ser formalizada en simultáneo con el decreto de Macri, según informó el diario El Cronista en su edición de este jueves.

Uno de los primeros pasos dados en este sentido fue la disposición 6.746, publicada el 5 de enero en el Boletín Oficial, para crear la Dirección de Extranjeros Judicializados, que tendrá como objetivo, entre otras cosas, la tarea de supervisar la materialización de las expulsiones.

La Dirección de Extranjeros Judicializados, creada el 5 de enero, tendrá como objetivo, entre otras cosas, la tarea de supervisar la materialización de las expulsiones.

Las cifras de la Dirección Nacional de Migraciones (DNM) revelan que de 2011 a 2015 se resolvieron 280.030 solicitudes de radicación permanente de paraguayos (40%), 161.262 de bolivianos (25,5%), 86.742 de peruanos (13,72%), 22.899 de colombianos (3,62%) y 21.543 de brasileños (3,41%).

Los propios números oficiales también indican que de los 71.464 presos que integraban la población carcelaria a fines de 2015, sólo el 6% eran extranjeros.

Sin embargo, el discurso macrista apunta a estigmatizar y criminalizar, tratando de instalar que las fronteras son una especie de “colador” por el que sólo pasan delincuentes.
“Señor, me informan que usted cometió una serie de delitos en su país, acá no es bienvenido”, fue la frase que utilizó el presidente en su conferencia de prensa para graficar cómo será su reforma migratoria contra los extranjeros.

Aunque habrá excepciones. Con el aval de Cambiemos, los Lewis y los Benetton –delincuentes extranjeros de guante blanco– podrán seguir avasallando todas las leyes nacionales en función de sus grandes intereses económicos.