Por Flavio Rapisardi

Nico y Pupi Favio son los hijos de Leonardo. En sus deambulares artísticos, mientras intentan cerrar el duelo de la partida de ese gran artista del movimiento nacional, decidieron, por lazos políticos y afectivos con el escritor y guionista avellanedense Pablo Ramos y el intendente Jorge Ferraresi, donar sus bienes al Municipio. Y no es casual. Avellaneda recicló una vieja usina de SEGBA (Servicios Eléctricos del Gran Buenos Aires) de riguroso estilo art decó y la bautizó como Edificio Municipal Leonardo Favio, donde funciona la Radio Pública de la Ciudad, la Coordinación de Contenidos Audiovisuales del Gobierno local y hay tres grandes sets de filmación que son utilizados por el Instituto Municipal de Cine y la UNDAV.

Foto: Leo Patti
Foto: Leo Patti

Más de 150 cajas comenzaron su peregrinar desde Adrogué, de una casona que debía ser desalojada,  hasta el edificio público. Hoy, 17 de enero de 2017, se comenzaron a abrir las cajas donde se encuentran manuscritos, guiones originales, cortes de los filmes, la biblioteca personal, fotos, vestuarios de sus películas y personas, y otros objetos personales. Adriana Jadrosic, especialista en Patrimonio de la Ciudad, comentó: “En este momento procederemos a la apertura de las cajas con la autorización familiar y vamos luego a clasificarlo según su necesidad de conservación”.

Pero estos objetos no están muertos, como ningún objeto, al decir de Bruno Latour. Por eso, con los materiales recibidos, el intendente de Avellaneda decidió montar un museo-productora en el que el material será recuperado, exhibido y consultado según el estado de las piezas. El Museo Leonardo Favio no será un edificio muerto, sino una usina de arte y producción estética que articulará los ocho institutos y dos escuelas municipales de arte (públicas y gratuitas), Universidades y áreas de producción locales. En este sentido, el Ferraresi sostuvo que “Este Museo será no sólo un lugar para conocer, sino también para generar ideas… disparador para poner en pantalla ideas de nuestro pueblo”.

Con emoción en los ojos, Nico abrió pocas cajas bajo supervisión técnica, y allí encontró fotos familiares, guiones manuscritos, textos como el Talmud y una introducción al Islam. Los rollos de películas siguen allí, esperando ser redescubiertos por la mirada de todo aquel que quiera verlos, porque un artista del pueblo y la nación nunca muere. Ese es el desafío de este espacio que, se piensa, estará funcionando parcialmente luego de julio de este año y en su totalidad en marzo del año próximo.