Por Antonio Mangione*

María Laura Mascotti y Walter Lapadula son biólogos moleculares y becarios posdoctorales de CONICET en la Universidad Nacional de San Luis. Su formación académica y científica se desarrolló íntegramente en el sistema público argentino. Comienzan su actividad científica en un contexto único y novedoso para la Argentina: la creación, unos años antes, del Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación. Hoy perciben amenazadas las posibilidades de desarrollo individual y colectivo.

Desde este espacio, este es nuestro aporte para dar a conocer dónde estábamos, a dónde vamos, qué piensan y qué sienten los científicos en Argentina frente al dramático escenario que propone el Gobierno.

-Cuándo comenzaron sus carreras científicas, ¿pensaron en alguien o en algo más que en sus proyectos personales?

-MLM: Hay dos cosas. En primer lugar uno piensa en su familia porque de alguna manera son los que nos permitieron llegar hasta acá. En mi caso, me apoyaron para que yo tuviera una educación como la que tuve. Luego uno piensa en lo público con orgullo. Fui a la escuela primaria y secundaria y luego a la Universidad, siempre en el sistema público. Eso es lo más importante que rescato.

-WL: Coincido. Toda mi educación fue pública. Lo público te permite rodearte de mucha heterogeneidad de gente. En ese ambiente uno ve distintas miradas y visiones que comienzan a orientarlo a uno hacia adónde quiere ir. Ese quiebre ocurrió  en 4° año de la carrera. Tenía una idealización de la carrera y llegando a esa etapa final me di cuenta, por lo que iba escuchando, aprendiendo y viendo en este ámbito, que tenía una responsabilidad mayor como estudiante y luego como futuro profesional además del trabajo y mis responsabilidades académicas que superaban los aspectos individuales.

-¿Lo planteás como una alternativa a volcar en la sociedad por fuera de la falsa dicotomía ciencia básica/ciencia aplicada?

-WL: Se pueden hacer y articular con otras actividades que van más allá de las actividades meramente manuales e intelectuales de hacer ciencia en el laboratorio, como por ejemplo organizar encuentros dentro y fuera de la comunidad científica, la participación en cada espacio de la docencia, desde una mirada de compromiso político.

-MLM: Pienso desde una perspectiva complementaria. Elegir hacer ciencia en un organismo dependiente del Estado es un acto político. Es una elección. Uno podría elegir trabajar en el ámbito privado. Uno elige, en este marco, el público, porque uno cree en la soberanía científica. Esto conlleva una variedad de aspectos a tener en cuenta, sobre lo tecnológico, la soberanía alimentaria y soberanía en salud. Ese es un primer momento.

Luego, sobre la discusión sobre lo básico y lo aplicado, están muy vinculados. Al mismo tiempo, me parece que un país debe establecer prioridades a la hora de realizar investigación. En qué se invierte, en dónde se generan necesidades. ¿Cuáles son las preguntas que debemos hacernos y responder para mejorar la calidad de vida de las personas? Este es el interrogante.

-¿Quiénes establecen las prioridades?

-WL: Las decisiones normalmente las toman los Gobiernos. Aunque nosotros debemos participar de alguna forma de esas decisiones. Uno puede participar activamente, decidiendo si se suma o no a esas políticas.

-MLM: Pienso que los científicos debemos tener un papel más crítico y menos abstracto. Uno debería pujar desde los centros académicos y de investigación para que ciertas iniciativas sean prioritarias. El problema es que existe cierto grado de aislamiento de algunas de las demandas de la sociedad y eso nos impide ver qué está ocurriendo. Necesitamos articulación política sin duda desde los Gobiernos, pero los científicos deben generar también sus propios espacios.

María Laura estudia cómo surgieron nuevas funciones enzimáticas. Específicamente, qué eventos de tipo evolutivo y bioquímicos ocurrieron a lo largo del tiempo que hacen que algunas enzimas tengan ciertas funciones y otras no. “Estas son preguntas básicas. Al mismo tiempo son de potencial aplicación”, dice.

-Ustedes definieron de alguna manera conocimiento científico como público y soberano. ¿Qué otros elementos sumarían?

-MLM. Contexto. Estamos en este país. Para mí la academia está muy teñida del discurso o idea liberal: que el científico tiene que estudiar lo que le parezca. Considero que esto no funciona. Hay un contexto social y hay que considerarlo.

-WL: Sumaria la palabra “servicio”. Como trabajadores estatales, es una función que tenemos la de servir a la sociedad. No hay que escapar a las responsabilidades que tenemos amparados en la concepción liberal de ciencia.

Walter y sus colegas estudian familias de proteínas desde una perspectiva evolutiva. Tratan de identificar los principales mecanismos que modulan su evolución y observando si las características bioquímicas y moleculares de los distintos miembros de las familias tienen algún sustento evolutivo. “Por ejemplo, con estos estudios podemos analizar si una determinada función en una familia de proteínas ha surgido una vez o muchas veces de manera independiente; en algunos casos también podemos llegar a predecir funcionalidad”, agrega. 

-Ustedes mencionaron que en algún momento hicieron un quiebre, vivieron un punto de inflexión en sus trayectos de vida académica. Hoy vivimos una realidad distinta en materia de políticas científicas. ¿Qué respuestas piensan que darán los jóvenes estudiantes y científicos?

-MLM: Pienso que, ojalá, los jóvenes puedan valorar más las posibilidades de hacer ciencia en nuestro país y su sistema científico.

-WL: Aquí disiento. Pienso que va a fomentar el individualismo, porque también se está fomentando el miedo. Si fuera por lo que deseo, espero que sea una oportunidad para pensar cómo era el sistema científico antes de los últimos diez años, y me gustaría mucho que la sociedad en su conjunto, futuros becarios y estudiantes, todos, puedan aprovechar la coyuntura actual para reflexionar.

-¿Qué es lo que está en juego hoy?

-MLM: La construcción colectiva del saber científico. Era incipiente, pero una parte de la sociedad desarrollaba un sentido de apropiación sobre que había buena ciencia en el país y que era valioso. Se construía y consolidaba el hecho de que no había que irse del país para hacer ciencia. Eso es lo que veo que hoy está en juego.

-WL: Lo que está en juego es la posibilidad de seguir desarrollándose científicamente. Cuando comencé la carrera, las expectativas colectivas eran que había que emigrar del país. Eso cambió, y elegí quedarme en Argentina. Lo que está en juego hoy es que la sociedad y los científicos en particular piensen que el único camino es irse.


* Docente de la Facultad de Ciencias Humanas, Universidad Nacional de San Luis.