Por Antonio Mangione*

Desde hace meses, la ciencia argentina sufre las consecuencias de una política de desmantelamiento, vaciamiento, ajuste y violencia, planificada y ejecutada por el Gobierno nacional de la alianza Cambiemos. Hace unos días solamente, un ejército de trolls atacó la credibilidad del conocimiento científico local generado desde el CONICET y, por supuesto, a sus investigadores e investigadoras. La acusación era que se investigan cosas inservibles o que la investigación está fuertemente politizada. La elección de los temas cuestionados incluyó a la revista Billiken, a Juan Domingo Perón y a Karl Marx, entre otros.

Se suma al ajuste el hecho de que se entregarán durante 2016 menos becas doctorales de CONICET que durante 2015 y que se despidiera a quinientos investigadores, recomendados para ingresar a la Carrera del Investigador Científico de CONICET. Esto sin contar con el desmantelamiento de otras áreas vinculadas a ciencia y técnica.

Miles de personas en todo el país se hicieron eco de los ataques de trolls, que con la colaboración de los medios oficialistas se amplificaron a niveles tan ridículos como peligrosos. Consuela saber, por otro lado, la rapidez y altura con la que se fueron rebatiendo cada una de las falacias y las imprecisiones vertidas.

Sobre llovido, quemado

Esto no es todo. Hace un par de días, el ministro de Ambiente y Desarrollo Sustentable, Sergio Bergman, dijo en una entrevista radial a raíz de los incendios en inundaciones que se registran en diferentes puntos del país que: “Lo que parece una especie de profecía apocalíptica, los argentinos y el mundo empezamos a ver que acá tenemos incendios, en Santa Fe tenemos inundaciones, y esto se llama adaptación, que es cómo nos vamos a organizar para minimizar riesgos ante lo que le hicimos al planeta y que nos devuelve multiplicado con estas catástrofes”.

Las expresiones del ministro están fuera de lugar y son insultantes. Están fuera de lugar en tanto él es parte del Gobierno que al mismo tiempo invierte, mucho menos que antes pero invierte, en generar conocimientos científicos. Argentina cuenta con un Ministerio de Ciencia y Tecnología y no con uno sobre Pensamiento Místico y Sobrenatural. Esa es una decisión política importante en la que parece que todos los Gobiernos han coincidido hasta hoy.

Independientemente de las medidas políticas tomadas por cualquier Gobierno, no puede ser motivo de discusión, o peor, de naturalización, que los incendios son una especie de profecía apocalíptica. Corremos el riesgo de quedarnos inmóviles en el estupor que generan sus dichos. El ministro evita o es incapaz de encontrar las fuentes de este tipo de problemáticas. Vale aclarar que nosotros no “le hicimos esto al planeta”. Ese “nosotros” diluye las responsabilidades, es difuso.

Es abrumadora la evidencia a favor de la hipótesis, en varias de sus predicciones comprobada, de que los países con mayor industrialización o en proceso y que producen la mayor emisión de C02 (China, Estados Unidos, India y Rusia) son los principales responsables del calentamiento global y del cambio climático global. Esos países tienden a sostener su economía con mano de obra barata, por fuera de todo convenio y acuerdo, y cuando firman acuerdos no los cumplen. No hay un “nosotros”: se llama capitalismo, sostenido a partir del libre mercado, el dumping y el trabajo esclavo. El cual una inmensa parte de la población mundial además lo sufre.

Algo de lo que le falta al ministro lo tienen los científicos

No por fortuna Argentina cuenta con científicos y científicas formadas en distintas áreas del conocimiento. El ministro y sus asesores pueden dar lectura a la multiplicidad de estudios científicos sobre fuegos en Argentina y en otras partes del mundo. Se cuentan por decenas estudios de este tipo. Los hay de simulaciones de incendios, condiciones iniciales y de propagación a diferentes escalas. Los hay sobre condiciones en terreno y factores desencadenantes de incendios.

Están los estudios arqueológicos sobre incendios, que permiten conocer las condiciones que dieron origen a fuegos en el pasado y compararlas con las actuales. Los estudios realizados por Estela Raffaele y colaboradores sobre incendios, y los de Esteban Jobbagy y Javier Houspanossian del CONICET sobre inundaciones y de Raúl Díaz en el INTA son ejemplos de expertos científicos en estas temáticas, todos al alcance del ministro.

Nada de esto tiene que ver con el apocalipsis, y las soluciones a los verdaderos problemas y causas de incendios e inundaciones no se resuelven ni con rezos ni con evasivas discursivas. Los especialistas mencionados más arriba, entre otros, trabajan hace años en estos temas y definitivamente tienen mucho para aportar al respecto.

No faltan en nuestro país espacios de intercambio entre el saber de expertos científicos y la gestión política. Los dichos del ministro tal vez animen a fortalecer estos lazos, a profundizarlos.

Científicos y asociaciones científicas tienen una responsabilidad por fuera de realizar de manera idónea y ética su trabajo de investigación, y es fortalecer y actuar políticamente desde ese lugar de investigador. Reconforta saber, y así lo ha demostrado la comunidad científica en estos últimos meses, que en este aspecto estamos muy bien encaminados.

* Docente. Facultad de Ciencias Humanas de la Universidad Nacional de San Luis.