Por Héctor Bernardo

El año 2016 no pasará desapercibido. En un rápido recuento de los hechos más trascendentes de ese año, sólo en el continente americano, aparecen: el escándalo de los Panamá Papers, el asesinato de un ministro del Gobierno de Evo Morales, el acuerdo entreguista sobre Malvinas firmado entre el Gobierno de Macri y el del Reino Unido, la firma de la paz en Colombia, el golpe de Estado en Brasil y la muerte de Fidel Castro.

Una supuesta maldición china reza: “Vivirás tiempos interesantes”. No caben dudas de que, ya sea por el augurio oriental o por otro motivo, la región ha transitado un año de hechos que quedarán para la historia.

El golpe en Brasil

Pese a las críticas de varios mandatarios de la región, de la OEA y de UNASUR, la derecha logró concretar el golpe de Estado parlamentario contra la presidenta de Brasil Dilma Rousseff. La ausencia de fundamentos de la acusación poco pareció importarles a los sectores golpistas que controlaban las cámaras del Congreso. A principios de abril se aprobó el impeachment (juicio político) en Diputados, pocos meses después se concretó la fase final en Senadores.

dilmaEl ex aliado y principal promotor del golpe, el vicepresidente Michel Temer, asumió de facto el gobierno del país. El primer mandatario en reconocerlo como el nuevo presidente de Brasil fue el argentino Mauricio Macri.

Temer y Macri, dos hombres con estrechos vínculos con las embajadas de Estados Unidos, formaron una sociedad fundamental para implementar la política de agresión que Washington ha desatado contra Venezuela.

Expulsar al Gobierno de Nicolás Maduro del MERCOSUR parece ser la meta trazada.

Venezuela: el objetivo eterno

Durante 2016, las relaciones regionales no estuvieron marcadas por un fortalecimiento de los lazos. Venezuela, blanco predilecto de la política injerencista de Estados Unidos hacia la región, ya no sólo debió sufrir los intentos desestabilizadores de una oposición golpista que controla la Asamblea Nacional. El cambio del contexto regional le permitió a Washington tener una estrategia regional contra el Gobierno de Maduro.

A los desestabilizadores internos se sumaron: el nuevo presidente argentino, Mauricio Macri, el golpista brasileño, Michel Temer, y el secretario general de la Organización de Estados Americanos (OEA), Luis Almagro.

La tarea de Almagro fue intentar imponer a Venezuela la Carta Democrática para infringirle sanciones económicas y también para utilizarla como herramienta de desprestigio internacional del Gobierno bolivariano.

temer

Por su parte, Macri, Temer y el presidente de Paraguay, Horacio Cartes, se encargaron de atacar al Gobierno de Maduro en el MERCOSUR. Intentaron dar un golpe y quitarle la Presidencia Pro Tempore (PPT) a Venezuela y luego asegurar que este país fuera expulsado de ese espacio de integración.

El despropósito llegó a un punto tal que la Policía argentina agredió a la canciller venezolana, Delcy Rodríguez, cuando la diplomática intentó ingresar a una reunión del MERCOSUR que se estaba llevando adelante en Buenos Aires.

El intento de Almagro fracasó rápidamente, el de Macri y Temer todavía está en desarrollo.

Colombia: el complejo camino a hacia la paz

El 26 de septiembre, después de cinco años de negociaciones en La Habana, el Gobierno colombiano y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia – Ejército del Pueblo (FARC-EP) firmaron un acuerdo de paz. Poco duró la concreción del sueño tan esperado.

El 2 de octubre, en plebiscito que debía refrendar el acuerdo, dentro de los pocos colombianos que asistieron a las urnas (solo el 37% de los habilitados para votar), la mayoría dijo “NO” y el acuerdo fue rechazado.

Pocos días después, el presidente Juan Manuel Santos fue galardonado con el –cada vez más desprestigiado– Premio Nobel de la Paz. El 12 de noviembre, las partes anunciaron un nuevo acuerdo. El 26 de ese mes las partes lo firmaron en un acto público y, a los pocos días, fue refrendado por el Congreso.

El 1° de diciembre se estableció como “el día D” para el comienzo de la implementación del acuerdo. Pocos días antes de que el mes y el año terminen, el presidente Santos hizo otro anuncio: confirmó la concreción de un convenio entre su país y la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN). La marca de la OTAN se puede ver en las guerras en Irak, Libia y Siria. Sus funciones principales parecen ser los bombardeos a pueblos indefensos y la promoción y financiamiento a distintos grupos terroristas, entre ellos al Estado Islámico (ISIS).

La paz colombiana es un camino que aún está siendo transitado. El horizonte es incierto.

Éramos pocos y llegó Trump

Multimillonario, sexista, autoritario, racista, jactancioso de su poder y de su ignorancia, esas parecen ser algunas de las características principales del presidente electo de los Estados Unidos, el republicano Donald Trump.

Su rival, la demócrata Hillary Clinton, no parecía ser una alternativa mejor. La posición de Clinton contra Cuba y Venezuela, el apoyo a la guerra en Afganistán e Irak y su participación como secretaria de Estado en lo que se denominó “Las primaveras Árabes”, que, a la distancia, no parecen ya tan “primaverales”, su rol en la invasión a Libia, el derrocamiento y posterior asesinato brutal de Muammar Kadafi, sus estrechos vínculos con el grupo terrorista ISIS, su apoyo al bombardeo a Siria, su rol en los golpes parlamentarios contra Fernando Lugo en Paraguay y Manuel Zelaya en Honduras, son sólo algunos de los elementos que más que un currículum o una historia de vida parecen conformar un prontuario.

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En ese contexto, muchos, fuera de Estados Unidos, parecieron ilusionarse con la llegada de un supuesto candidato antiglobalización. Sin embargo, las primeras acciones de Trump parecen mostrar más de lo mismo en lo que a política exterior norteamericana se refiere. El candidato electo mostró rápidamente un desprecio muy grande por la Revolución cubana y por el Gobierno de la República Bolivariana de Venezuela, lo que muestra claramente lo que puede esperar de él la región.

También mostro un claro alineamiento con Israel, lo que deja a la vista cuál será su política respecto a Medio Oriente.

Y en eso, se fue Fidel

El día en que se cumplían exactamente sesenta años que el líder cubano Fidel Castro partía en el yate Granma desde México a Cuba para iniciar la lucha que terminaría con el triunfo de la Revolución, su hermano, el presidente Raúl Castro, claramente emocionado dijo ante las cámaras de televisión: “Con profundo dolor, comparezco para informar a nuestro pueblo, a los amigos de nuestra América y del mundo, que hoy, 25 de noviembre de 2016, a las 10:29 horas de la noche, falleció el comandante el jefe de la Revolución cubana, Fidel Castro Ruz”.

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Los medios dieron miles de interpretaciones sobre el hecho. Millones de cubanos y líderes de todo el mundo que se dieron cita para despedir al líder revolucionario más importante de la historia del siglo XX respondieron con claridad: “Todos somos Fidel”.

Una frase que demostró que la Revolución está más viva que nunca.

Las elecciones en Perú y el triunfo de Pedro Pablo Kuczynski en el ballotage contra Keiko Fujimori, el arrasador triunfo en Nicaragua del Frente Sandinista de Liberación Nacional, la reelección del presidente Daniel Ortega, el enfrentamiento diplomático entre Chile y Bolivia por la salida al mar, la represión en México contra los profesores en una protesta que causó varios muertos, el intento de proscribir a Fernando Lugo en su candidatura para presidente, la creación de la Escuela Militar Antiimperialista fundada por Evo Morales, y tantos, tantos otros hechos interesantes.

Maldición o no, el continente se transforma en vorágine y los vientos producen avances y retrocesos. El futuro es incierto, los pueblos serán los encargados de construir sus destinos.