Por Héctor Bernardo

El asesinato del embajador de Rusia en Turquía, Andrei Karlov, tiene implicancias en la geopolítica internacional, donde confluyen los intereses de Moscú, Washington, los países europeos de la OTAN y el Estado Islámico (ISIS).

La primera lectura política del crimen del diplomático indica una venganza terrorista por la derrota que el Ejército Sirio, con el apoyo de Rusia, impuso al ISIS en Alepo.

Sin embargo, el creciente rol de Moscú en la región relegando la figura de Estados Unidos, sumado a los conocidos vínculos que el grupo terrorista tuvo y tiene con el Gobierno norteamericano (denunciados entre otros por el ex agente Edward Snowden), y también con los países de la OTAN, muestra que detrás de este hecho existe una trama que aún no se conoce en su totalidad.

En diálogo con Contexto, el analista de política internacional Jorge Kreyness remarcó que “en primer lugar, como argentino no puedo dejar de relacionar este atentado con el ataque que sufrió la canciller de Venezuela, Delcy Rodríguez, en Buenos Aires. Hay sectores en el mundo que pretenden violentar todas las normas del derecho internacional y de la convivencia entre las naciones. Llegan incluso a atacar físicamente a los diplomáticos, que son aquellos que, mediante el diálogo político, intentan encontrar soluciones a las diferencias, a los conflictos”.

“La Embajada de Rusia en Ankara jugaba un papel decisivo, estratégico, en las relaciones entre los dos países. A esto se suma que está prevista una reunión entre Irán, Rusia y Turquía. Ese encuentro es trascendental. Irán y Turquía en cierto punto representan los dos polos que se confrontan en Medio Oriente. Además, este asesinato se da en un momento en que decrece la importancia de la presencia de Estados Unidos en esa región y crece la de Rusia”, agregó.

“como argentino no puedo dejar de relacionar este atentado con el ataque que sufrió la canciller de Venezuela, Delcy Rodríguez, en Buenos Aires. Hay sectores en el mundo que pretenden violentar todas las normas del derecho internacional y de la convivencia entre las naciones.”

Kreyness afirmó que “este crimen es una venganza por la derrota que sufrió en Alepo el terrorismo islámico, que es apoyado por Estados Unidos y la Unión Europea. Como así también, una represalia al descubrimiento de un grupo de oficiales de países de la OTAN que estaban colaborando con los terroristas y que fueron detenidos en Siria. Luego de derrotas políticas o militares de los terroristas, ocurrieron los atentados en París y en Bruselas y otros”.

Por último, Kreyness aseguró que “la lucha contra el terrorismo la encabeza el Gobierno de Siria con el apoyo de Rusia, y también tienen un fuerte rol en esa lucha la República Islámica de Irán y el Partido de Dios del Líbano, más conocido como Hezbolá. Por eso, claramente, este atentado es una venganza por la derrota en Alepo de estos sectores seudoislamitas, que claramente tienen el apoyo de Estados Unidos y los países de la OTAN”.

En la misma línea, el sociólogo Atilio Boron escribió en su blog: “El asesinato de Andrei Karlov en Ankara tiene dos propósitos inocultables: uno, dificultar que Turquía –sede de la impresionante base aérea norteamericana de Incirlik, con una dotación permanente de unos cinco mil hombres de la Fuerza Aérea de Estados Unidos– sea atraída hacia Moscú privando a la OTAN de una locación clave para cerrar, desde el Mediterráneo Oriental, el cerco contra Rusia que comienza en el Norte con los países bálticos”.

“Dos, hacerle saber a Rusia que Occidente no se quedará de brazos cruzados mientras Putin se fortalece y prestigia poniendo fin al caos que Estados Unidos y sus aliados produjeron en Siria y que no pudieron o no quisieron solucionar. Lo de Karlov bien puede ser una provocación que, como el asesinato del Archiduque Francisco de Austria en Sarajevo, en 1914, podría precipitar una guerra si es que la parte afectada –Rusia– reaccionara impulsivamente. Pero si algo ha demostrado un personaje tan controvertido como Putin es que puede ser acusado de cualquier cosa, menos de ser un atolondrado. Más bien se trata de un actor muy cerebral y reflexivo, un hombre que juega con asombrosa frialdad en el caliente tablero de la política mundial. El crimen perpetrado en Ankara fue un claro mensaje mafioso dirigido a Moscú. Por eso el jihadista que perpetró el asesinato fue ultimado, sellando su boca para siempre. Los servicios occidentales son expertos en eso de reclutar supuestos radicales para perpetrar crímenes que sostienen la continuidad del imperio”.