Por Contexto

En agosto, tanto Clarín como La Nación informaban que María Eugenia Vidal anunciaba un “ambicioso” plan de obra pública por 22 mil millones de pesos. Lo que no decían en ese momento es que el mismo anuncio ya se había hecho en enero y lo que seguramente no van a decir es que esa idea hoy ha quedado trunca y sin ministro que la lleve adelante, ya que Edgardo Cenzón, titular de Infraestructura, renunció cuando los motores recién arrancaban.

Por ejemplo, desde el bloque FPV-PJ, “siendo muy optimistas”, analizan que Vidal terminaría superando tímidamente el 50% de obras ejecutadas. Dentro de la banca de senadores del Frente Renovador también anida la misma sensación y se quejan del poco uso de la emergencia –que agiliza los tiempos de los controles de las licitaciones–, una herramienta que Cambiemos le reclamó a la oposición en la Legislatura en pos de la gobernabilidad.

A esto hay que sumarle que la ausencia de datos fue un denominador común durante todo el año, pero se volvió total a partir de junio, cuando ni siquiera se digitalizaban las planillas que manejaba Cenzón. Esto contrasta con las ideas de “gobierno abierto” y de “modernización” que Vidal y el PRO mantuvieron como banderas durante la campaña.

Según los últimos datos oficiales disponibles, hasta junio se había ejecutado el 20% de los $29.643 millones previstos, es decir, $5.995 millones. La eficiencia, comparada con el mismo mes de 2015, deja a la Administración de Vidal por debajo de la de Daniel Scioli. Para el primer semestre, el gobernador anterior había realizado casi un 30% de los trabajos planificados, $4.289 millones de un total de $15 mil millones.

Los datos que nadie muestra

Contexto también pudo acceder a los papeles que Cenzón (que renunció y hoy su cargo lo ocupa Roberto Gigante) repartió en la Cámara de Diputados en octubre, un dato oficioso pero no oficial. Allí los números son menos grandilocuentes: el presupuesto para obras públicas es de $17 mil millones y hasta septiembre sólo se habían ejecutado $4.852 millones, un 27%.

A pesar de nueves meses a un ritmo tan lento, Cenzón proyectaba tener un último trimestre glorioso: prometía desembolsos de $1.756 millones en octubre, $2.867 millones en noviembre y $2.670 millones en diciembre. De esta manera, aseguraba que iba a llegar a un 68% de concreción, con $12.146 millones destinados para tal fin. Pero, claro, no se quedó para cumplirlo.

Visto de otro modo: a pesar de sólo haber ejecutado $3.802 millones en ocho meses, se proyectaban $8.344 millones para el último cuatrimestre. Además, desde el massismo ponían en duda $2 mil millones de ese total, ya que aseguran que nunca se conformó una comisión especial para aplicar esa suma que llegaba de fondos federales.

Más dudas generan las expectativas por las licitaciones previstas en $25 mil millones para 2016 (la ejecución de obras se da en paralelo a las licitaciones) y que al primer semestre sólo alcanzaban $8.963 millones, quedando para la segunda mitad del año el desafío de licitar un restante de $16.640 millones.

Las obras públicas y los municipios

Párrafo aparte merece la relación de la provincia, el Presupuesto 2016 y los municipios. En enero, cuando se votó la ley de leyes, los más de cincuenta intendentes peronistas habían reclamado un fondo propio para seguridad y obras, para utilizar los recursos según la necesidad de cada distrito. El monto asegurado era de $7 mil millones en tres tramos. Ahora, los jefes comunales y los legisladores se quejan de que las partidas bajan a cuentagotas.

Es más, según los propios números de la provincia, el primer desembolso para el FIM (Fondo de Infraestructura de Municipios) llegó recién en julio. El segundo, en tanto, se produjo en septiembre y el último tendría que haber tenido lugar en noviembre –era parte de las estimaciones–.

Según el detalle de las licitaciones (por trabajo y por distrito), en los primeros seis meses se habían hecho 48 adjudicaciones de unas 200 previstas. Entre ellas, no hay ninguna de las “grandes obras” que prometió Vidal. Por el contrario, hay una mayoría que se trata de trabajos de bacheo encarados por la Dirección Provincial de Vialidad.

Por lo que se desprende, las mejoras de calles tuvieron, entre los destinatarios, a un solo jefe comunal del Frente para la Victoria: Mario Secco, de Ensenada. Las otras zonas favorecidas fueron las macristas Arrecifes, Morón, Junín, Saladillo, Dolores, Mar del Plata, Bahía Blanca, y las massistas Chivilcoy y Necochea.

Otra interpretación política puede tener lugar cuando se analiza lo que sucedió con la cuestión habitacional. Según los mismos datos, se licitaron cuatro obras para terminación de viviendas: dos fueron para La Matanza –de 24 cada una, 48 en total–, una para Pergamino –de 148 inmuebles–, y la última para Azul, de 298. Y justamente fue el intendente de Azul, Hernán Bertellys, el primero en pasarse del FpV a Cambiemos. Pergamino, a su vez, es un distrito radical.

La estrategia de Vidal ha sido, según puede verse, instalar en los medios la sensación de que está a cargo de la Administración que “más ha invertido en obra pública en la historia”. Sin embargo, sus números dicen lo contrario: Scioli ejecutó casi $7 mil millones en 2015 y la Gobernadora, por ahora, ha informado unos $5 mil millones. Dice su equipo que cerrarán con $12 mil millones. Está por verse.