Por Gabriela Calotti

“El neoliberalismo es una patología que convence a gente para que los voten para luego quitarles todas las cosas que tenían. Ojo, son ayudados por agentes transmisores que anidan en las pantallas de televisión y te hacen creer que todo lo que vos tenías era fruto del esfuerzo personal y nada tenía que ver el Estado”, aseguraba días atrás la ex presidenta Cristina Fernández de Kirchner ante unos 10.000 trabajadores de la salud reunidos en el Tercer Encuentro Nacional de Salud celebrado en el edificio José Hernández de la Universidad Nacional de Lanús (UNLa).

Con esa ironía, la ex mandataria se refería al primer año de gestión en materia de salud por parte del Gobierno de Mauricio Macri, que desmanteló políticas y programas sanitarios impulsados en los últimos doce años para incluir a las mayorías que hasta entonces estaban al margen de la salud y en general de los “determinantes sociales de la salud”, es decir, las condiciones socioeconómicas, culturales y medioambientales.

“Siempre he dicho que un programa de salud no se sostiene únicamente con políticas específicas. Un programa de salud requiere la presencia del Estado en todas las políticas de la vida social de los argentinos”, sostuvo la ex presidenta en ese encuentro multitudinario al referirse al ajuste que viene aplicando el Gobierno de Cambiemos, que con sus políticas neoliberales “le está desordenando la vida a la gente”.

Bajo el lema “Salud como derecho, soberanía sanitaria como estrategia y participación comunitaria como garantía”, miles de médicos, enfermeras, docentes, estudiantes, auxiliares, trabajadores no docentes y vecinos se dieron cita en ese encuentro organizado por la Comisión de Salud del Instituto Patria, durante el cual hubo debates y talleres, y que dio continuidad, aunque ya no desde el Estado como artífice, al Segundo Encuentro Nacional de Salud celebrado en octubre de 2015 en la ex ESMA en el último tramo de la gestión del entonces ministro de Salud Daniel Gollán.

Al cierre del encuentro, la ex mandataria fue distinguida con un Doctorado Honoris Causa de la UNLa “por los logros sociales de su gestión y por su contribución a la unidad latinoamericana”.

Además de los debates y talleres sobre diversas temáticas y áreas vinculadas con la salud, en la apertura disertaron medio centenar de profesionales y especialistas en la materia convocados igualmente por la Fundación Soberanía Sanitaria.

“Ningún proyecto de salud puede estar al margen de un proyecto de país. Ya advertíamos sobre las consecuencias que podía traer que ganara el liberalismo, y lamentablemente estamos viviendo esas consecuencias en la salud, aunque en lo único que nos equivocamos fue en la velocidad con que la están destruyendo”, afirmó ante el multitudinario auditorio reunido en el edificio José Hernández de la UNLa el ex titular de la cartera sanitaria nacional.

Tras afirmar que en los doce años de Gobiernos kirchneristas “todos los indicadores de la salud en la Argentina habían mejorado de forma extraordinaria”, Gollán aseguró que, según datos que se conocerán oficialmente a fin de año, en 2015 la mortalidad infantil se ubicó en el 9.7 (por mil).

“Lo bajamos casi un punto en el último año y no fue magia. Fue la Asignación Universal por Embarazo (AUE), fueron las maternidades seguras, fue el Plan Qunita, fueron las cirugías para los chicos con malformaciones congénitas. No fue milagro. Fueron todas esas políticas activas”, enfatizó Gollán.

En 2001, tras la caída del Gobierno de la Alianza encabezado por Fernando de la Rúa, la mortalidad infantil, uno de los principales índices que evidencian la calidad de vida en un país, se ubicaba en 16.3 por mil en promedio, aunque en las provincias del Noroeste argentino era superior. En pleno neoliberalismo menemista de los noventa, una época que recuerda las políticas de ajuste de Cambiemos, aunque ahora más salvaje, la mortalidad infantil estaba en 25.6 por mil.

“Estuvimos recorriendo el país y en todos los barrios encontramos tristemente la misma realidad: desaparecen los programas nacionales”, aseguró el ex ministro de Salud antes de enumerar los programas que fueron desmantelados o reducidos a su mínima expresión.

“En Jujuy nos contaban sobre la cantidad de mujeres que están teniendo partos prematuros porque no tienen el metronidasol. Por todos lados, estamos viendo el desastre. Está faltando medicación del programa VIH Sida, reconocido por el Programa de Naciones Unidas de lucha contra el Sida”, continuó Gollán.

“Están faltando reactivos y se discontinúan los tratamientos oncológicos […] Repartíamos 18 millones de kilos de leche; ellos compraron cuatro. Repartíamos 75 millones de preservativos por año; ellos compraron después de un año 35 para los dos años”, continuó antes de subrayar que las actuales autoridades de salud “retiraron los equipos de prevención a todo nivel”.

“Ya no hay más equipos nacionales para prevenir el dengue o la chikungunya”, enfermedades transmitidas por el mosquito Aedes Aegypti. A poco de comenzar su Gobierno, las autoridades macristas descabezaron la dirección de enfermedades vectoriales que desde hacía años venían trabajando en las tareas de prevención en todo el país, principalmente en el NOA y el NEA.

La misma política aplicaron con responsables de la Dirección Nacional de Enfermedades Inmunoprevenibles (DINACEI) que llevaron adelante la ejecución del Calendario Nacional de Vacunación, que cuenta con diecinueve vacunas gratuitas para niños, adultos, embarazadas, puérperas y personal de salud, puesto como modelo a seguir en la región por la Organización Panamericana de la Salud (OPS).

“Se tuvo que ir, por no decir que la echaron, la directora” de esa repartición, dijo Gollán. A Carla Vizzotti, responsable de la DINACEI, “le dijeron que no iban a necesitar de sus servicios”, pudo saber Contexto.

El desmantelamiento también alcanzó en un año de macrismo el programa de Médicos Comunitarios y la formación de verdaderos equipos de salud en el territorio, donde no sólo cuentan los médicos, sino los enfermeros y los agentes sanitarios, como vínculo esencial entre el centro de salud y el barrio para hacer realidad justamente la consigna de garantizar el acceso a la salud de las mayorías, de aquellos que no tienen obra social y menos pueden pagarse una prepaga.

“Todo lo están transfiriendo a las provincias”, sostuvo Gollán antes de asegurar que está claro que “hay provincias que directamente no pueden hacerse cargo de dichos programas” y enfatizar que justamente el rol del Estado nacional es impulsar las directrices de los programas y políticas públicas para “corregir las asimetrías que hay entre unas provincias y otras”.

“Están haciendo como en los noventa con los hospitales públicos”, afirmó Gollán, que tras dejar el Ministerio de Salud volvió a su puesto en el Hospital Narciso López de Lanús.

Entre la larga lista de programas recortados, mencionó el “Argentina Sonríe”, cuyos camiones equipados con tecnología de última generación en materia odontológica recorrían diversos puntos del país para facilitar prótesis a medida para quienes no pueden costeársela de forma particular.

Gollán no pudo dejar de referirse al Plan Qunita, impulsado durante su gestión para acompañar los primeros meses de vida de los recién nacidos y de sus madres, básicamente para reducir la mortalidad infantil por colecho con los padres por no contar con una espacio seguro para dormir.

El juez federal Claudio Bonadio no lo entendió así y ordenó quemar las cunitas, que son de madera encastrable, entregada una vez producido el nacimiento en una maternidad segura, con unos treinta elementos para el bebé y la mamá. Aunque el juez dio marcha atrás ante la creciente presión de organizaciones como UNICEF, fue imposible no ver en esa decisión odiosa una comparación con la Argentina posterior al golpe del 55 contra el general Perón, cuando “mandaron a destruir los pulmotores de la Fundación Eva Perón” o en un hospital público de La Plata dejaron los autoclaves encendidos durante 48 horas para que se quemaran solos.

“Son tan caraduras que las pocas cosas que no están destruyendo las inauguran como si fueran de ellos”, aseguró Gollán al referirse al programa federal CiberSalud que inauguró la ex presidenta y cuyo objetivo fue establecer el trabajo en red a distancia entre hospitales de todo el país para evitar traslados innecesarios pero dando solución a los cuadros médicos delicados. Hace unas semanas atrás Macri lo volvió a inaugurar cambiándole el nombre, ahora se llama “Telesalud”.

Por un gran frente social de la salud

Después de entregarle una placa de reconocimiento por su aporte a la construcción de la soberanía sanitaria en América Latina al sanitarista argentino Mario Testa, continuador de la escuela de Remón Carrillo, la ex mandataria argentina instó a la formación de un “gran frente social de la salud”.

“Este encuentro debe ser replicado en otras áreas, porque la tarea de organización popular excede con creces el rol de los partidos políticos y la capacidad de los partidos políticos. No descreo de los partidos, pero entiendo que no es suficiente”, sostuvo.

Consideró que el encuentro celebrado en la UNLa “debe ser el paso anterior a lo que deben constituir ustedes, un gran frente social de la salud, porque la organización popular va a requerir eso”.

“Recuperar la organización permitirá recuperar al Estado democrático”, sostuvo la ex presidenta, que, tal como hizo en otros encuentros públicos masivos en estos últimos meses, reiteró que para “volver a un país que incluía a millones […] tenemos que tener la generosidad de ampliar, cambiar, sustituir y no sólo importaciones, también hay que sustituir dirigentes entre los cuales me incluyo”.

“De lo que se trata es de que vuelva la sociedad empoderada”, aseguró antes de advertir que “el neoliberalismo es una enfermedad que se contagia por varias vías”, como la “colonización cultural y los medios de comunicación”, e instar a hacer un “examen reflexivo” como sociedad sobre las “responsabilidades [que] tenemos cada uno de nosotros en que las cosas estén como estén en nuestro querido país”.

El neoliberalismo de Cambiemos, como el que también ejerce la gobernadora bonaerense María Eugenia Vidal, es por ejemplo convertir un centro de salud casi recién inaugurado en un espacio para las fuerzas de seguridad. Así ocurrió con una Unidad de Pronta Atención (UPA) ubicada a un costado de la tan transitada ruta provincial 74, entre Pinamar y General Madariaga, que en estos meses cerró sus puertas por ser considerada “inviable” y se convirtió en un Destacamento Policial con todas las letras. ¿Ocurrirá lo mismo con todos los centros de salud y hospitales públicos del país para evitar un 2017 conflictivo por los aumentos en la tarifas de los servicios y del combustible y paritarias del 17%, muy debajo de la inflación?