Por Gabriela Calotti

“Estamos muy complicados. Hay una caída muy pronunciada de la actividad a partir de varios factores: la apertura indiscriminada de las importaciones, la caída del consumo –el 85% de nuestras pymes se fortalece del consumo interno–, las pymes no tienen financiamiento, y el incremento de las tarifas”, indicó a Contexto el dirigente de la UOM y diputado nacional del Frente para la Victoria (FpV), Abel Furlan.

Ese panorama “es el combo perfecto para que hayamos perdido 20.000 puestos de trabajo a partir de la asunción de este Gobierno y tengamos comprometidos por suspensiones para el año que viene cerca de 14.000 puestos de trabajo más”, sostuvo poco después de la ronda en Plaza de Mayo que un centenar de dirigentes y delegados de la Unión Obrera Metalúrgica (UOM), uno de los gremios más poderosos y antiguos del país, llevaron adelante en defensa de la industria nacional.

Según datos oficiales conocidos esta semana, la caída de la producción industrial en todos sus sectores en octubre fue del 8% en comparación con el mismo mes del año pasado, lo que marca el mayor descenso en lo que va de 2016. Esa cifra, difundida por el Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (INDEC), ensombrece aún más el panorama económico en la Argentina de Macri en su primer año en la Casa Rosada si se la suma a la estrepitosa caída que en el mismo mes registró el rubro de la construcción, con un derrumbe del 19,2%.

Furlan advirtió que en la industria metalmecánica hay en la actualidad por “falta de consumo una capacidad ociosa que ronda el 50%”.

Bajo el lema “Basta de importar, protejamos al trabajo argentino, defendamos la industria nacional”, los metalúrgicos mostraron preocupación en Plaza de Mayo porque “sin industria nacional no hay patria”, afirmaron en distintos carteles, en los que también reclamaban por la situación en Tierra del Fuego.

El presidente Mauricio Macri es empresario desde la cuna y parte imprescindible del Grupo Macri, uno de los conglomerados económicos más importante de Argentina que viene enriqueciéndose desde la dictadura con actividades en la construcción, la industria automotriz, el correo, la recolección de residuos y la industria de la alimentación, con intereses, también en Uruguay y Brasil, y ahora está empezando a dejar el tendal en su país.

“Nuestra principal preocupación es que no hay un solo dato económico que indique que la situación va a mejorar.”

“Nuestra principal preocupación es que no hay un solo dato económico que indique que la situación va a mejorar”, precisó el legislador del FpV.

Según diversos estudios sobre la situación en la industria, la caída se está registrando en todos los rubros empezando por la textil, automotriz, del calzado y del cuero, sin contar con lo que ocurrirá a partir de marzo cuando por decisión del Gobierno se elimine el arancel del 35% que rige para la importación de computadoras, que podría generar la pérdida de más de 10.000 puestos de trabajo directos e indirectos.

Eso ya está pasando, pues la fábrica IFSA (Informática Fueguina Sociedad Anónima), localizada en Río Grande (Tierra del Fuego), está a punto de dejar sin trabajo a 162 trabajadores. IFSA pertenece a BGH Positivo, dedicada a la fabricación de notebooks y netbooks del ya recortado Plan Conectar Igualdad. A su vez, esa rama pertenece al gigante de electrodomésticos BGH, que fabrica televisiones y acondicionadores de aire, que en esa ciudad austral dejará a otros cuatrocientos trabajadores en la calle.

Tras asegurar que lo que va a ocurrir con el sector electrónico es “tremendamente preocupante”, Furlan precisó que desde la UOM “le hemos propuesto al Gobierno que reduzca la caída de los aranceles del 35 al 16% y que quite las retenciones a todos los insumos necesarios para fabricar las computadoras”. El legislador y sindicalista consideró que el Gobierno debería tener presente que “esa industria aporta en la mayoría de los casos el primer empleo a gente joven”.

Por lo tanto, el Ministerio de Trabajo se contradice con su Ley de Empleo joven al “destruir una industria que tiene a los jóvenes como principales trabajadores”. Furlan aseguró que lamentablemente, por “una decisión política”, el gobierno de Macri va a abandonar una industria que se ha modernizado en estos últimos años.

En los cuatro sectores con mayor grado de vulnerabilidad en la industria, es decir, la producción textil y la confección de indumentaria, la industria automotriz, calzado, manufacturas y afines, está claro que la actividad siguió bajando a medida que aumentaban las importaciones, con el cuento macrista de “abrirse al mundo”.

De acuerdo con el Centro de Economía Política para la Argentina (CEPA), en esos sectores se registró un aumento del 25% de las importaciones tan sólo en los primeros nueve meses del año en comparación con el mismo periodo de 2016.

La industria textil, una de las más golpeadas, “viene en caída”, afirmó el jueves el secretario general de la UOM, Antonio Caló, a una radio porteña. “Antes contaba con 250 mil empleos, y ahora con 230 mil, 231 mil”, es decir que en un año se perdieron 19.000 puestos de trabajo.

“Están trayendo en forma desmedida toda la línea blanca. Los empresarios nos dicen que no pueden trabajar porque no hay forma de competir.”

“Están trayendo en forma desmedida toda la línea blanca. Los empresarios nos dicen que no pueden trabajar porque no hay forma de competir”, sostuvo Caló.

Y aunque a los empresarios también les conviene reducir el costo del salario, tal como viene pregonando el Gobierno para luego negociar paritarias a la baja bien baja con gremios debilitados, también admitieron que la facturación en la línea blanca bajó entre un 25 y un 30% según la Cámara de Empresarios de la Industria Metalúrgica.

La siderurgia cayó en octubre en 16,2%, la producción automotriz cayó en 19% (14% en el año), la producción de acero crudo se contrajo en 19,7% (15% en el año), la de minerales no metálicos vinculados a la construcción perdió 11,8% (5,7%) y la producción de petróleo bajó 1,7% (4,4%).

Contrariamente, la importación de vehículos para el transporte de personas aumentó en 28%, según el CEPA.

Alerta en Acindar

En consonancia con los datos conocidos sobre la caída en la producción siderúrgica, Acindar, que se presenta como una empresa líder en la provisión de aceros y servicios para la construcción civil y que está presente en San Nicolás y La Tablada (Buenos Aires), Rosario y Villa Constitución (Santa Fe) y Villa Mercedes (San Luis), está desguazando su planta Navarro de Rosario, denunció el jueves un delegado metalúrgico.

“Para mí la idea de Acindar es cerrar la planta. Estamos con el horno apagado y la producción parada”, afirmó Federico Espíndola a Radio Diez.

La planta Navarro de Acindar llegó a tener doscientos trabajadores. “Ahora hay cuarenta de planta y veinte contratados. Con los retiros voluntarios nos dejaron arruinados: dijeron que serían veinticinco y terminaron siendo ochenta”, agregó Espíndola, que trabaja en esa planta que tiene sesenta años de antigüedad y donde en la actualidad fabrican planchuelas de acero.

“Ayer estábamos en una reunión y en la planta llamaban a los compañeros con una lista. Vos sí, vos no. La gran mayoría de los compañeros no se quieren ir.”

La política que aplica Acindar no es ajena a la globalización impulsada a sabiendas por un Gobierno neoliberal como el de Macri, porque a los únicos que beneficia es a los empresarios que buscan la mano de obra más barata.

Acindar pertenece al gigante mundial del acero, el indio Arcelor Mittal, que en los últimos años no dudó ni un instante en cerrar altos hornos en Francia y Bélgica, pese a las promesas electorales, por ejemplo, del entonces candidato de la derecha francesa Nicolas Sarkozy, buen amigo de Macri, que durante su campaña fue a una de las plantas en Francia, se puso el casco amarillo y rodeado de obreros prometió que la planta seguiría funcionando.

“Acindar se quiere llevar más ganancias”, sentenció Espíndola. “Ayer estábamos en una reunión y en la planta llamaban a los compañeros con una lista. Vos sí, vos no. La gran mayoría de los compañeros no se quieren ir”, fue el comentario desgarrador de este trabajador metalúrgico que forma parte de una de las 52 seccionales de la UOM a nivel nacional, donde cuenta con 260.000 afiliados, como resultado de la decisión política “de Kirchner de fortalecer un proceso de industrialización y consumo interno”, subrayó Furlan.

Antecesora de la UOM fue la Sociedad de Resistencia Metalúrgica, aunque el actual sindicato se creó recién el 20 de abril de 1943, con su primer secretario general Nicolás Giuliani.

“Nosotros sabemos que destruir la industria metalmecánica es muy fácil, pero volver a reconstruirla lleva décadas, y esa enseñanza nos la dejó la crisis de 2001 con políticas muy parecidas a las que está llevando adelante Macri, que va por el camino de la desindustrialización”, sostuvo el diputado nacional.

Cambiemos es la versión redoblada de la Argentina neoliberal de los noventa. En aquella década menemista se cerraron en el país 87.000 empresas e industrias y casi todos los colegios industriales, como en el caso del reconocido Albert Thomas de La Plata, que se vino abajo y cuyos talleres fueron abandonados. Y sin embargo, en los años cincuenta, aunque parezca mentira, estudiantes del “industrial” de calle 1 fabricaban allí piezas ortopédicas que entregaban gratuitamente a quienes las necesitaban. El Golpe del 55 contra Perón y la clase trabajadora puso fin a esa noble tarea.