Por Roberto Álvarez Mur

En el marco de un propuesta impulsada por el legislador porteño del Frente para la Victoria Pablo Ferreyra, se colocó una placa honorífica en la fachada de la calle Estados Unidos al 1238, donde durante dos décadas funcionó el mítico espacio cultural Cemento, hoy desaparecido y devenido en una playa de estacionamiento municipal. El acto, encabezado anteayer por el propio Ferreyra, contó con la presencia del poeta y artista escénico Fernando Noy -reconocido exponente de las tertulias y espectáculos alternativos de Cemento junto al recordado Batato Barea-, y la actriz Katja Alemann, mentora del lugar junto a su pareja, el fallecido Omar Chabán.

“Cemento fue un semillero de bandas de rock fundamentales, al nivel de lugares como La Perla de Once. Y tal como sucedió con otros espacios como el Café Einstein o el Parakultural, las huellas de Cemento fueron borradas por las gestiones de la Ciudad. Señalar estas huellas, volverlas a marcar, creo que pone una semilla para rescatar estos espacios”, dijo a Contexto Ferreyra, respecto del reconocimiento del espacio que vio crecer desde sus inicios a grupos como Sumo, Los Redonditos de Ricota o Babasónicos, así como sirvió de espacio de expresión y experimentación para artistas de teatro, poetas o activistas en tiempos de pleno neoliberalismo.

cemento

“Dada la falta de cuidado para con nuestro patrimonio cultural, pusimos esta placa para que no se pierda el recuerdo de este espacio que ha sido borrado físicamente”, expresó Ferreyra y agregó: “Es un primer paso para recuperar un sitio para la cultura rock que se aleje de las propuestas mercantilistas, y permita un renacer en un momento en que miles de bandas pululan por doquier buscando lugares donde tocar sin que les cobren, y donde la propuesta sea cercana a sus ideales estéticos y artísticos”.

Ferreyra: “fue un semillero de bandas de rock fundamentales, al nivel de lugares como La Perla de Once. Y tal como sucedió con otros espacios, las huellas de Cemento fueron borradas por las gestiones de la Ciudad”

“Cemento, primero y antes que nada, fue un lugar totalmente inclusivo. No se le decía que no a nada ni a nadie. Sino todo lo contrario, siempre se trabajó para que sea un lugar donde todo pudiera convivir y coexistir. Y eso fue gracias a la determinación y visión de Katja Alemann y Omar Chabán. Hoy hacen falta lugares así”, dijo a Contexto el cineasta Lisandro Carcavallo, realizador del primer documental sobre la discoteca, a estrenarse a principios del año próximo

cem“Es un pequeño paso pero que toma grandes dimensiones ya que Cemento está olvidado desde hace muchos años. Y, por eso, desde hace tantos otros está convertido en un estacionamiento. Espero que marque un precedente y le empecemos a dar más bola a estos lugares que tanto aportaron a nuestra cultura”, sostuvo Carcavallo y agregó: “Hay pocas políticas culturales hoy en la Ciudad. Y las que hay son muy pobres. Por suerte somos un país que está repleto de artistas. Lamentablemente, ante la falta de espacios, lo que se muestra de eso queda en manos de unos poquitos”.

Las puertas de Cemento abrieron por primera vez en julio de 1985, en un clima de euforia que mezclaba el vacío legado por el terrorismo de Estado y la necesidad de explorar la reapertura democrática, aun signada por el escepticismo.

Carcavallo: “Cemento, primero y antes que nada, fue un lugar totalmente inclusivo. No se le decía que no a nada ni a nadie. Sino todo lo contrario, siempre se trabajó para que sea un lugar donde todo pudiera convivir y coexistir”

En pleno postdictadura, Cemento emergió como una de las pocas discotecas porteñas sin tener “derecho de admisión”, con un público que podía conjugar a porteños curiosos en busca de novedades o “tribus” de cualquier punto del conurbano en busca de un espacio de referencia. La ubicación en pleno barrio de Constitución lo convertía en un punto de acceso directo para cualquier distancia, tanto geográfica como cultural.

“Querían tener un lugar, después de tantos años de censura y represión, donde expresarse y donde ser libres. Fue un lugar donde se le dio lugar tanto a recitales, como a performances, a los rockeros y a las trans”, dijo Carcavallo y agregó: “Marcó un quiebre en términos de posibilidades, fue una apuesta total al arte y a todo aquel que buscar un lugar donde poder ser sí mismo”.

ceDe la misma manera, había recordado el artista Fernando Noy, en una entrevista brindada a Contexto, sus noches de gloria en la discoteca: “Estábamos muy necesitados de ganar el pan. Éramos felices en una fiesta permanente. Figuras muertas, como Alejandra Pizarnik, estaban más vivas que nunca. Utilizábamos los poemas como objetos de performance y para sacar al clown de ese lugar del chiste barato. (Chabán) fue un visionario de gran honestidad, te mostraba Cemento y te decía ‘este es el peor lugar del peor lugar del mundo’”.

Según remarcó Ferreyra, la distinción a Cemento es observada con entusiasmo como un potencial puntapié inicial para reconvertir el espacio en un centro cultural donde pueda otorgarse a la emblemática discoteca, finalmente, el lugar de trascendencia que le corresponde y que hoy solo sobrevive en la memoria.