Por Silvia Montes de Oca

Existe una tendencia a comunicar desde los mismos lugares donde se produce el conocimiento y las universidades son uno de ellos. A lo largo de los años se han explorado nuevas maneras y espacios para hacerlo. En Argentina, desde mediados del año 2000, el café científico, el café de las ciencias o las mateadas científicas, son una estrategia probada de comunicación pública de la ciencia.

Si hay algo que le sobra a la ciencia son historias para ser contadas y deben contarse como se le cuentan a un amigo en un café, decía el editor y periodista científico Leonardo Moledo. La popularización de la ciencia ha sido por momentos el paso previo a la divulgación y, en otros, su consecuencia. La pregunta es de qué modo, por cualquiera de las dos vías, las personas se apropian de ese conocimiento. Cuando surgió  la idea de incluir dentro de las actividades del Planetario de la ciudad de Buenos Aires la realización de los Cafés Científicos, la primera experiencia en el país, se iniciaba una experiencia ya conocida en el mundo. La más cercana en el tiempo, en 1997, en Leeds, una populosa ciudad al norte de Inglaterra. Siguiendo esa tradición, el encuentro en bares entre un público heterogéneo reunido para conversar con un científico, generalmente sobre temas de su especialidad,  tuvo su origen unos siglos antes.  En 1725, la revista inglesa Spectator había inspirado una campaña con el objetivo de “sacar la filosofía de los armarios y las librerías, de las escuelas y los colegios para que viva en los clubes y asambleas, en las mesas de té y en las casas de café.” O lo que para el científico británico Oliver Sacks era “volver a poner a la ciencia dentro de la cultura”.

El primer ciclo de Cafés Científicos organizado por el Planetario de la Ciudad de Buenos Aires coincidió con los finales de 2001. En los días del “que se vayan todos”, cuando el sentimiento que ganaba la calle socavaba todo principio de autoridad,  los diálogos entre el público y los científicos empezaron a multiplicarse  en distintas instituciones, generalmente universidades o ámbitos ligados a la academia.

“Comunicar conocimiento científico sin plantearse desde dónde se hace, cómo se hace y por qué se hace, vacía de contenido a la tarea que se realiza”

El Dr. Antonio Mangione, docente e investigador de la Universidad Nacional de San Luis (y columnista de esta sección) estaba por esos días haciendo su programa  de radio y con el equipo vieron la posibilidad de multiplicar la repercusión que tenía organizando lo que fue la segunda experiencia en el país. “Comunicar conocimiento científico sin plantearse desde dónde se hace, cómo se hace y por qué se hace, vacía de contenido a la tarea que se realiza. Para nosotros, ciencia es un fenómeno cultural. Nuestra percepción sobre la práctica científica, el uso del conocimiento, la forma de acercarnos a comprender el entorno, define en parte nuestra cultura”. Con seguridad, se puede afirmar que los científicos cometen errores de cálculo al imaginar cuántas personas pueden estar interesadas en escuchar lo que ellos tienen para decir. Lo concreto es que el ciclo de charlas que organizaron en el Macedonio Libros-Bar de la capital puntana dejó en más de una oportunidad a la gente afuera.

La convocatoria siguiente se produjo en Bariloche, donde la única constante que permanece a lo largo del tiempo es el número de asistentes. Entre cincuenta y sesenta personas concurren a los cafés científicos sin importar el tema del encuentro. Puede variar la franja etaria,  la proveniencia y la singularidad de los participantes. “Tal vez algunos temas atraen a gente más joven, estudiantes. O algún tema que es de interés para un docente y eso arrastra a un grupo de alumnos para un tema en particular”.

Y están aquellos que Hugo Corso llama “los consecuentes”, la gente que va casi siempre y que en todos los casos, expresa el reconocimiento a la actividad no sólo con su presencia.  Hugo Corso, que es ingeniero químico e investigador del Departamento de Materiales Metálicos y Nanoestructurados del Centro Atómico Bariloche  y docente de química en el Centro Regional Universitario  de la Universidad Nacional del Comahue, se sumó en 2010 al trabajo que desde 2005 venía realizando la Dra. en Física Juana Gervasoni: organizar los Cafés Científicos una vez por mes, de marzo a junio y de agosto a noviembre.

En diciembre de 2015, después de cumplir una década organizando estas reuniones, le pasaron la posta de la organización de la actividad a otro equipo de trabajo, mientras continuarán integrados a  la  red internacional de cafés científicos (www.cafescientifique.org). Los cafés se inscriben en lo que la Dra. Gervasoni denomina “actividades  de  divulgación  científica, comunicación  científica, proyectos de perfeccionamiento docente y actividades de carácter no formal para alumnos de todos los niveles educativos”.

Una hipótesis para explicar la continuidad de estos encuentros es su geolocalización: las charlas se realizan en un entorno físico y simbólico que opera a la manera de un polo científico, con  epicentro en la ciudad de Bariloche. Allí están el Instituto Balseiro, INVAP, el Centro Atómico Bariloche, el INTA, la Universidad Nacional del Comahue, la Universidad Nacional de Río Negro y una extensión de la Universidad Tecnológica Nacional. Lo que Corso señala como “una concentración de gente de ciencia muy elevada para una ciudad”.

“Acá en Bariloche, la gente es un poco remisa a salir a la noche, sobre todo en el largo invierno que tenemos. Durante mucho tiempo hicimos los Cafés en un quincho que tiene la cooperativa del personal del Centro Atómico. Y más recientemente, en un espacio cedido por la Municipalidad de Bariloche, en el Centro Cívico. Esto posibilitó que viniera un público general, por ahí no tan vinculado a la actividad científica”

“Si logramos que los asistentes expresen sus dudas, se cuestionen lo que pensaban y se vayan con más preguntas que las que se habían hecho antes, habremos conseguido nuestro objetivo de cada encuentro”

“Hemos tratado temas más vinculados a la ciencia o la investigación y otras veces, cercanos al arte y la filosofía, con distintas visiones acerca del universo, cosmologías, incluso puntos de vista acerca de la religión. La idea es integrar a quienes no se han iniciado en las cuestiones científicas por lo que tratamos que los temas sean expuestos sin fórmulas matemáticas, gráficamente y con un lenguaje muy accesible. Con todo hay algunas cuestiones que son difíciles, por ejemplo, cuando hablamos de la Relatividad. Sin embargo, quienes han venido a exponer a nuestros Cafés, han tenido la habilidad para poder transmitir las ideas principales de estos temas que son más duros y más abstractos”.

En  un  ambiente relajado, donde el público se  sienta  más  motivado a  participar, durante una década se ha charlado sobre la historia de la física cuántica, los secretos de la ciencia forense y hasta los mitos de la ingeniería genética. La lista, extensa, incluye también la mirada desde las ciencias sociales, como la antropología, la lingüística y la historia de la ciencia.  “Si logramos que los asistentes expresen sus dudas, se cuestionen lo que pensaban y se vayan con más preguntas que las que se habían hecho antes, habremos conseguido nuestro objetivo de cada encuentro”.

A diferencia de otros “cafés”, la compilación de las charlas que reúnen los temas tratados en los distintos encuentros se basan en artículos especialmente escritos por los científicos y no en la desgrabación de la charla. Corso cuenta que en este momento está trabajando en la edición del último libro –el sexto- que reunirá lo hecho en 2015.  Y están prontos a subir en el canal You Tube los cafés que fueron filmados, de momento sólo disponibles en DVD.

En la Universidad Nacional de General Sarmiento, el Museo “Imaginario” de Ciencia, Tecnología y Sociedad fue el primero en organizar un ciclo de Mateadas Científicas, al que le siguió desde este año la Universidad Nacional de Hurlingham, ambas en la noreste de la Pcia. de Buenos Aires. Para la UNAHUR el objetivo es  tener un espacio dedicado a la ciencia y su relación con la vida social, económica y política del país, donde una vez por mes, los estudiantes interesados tengan su “complemento mensual de ciencia”. En el conurbano bonaerense, el mate le ganó la pulseada al café.

El “Café de las ciencias” es un ciclo que organiza el Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva, a través del Programa Nacional de Popularización de la Ciencia y la Innovación y de la Dirección Nacional de Relaciones Internacionales, junto con la Embajada de Francia en Argentina. En el marco del cincuenta aniversario de cooperación bilateral y desde entonces, un científico argentino y otro francés presentan una vez al mes un tema relacionado con sus investigaciones y dialogan con el público. La caracterización de estas charlas ha sido la de un espacio de reflexión con la comunidad científica, que se funda en el encuentro y el intercambio, una instancia donde conocimiento científico y vida cotidiana interactúen. La impronta francesa se traduce en su icónico aporte culinario: café, sí, y brioches, pero sobre el final de la charla, aparecen las copas de vino tinto y los quesos en triángulos. Todo sucede en el bar del Centro Cultural de las Ciencias, en el Polo Científico Tecnológico de las ex bodegas Giol.

La última experiencia en desembarcar en territorio porteño en 2014 fue el ciclo organizado por la Academia Nacional de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales,  con la conducción de la periodista Nora Bär (www.ancefn.org.ar/comunidad/cafe_cientifico.html)

Fuera de Buenos Aires, la oferta es creciente. La Universidad Nacional de Córdoba inscribe esta iniciativa desde el año 2009, en el marco del Programa de Divulgación Científica, Tecnológica y Artística de la SECyT. Los cafés científicos fueron pensados como espacios de interacción y diálogo abierto entre científicos de la UNC e invitados de otras Universidades y el público, sobre diversos  temas,  relacionados con las ciencias sociales y humanas y con las ciencias de la naturaleza. Como en todos los casos,  se persigue el acercamiento de un público no especializado a la ciencia, en un ambiente distendido y lúdico, que contribuya a una reflexión crítica y a la popularización del conocimiento científico. A su vez, los Cafés buscan contribuir en la participación de docentes e investigadores en ámbitos no universitarios de comunicación pública de la ciencia, la tecnología y el arte.

En www.unc.edu.ar/investigacion/programas/programa-de-divulgacion-cientifica/cafe-cientifico se puede acceder a un resumen escrito, registro fotográfico y, en el algunos casos, a los audios completos de los Cafés Científicos realizados durante estos años.

En Misiones, el Café Científico Posadas es una iniciativa del Laboratorio del Grupo de Investigación en Genética Aplicada (GIGA), dependiente del Instituto de Biología Subtropical (IBS, CONICET – UNAM) y de la Facultad de Ciencias Exactas, Químicas y Naturales de la Universidad Nacional de Misiones: un proyecto creativo de educación que buscar concretarse gracias al financiamiento colectivo y a través de las redes sociales. Cuenta con el apoyo de CONICET,  a través del Programa de Promoción de Vocaciones Científicas (VocAr) y recientemente fue declarado de Interés Provincial por la Cámara de Representantes de la Provincia de Misiones.

En el otro extremo del país, la Universidad Nacional de la Patagonia San Juan Bosco (UNPSJB), los cafés científicos están co-organizados por el Programa de Arte y Ciencia del Museo Nacional del Petróleo y el programa radial “Café Científico” que se transmite por Radio Universidad. Allí las entradas se procuran con anterioridad al encuentro y se avisa que los cupos son limitados.

En la provincia de Santa Fe, donde los cafés se realizan desde 2008,  la coordinación corre por cuenta de la Subsecretaría de Promoción Científica y Apropiación Social del Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva, en conjunto con la Secretaría de Vinculación Tecnológica y Desarrollo Productivo de la Universidad Nacional del Litoral, el Conicet-Santa Fe, la UTN Regional y la Universidad Católica. Detrás de ese entramado institucional, se especifican claramente los objetivos: “acercar la ciencia y la tecnología a la vida cotidiana de los santafesinos. Estimular el debate, acerca de los modos de apropiación y producción de la ciencia y la tecnología con el público interesado. Promover su apropiación social para la mejora de la calidad de vida y bienestar de los ciudadanos”. Por otra parte, la provincia ofrece solicitar la realización de los Cafés Científicos en cualquier localidad de la provincia, por cuenta de organizaciones civiles, dependencias del estado provincial, municipal y comunal. (www.facebook.com/CafesCientificos/)

En la Universidad Nacional de Quilmes, el café científico se dio en el marco de la celebración de la semana de la ciencia, en setiembre pasado. “Como en sus inicios, en la Europa del siglo XVII, el café volverá a funcionar -al menos por un rato- como centro de opinión y se constituirá como una poderosa usina de información y diálogo”.