Por Contexto

La restitución de los caciques Gheneral, Indio Brujo, Gervasio Chipitruz y Manuel Guerra, entregados a la Comunidad Indígena Cacique Pincén Mapuche Tehuelche de Trenque Lauquen, tuvo lugar en la fecha previa a una conmemoración sensible para los pueblos indígenas: el Último Día de Libertad de los Pueblos Originarios de América.

El pedido de devolución se había originado el 19 de abril pasado, ocasión en la que se produjo la restitución de restos humanos de otros individuos de la etnia selk’nam de Tierra del Fuego.

Fue una ceremonia solemne y colorida, con fuerte presencia indígena y de autoridades de la UNLP, en la que abundaron sonidos de las tierras ancestrales y los pasillos del Museo de La Plata se inundaron de un blanco fantasmal y de un denso e inconfundible aroma a palo santo y romero, sello distintivo de los ritos mapuches que nutrieron una jornada histórica.

Chipitruz y Manuel Guerra eran caciques pampas de la zona oeste de la ciudad de Azul, en tanto que Indio Brujo era cuñado de “Baigorrita”, que respondía al cacique Mariano Rosas, y Gheneral fue un jefe indio que murió en el marco de los enfrentamientos con tropas del Estado.

María Isabel Araujo, representante de la Comunidad Indígena Cacique Pincén Mapuche Tehuelche de Trenque Lauquen, destacó la característica “histórica” que tiene esta restitución “para nuestro pueblo”.

“Venimos a este lugar en representación del Lonko Lorenzo Cejas Pincén. Venimos a un museo que para nuestros pueblos es símbolo del holocausto, y hoy vamos a liberar los espíritus” de aquellos descendientes que aquí yacieron por tanto tiempo, expresó Araujo.

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“Esta ceremonia en la que los cuatro caciques vuelven con sus ancestros es fundamental para nuestras comunidades” y para “seguir luchando por la memoria, verdad y justicia” para nuestros pueblos.

Por otro lado, Fernando Pepe, referente del colectivo GUIAS, organización autoconvocada nacida en el seno de la Universidad para atender los reclamos de los pueblos originarios, dijo que con esta devolución “se está cumpliendo con lo que prometimos hace diez años, que era llenar el Museo con las comunidades originarias”.

El fuerte impacto simbólico de esta premisa esgrimida por Pepe se nutrió de las sucesivas restituciones y se verán reforzadas con los avances en los pedidos de los restos del Cacique Calfucurá, un guerrero indio que combatió por años el avance del hombre blanco sobre sus fronteras, para “el año que viene”.

Los cráneos que vuelven con sus reclamantes son un intento por empezar a saldar “muchos años de deudas”, en los que los pueblos “aprendieron a resistir para que los lonkos que el Museo tenía guardados vuelvan a sus territorios”, destacó Pepe.

A su vez, la directora del Museo de La Plata, Silvia Ametrano, manifestó la importancia de este momento, que permite demostrar “de parte de la institución y la comunidad los sentimientos” y los procesos de negociación que tuvieron lugar para que esta ceremonia compleja y simbólica se lleve a cabo, especialmente con Lorenzo Cejas Pincén.

“Las políticas de restitución de restos humanos comenzaron hace décadas en diferentes museos del mundo. El Museo de La Plata realizó su primer acto de este tipo en el año 1994, y en la actualidad ha consolidado una política integral que contempla también la conservación, exhibición e investigación de restos humanos”, indicó Marina Sardi, antropóloga del Museo.

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Este nuevo contexto de saber –agrega Sardi– “está motivado fundamentalmente por los procesos de visibilización, reorganización y reemergencia de distintos pueblos originarios, así como por el reconocimiento de sus derechos. Estos derechos contemplan las relaciones de cada comunidad con sus muertos, la pertenencia y la identidad”.

“Dichos cambios interpelan además a los investigadores, al derecho al conocimiento y a sus consecuencias. El debate al interior de la comunidad científica progresivamente reconoce el reclamo sobre aquello que solo fue, hasta hace unas décadas, un objeto de estudio”, manifestó la especialista.

Una historia compleja

El texto que acompaña el expediente que certificó la devolución de los restos señala que estos llegan al Museo en 1889, “como parte de una colección craneana que fue donada por Estanislao Zeballos, un intelectual de la “Generación del 80” dedicado al periodismo, a las letras, al derecho y a argumentar a favor de la conquista del desierto roquista.

En los escritos de Zeballos, especialmente en Viaje al país de los Araucanos, hay referencias a los personajes que conoció en vida cuyos restos ahora son reclamados por sus descendientes.

La devolución de los cráneos de Gheneral, Chipitruz, Manuel Guerra e Indio Brujo es la sexta de una serie de procesos similares que comenzaron hace más de veinte años y permitieron que los restos de Inacayal y su mujer, Margarita Foyel, Damiana Kryygi, Panguitruz Güor, Sekriot y tres individuos selk’nam vuelvan con sus antepasados y a sus tierras originarias. Según estimaciones y registros oficiales, aún quedan en los depósitos del Museo de La Plata los restos de entre 1.500 y 2.000 individuos de diversas procedencias.