Por Flavia Delmas

La represión en el Encuentro Nacional de Mujeres (ENM) frente a la Catedral de Rosario fue la noticia que recorrió el país y ocupó los portales del domingo a la noche. Si no hubiese habido represión, la noticia sería la marcha multitudinaria de 90 mil mujeres cantando contra el ajuste del Gobierno nacional, por el aborto legal y la libertad de Milagro Sala. Esto nos lleva a pensar cuál fue el objetivo de un grupo de encapuchados que dieron la excusa a la Policía Local para desatar un vendaval de balas de goma y gases lacrimógenos.

En la lluvia de balas fueron heridas treinta personas, entre ellas el fotógrafo de Telam José Granata, que manifestó que lo que buscaron fue “impedirnos la libertad de trabajo y mostrar la marcha. Tengo una bala en la cabeza, otra acá en el brazo derecho y en la cara; son tres balas de goma”. También fueron agredidos Alberto Furfari, de Canal 5 local, una fotógrafa de La Garganta Poderosa con un impacto de bala en la frente y otra de Página/12 que sufrió tres balazos de goma en el cuerpo.

Los repudios a la represión no se hicieron esperar: el Comité Organizador del ENM realizó una conferencia de prensa a la mañana siguiente donde expresaron estar en contra de “cualquier tipo de represión”, ya que se puso en riesgo a todas las mujeres que movilizaron.

El Frente de Mujeres del FpV denunció que “el cambio de Gobierno nacional trajo consigo la violencia institucional de las fuerzas de seguridad”, y que mientras miles de mujeres se manifestaban “la ministra de Seguridad (Patricia Bulrrich) se regocijaba con el debate presidencial estadounidense”.

Por su parte, el arzobispo de Rosario, monseñor Eduardo Martin, también repudió la represión. Aclaró que no llamó a custodiar la Catedral y sostuvo que “siempre hay esa intolerancia, esa violencia que se ejerce”, y resaltó que la marcha “transitaba pacíficamente”.

Marcando el signo de este tiempo, las palabras de Maximiliano Pullaro, ministro de Seguridad de Santa Fe, en relación con el operativo de la Policía fue definirlo como “correcto y extremadamente profesional”.

encuentro

El antecedente inmediato que aún está fresco en nuestras memorias es la represión de Mar del Plata en la Catedral, donde actuó un grupo parapolicial a las órdenes de Pampillón, mano derecha de Arroyo, actual intendente de la ciudad.

En aquella oportunidad fueron los matones unidos a la Policía quienes golpearon y privaron ilegítimamente de la libertad a tres mujeres. La represión se trasladó al interior de la Catedral “custodiada”, una de las mujeres fue conducida esposada al hospital como consecuencia de la paliza recibida y luego liberada tras la actuación de organismos de derechos humanos.

Lluvia sobre el ENM

Los ENM celebran un ritual poco visto en América Latina. Miles de mujeres de todo el país se organizan y autofinancian los viajes, duermen en escuelas y clubes, ocupan todos los hoteles de la ciudad elegida y durante dos días debaten sobre una enorme cantidad de temas que les interesan. Este año fueron 69 los talleres que desbordaron y se subdividieron en seis, siete, ocho o más comisiones. Se estiman entre 90 mil y 100 mil las mujeres que transitaron las calles de Rosario, una sede especial ya que allí se debatió por primera vez en el taller de estrategias para el aborto y dio pie a lo que luego sería la Campaña por el derecho al aborto legal, seguro y gratuito.

Al finalizar el ENM, durante el cierre se hacen las presentaciones de las sedes para el año próximo, propuestas que deben ser aclamadas por el público y definidas por aplausos y vítores. En esta oportunidad no hubo posibilidad de realizar propuestas: una valla humana impidió que quienes llevaban a la Ciudad Autónoma de Buenos Aires como el próximo lugar del ENM accedieran al palco. Sin sonido y a megáfono inaudible, se propuso Chaco. Rápidamente, un grupo grande pero no mayoritario se retiró del Monumento a la bandera sin explicación alguna, ocupándose de instalar en los medios que la sede ya estaba elegida frente al atónito desconcierto de las que quedamos bajo la lluvia.

Burda maniobra que pone en vilo la continuidad de los ENM en unidad, diversidad y riqueza de expresiones, lo que durante años, y a pesar de todos los intentos de transformar el consenso con el repetido “que se vote”, hemos denominado “el espíritu del ENM”.