Por Flavia Delmas*

El asesinato de Lucía Ríos cometido por Gustavo Arzamendia deja un sabor amargo, doloroso, y como tantas veces nos lleva a preguntarnos por qué no se pudo prevenir. ¿Es que no se vieron los indicios o acaso las puertas que se golpearon no dieron las respuestas necesarias?

La violencia de varones contra mujeres en parejas/relaciones entre jóvenes tiene signos, puede distinguirse si se observa con una mirada preparada. A veces las familias están atravesadas por diferentes tipos de violencia y esto lleva a su naturalización, y a veces las mujeres han recorrido caminos infructuosos, rutas críticas plagadas de derivaciones con ojos (y no escuchas) puestos sobre ellas, dando recetas fragmentadas, y alejados de los varones violentos, lo que les permite actuar impunemente.

Pero las niñas jóvenes, ¿a dónde pueden pedir ayuda? El colegio se torna un espacio estratégico de visualización y articulación de estrategias de intervención.

Si nos centramos en el escenario escolar, la pregunta sería si están los gabinetes escolares preparados para detectar los signos de la violencia. A su vez, ¿todas las escuelas tienen gabinetes? La respuesta me la da la experiencia de tener hijxs en edad escolar. No todas lo tienen, por lo cual la situación de la obligación de la denuncia que como funcionarias/os públicas/os tienen de acuerdo con las leyes 26.485 y 12.569 se complica.

¿Quién debe formar a los gabinetes y docentes en violencia familiar/doméstica/contra mujeres y de género? ¿Se ha manifestado alguna preocupación por parte del Gobierno para avanzar en políticas de prevención y detección temprana? Esto último dificulta aún más el panorama, nos encontramos en un momento en que el Estado le quita el cuerpo a las necesidades y abandona a las personas, desconoce el conflicto, subejecuta presupuestos y restringe las políticas de Educación Sexual Integral, clave en la prevención de la violencia y el abuso, a una semana en el calendario escolar.

El aislamiento, los silencios, el deterioro físico, el bajo rendimiento en clases, la falta de concentración, son algunos de los indicadores, algunas de las señales de los rastros de la violencia. A su vez, el control por celulares y el Facebook son constantes en estos tiempos virtuales y en relaciones de parejas jóvenes, donde podemos apreciar la escalada de la violencia en corto tiempo.

Son imprescindibles políticas públicas y compromiso social para que nunca más, para que ni una menos.


* Secretaria de Género de la Facultad de Periodismo y Comunicación Social, UNLP.