Por Gabriela Calotti

La Justicia de Mercedes condenó a veinte años de cárcel a un policía de la Federal que en marzo de 2013 mató a balazos por la espalda a Carlitos Abregú y Emanuel Ojeda en la zona del dique de Moreno, en el norte del Conurbano bonaerense, en otro caso de gatillo fácil, anunciaron a Contexto los familiares de los chicos que apenas tenían diecisiete años y miembros de la Coordinadora contra la Represión Policial e Institucional (CORREPI).

Presente en la sala, Aníbal Alejandro Aguirrez Manzur, el agente de la Policía Federal que fue detenido recién un año después de la tragedia, recibió sin embargo una condena mucho menor de la esperada por la defensa de los dos chicos asesinados, que había solicitado cadena perpetua. Los dos agentes señalados como cómplices de encubrimiento, de apellidos Segovia y Olguín, fueron absueltos, precisaron fuentes de la CORREPI.

“Le dieron veinte años. No nos devuelven la vida que este tipo se llevó, ni aunque lo hubieran condenado a cien años”, afirmó Gloria, la mamá de Carlitos, desde el tren que la llevaba la tarde del jueves de Mercedes a Moreno.

“Le dieron veinte años. No nos devuelven la vida que este tipo se llevó, ni aunque lo hubieran condenado a cien años”, afirmó Gloria, la mamá de una de las víctimas.

No obstante, sentía “alivio, porque no va a estar caminando por la calle y no va a matar a más nadie, a ningún chico más”, sostuvo, horas después de escuchar la lectura del fallo en dependencias del Tribunal Oral en lo Criminal N° 4 de Mercedes, donde tuvo lugar el juicio en los últimos días de agosto.

“Vamos a seguir en la lucha por los demás chicos”, aseguró Gloria antes de subrayar con firmeza que “estos asesinos están avalados por el Estado”.

El domingo 17 de marzo de 2013, en la zona del dique de Cascallares, en Moreno, el agente de la Federal Aníbal Alejandro Aguirrez Manzur, secundado por los agentes Segovia y Olguín (de la misma fuerza) asesinaron por la espalda a Carlos Abregú y a Emanuel Ojeda, ambos de diecisiete años, con su arma de servicio. Emanuel falleció en el acto y Carlitos permaneció en estado crítico en el hospital de Moreno durante dos meses y diecisiete días, hasta que finalmente murió el 3 de junio de ese año.

Aguirrez Manzur, que permaneció en libertad durante más de un año, fue finalmente detenido en mayo de 2014 y acusado de doble homicidio agravado por su condición de policía y en abuso de esa función.

Los tres policías fueron defendidos directamente por seis abogados de la Dirección de Asuntos Jurídicos dependiente del Ministerio de Seguridad de la Nación a cargo de Patricia Bullrich, según la CORREPI, que se hizo cargo de la acusación.

“Vamos a seguir en la lucha por los demás chicos”, aseguró Gloria antes de subrayar con firmeza que “estos asesinos están avalados por el Estado”.

Como viene ocurriendo en todos los casos de gatillo fácil, la defensa de los policías argumentó que los dos chicos le quisieron robar la moto a Aguirrez Manzur y que su muerte fue resultado de un enfrentamiento. Pero el juicio puso en evidencia que Carlos y Emanuel estaban desarmados: las pruebas de pólvora en sus manos dieron negativo, relató Carlos Abregú padre.

¿Qué ocurrió aquel día de marzo de 2013? Según el padre de Carlitos, como lo llamaba la familia y los amigos, los chicos iban en la moto de Emanuel por la zona del dique cerca de las cinco y media de la tarde. Allí fueron interceptados por tres policías de la Federal. Aguirrez Manzur iba en moto. Les disparó sin motivo y mató en el acto a Emanuel. Carlos, que recibió seis disparos, quedó herido. Los otros dos policías iban en un automóvil Peugeot.

Los padres de Carlitos, acompañados por la CORREPI, lograron dar con testigos para esclarecer lo ocurrido con su hijo y con su amigo.

Tras escuchar la sentencia del Tribunal, la madre de Carlitos pudo descargar toda la angustia que tragó desde el día en que le avisaron que su hijo había sido asesinado.

“Yo estaba muy nerviosa, sólo quería escuchar la condena de este tipo. Y ahí me largué a llorar como nunca. El llanto que contuve en estos años porque volqué todo en esta lucha”, aseguró con la voz firme después de ver a otro responsable de gatillo fácil tras las rejas.

Según datos de la CORREPI, desde 1983 más de 4.700 chicos fueron asesinados en casos de gatillo fácil. El 45% de los casos se concentran en la populosa provincia de Buenos Aires y básicamente en el Conurbano, y la mayoría corresponden a pibes de entre quince y veinticinco años.