Por Roberto Álvarez Mur

Los principales diarios de la Argentina, sin distinción de línea editorial, lo dejaron en claro en los títulos de ayer: el presidente Mauricio Macri consideró que el carnicero de Zárate acusado de atropellar y matar a un joven luego de un robo “debería estar en su casa, con su familia, reflexionando sobre lo que pasó”. Sin mencionar que la declaración radial del presidente no se basó en una mínima certeza jurídica respecto del caso en sí, ni precisiones de lo sucedido salvo lo viralizado por los principales medios nacionales, la liviandad con que el titular del Poder Ejecutivo emitió palabra sobre una temática de suma delicadeza a nivel social y cultural hizo eco entre los especialistas de la materia: Macri dijo un disparate.

Y decir un disparate frente a esta clase de hechos, es sabido, no es nada raro. Aunque, esta vez, la burrada no provino de una conversación entre amigos, el comentario a la pasada de un vecino o el estado de Facebook de un primo lejano o un troll. Esta vez, fue el propio Presidente de la Nación.

“En principio, sí creo que un presidente puede opinar sobre un caso judicial. Es más, creo que está bien que el Presidente emita una opinión. Sin embargo, la suya no es una opinión cualquiera. Es una opinión que, por ser el titular del Poder Ejecutivo, debe ser emitida de manera prudente y de manera fundamentada. Lo de Macri es imprudente porque se trata de un caso judicial que está en sus inicios, no se puede hacer un juicio de valor sin tener claridad de los hechos”, dijo a Contexto el juez de Garantías de Mar del Plata, Juan Tapia.

Además remarcó que el acusado es un ciudadano “sano, querido y reconocido por la comunidad”. Tapia añadió: “En este sentido, es absolutamente absurdo creer que una persona puede recuperar la libertad porque es ‘honesta’ o es ‘buena’. Parece que muchas veces pueden tomarse en cuenta consideraciones clasistas de estratificación social para definir si alguien puede recuperar su libertad en base a ese tipo de valoración”.

“es absurdo creer que una persona puede recuperar la libertad porque es ‘honesta’ o es ‘buena’. Parece que muchas veces pueden tomarse en cuenta consideraciones clasistas de estratificación social”, Juan Tapia, Juez.

Por otro lado, según consideró Tapia, el mensaje del Presidente –ejemplificado en un caso puntual de violencia social etiquetado de manera mediática como “justicia por mano propia”–, parece “legitimar las respuestas violentas y no las respuestas enmarcadas en el Estado de derecho”.

En esta línea, Tapia consideró: “Una de las grandes batallas es la batalla cultural, sin duda. En términos de una búsqueda de pacificación social, en términos de buscar entre todos una armonía colectiva, Macri profundiza un discurso donde parece toma más fuerza la propiedad privada que la vida humana, y ahí lo que se hace es desconocer cuáles son los bienes que una sociedad debe jerarquizar. Esto viene a confundir a gran parte de la comunidad, que podría creer que eso es justicia; y eso no es justicia. En la medida en que se determine que no hubo una causa de justificación, como podría ser legítima defensa, estamos frente a un delito”.

En tiempos donde la violencia social representa un elemento de debate de alta complejidad, Macri convierte en discurso un elemento de salvajismo que gravita en los márgenes del derecho y que los medios corporativos explotan de manera tendenciosa en nombre de “justicia por mano propia”. Con un simple comentario en radio, no sólo no contribuye a solucionar el problema de raíz, lo agrava aun más.

“Hablar de esta manera con tanta liviandad es, como mínimo, preocupante. Las personas no saben lo que puede considerarse ‘legítima defensa’, y los medios sólo contribuyen a la confusión con un discurso estigmatizante. En especial en casos donde no hay certezas de la causas”, dijo a Contexto Indiana Guereño, directora del Observatorio de Prácticas del Sistema Penal. “Se puede pensar: ‘si el presidente me avala, de alguna manera, acá vale todo’. Es fomentar la violencia, legitimarla en manos de los ciudadanos”, dijo Guereño, y agregó: “Nosotros debemos ser muy cuidadosos de las causas, debemos interiorizarnos bien. Y somos abogados. Imaginate, entonces, cómo lo debería hacer un presidente”.

“Las personas no saben lo que pude considerarse ‘legítima defensa’, y los medios sólo contribuyen a la confusión con un discurso estigmatizante.”

En tanto, la peligrosidad real detrás del gesto de Mauricio Macri reside en el efecto político, jurídico y simbólico que el discurso puede provocar en un país donde aun continúa latente el recuerdo de los linchamientos de 2014; donde la instalación de un paradigma de Justicia y Seguridad vinculado a los Derechos Humanos se encuentra en una posición cada vez más compleja; y donde la violencia social es tomada como carne de cañón para el rating de los principales medios de comunicación. Y ese peligro toma cuerpo en dos elementos fundamentales que median los conflictos de una sociedad: las leyes y la cultura.