“El costo es la vida de dos mil bebés y cien madres...

“El costo es la vida de dos mil bebés y cien madres al año”

En diálogo con Contexto, el ex ministro nacional de Salud, Daniel Gollán, remarcó la importancia de focalizar la discusión sobre las consecuencias directas de la destrucción del Plan Qunita. Además, consideró que detrás del polémico fallo se esconde un mensaje político contra los sectores que buscan ampliar sus derechos.

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Por José Welschinger Lascano

En una nueva demostración de partidismo e ideología protagonizada por la familia judicial, el juez federal Claudio Bonadio ordenó la destrucción del stock completo del Plan Qunita, un programa nacional de salud pública orientado a cerrar la brecha de la mortalidad prenatal e infantil. En diálogo con Contexto, Daniel Gollán, ministro nacional durante la implementación de este programa, consideró: “La imagen de 60 mil cunas–moisés quemándose es peligrosamente similar a la del golpe militar de 1955, cuando se quemaron depósitos completos de insumos médicos y de salud sólo porque habían sido adquiridos por la Fundación Eva Perón. Es una imagen de odio hacia las políticas públicas, un símbolo de la desconsideración que tiene la clase alta hacia los pobres”.

El ex ministro Gollán, que actualmente se encuentra en la mira del Poder Judicial por denuncias partidarias del Gobierno en contra suyo, comentó sin embargo que lo que más le preocupa es que no se esté discutiendo lo que sucederá con los beneficiarios del programa, ya que se trataba de una iniciativa para proteger vidas humanas.

“LAMENTABLEMENTE, LA ATENCIÓN DE LOS MEDIOS ESTÁ PUESTA SOBRE LA CAUSA INVENTADA POR EL JUEZ BONADIO, PERO NO SE ESCUCHA QUE NADIE HABLE DE LOS CHICOS Y LAS MUJERES QUE VAN A MORIR POR LA DESAPARICIÓN DE ESTE PROGRAMA.”

Según comentó el ex ministro, el objetivo central del Plan Qunita consistía en que una madre tuviera que pasar por los cinco controles prenatales, cubiertos por el Gobierno nacional en los municipios y las provincias mediante otro programa, para que el Estado pudiera gestionar anticipadamente sus recursos. “Ya la Asignación Universal incentivaba a las madres a entrar al programa de salud pública –consideró Gollán–, porque tenían que declarar su embarazo a la semana número 13 para poder comenzar a cobrar la asignación; pero teníamos un problema con un núcleo duro de mujeres que llegaban sin los controles adecuados, en un 32% de los casos, y sin ninguna clase de control en el 5%”. Como explicó el doctor Gollán, allí estaba, y sigue estando, la matriz dura de la mortalidad infantil.

Como titular de la cartera de Salud durante la implementación del Plan Qunita, Daniel Gollán también comentó que el programa estaba especialmente preparado para atender al sector social más vulnerable: “Hay que imaginarse, además, que sin los controles resulta prácticamente imposible atender una emergencia para una madre que no cuenta con los recursos tecnológicos y económicos suficientes. Todo eso estaba contemplado en el Plan Qunita, y en cuatro meses conseguimos aumentar del 89% al 93% el número de madres que concurrieron hacia clínicas seguras para tener a sus hijos; justamente porque ya venían con la experiencia de los controles. En un año más hubiéramos llegado al 99% de las madres con todos los controles y en clínicas seguras, según lo que se observaba en la evolución de esos datos”.

Para el ex ministro, el resultado de la aplicación de un plan con estas dimensiones era que iban a descender dos puntos tanto la mortalidad materna como la infantil; aproximadamente 2.000 chicos y cien mujeres que el Estado estaba salvando por año. “Ese es el impacto de la destrucción del plan Quinita, y como claramente la intención del Gobierno es no reemplazarlo por otro plan similar, el costo que se cobra la decisión judicial en vidas humanas es de 2.000 bebés y cien madres por año”.

Un mensaje político

Invitado a la Universidad Nacional de La Plata para disertar durante la Semana de la Soberanía en la Facultad de Ciencias Exactas, el ex ministro Gollán participó con una exposición acerca de los dos paradigmas que orientan los modelos de salud pública en occidente: el modelo netamente privado norteamericano y el modelo de previsión británico, los que, para el médico, se diferencian por considerar la salud como un negocio o como un derecho, respectivamente.

Al término del encuentro, Daniel Gollán explicó a Contexto cuál es su consideración respecto de la actitud del Gobierno actual, tanto hacia las políticas públicas como hacia las medidas impulsadas desde su gestión. Para el doctor, ambas cuestiones confluyen en el fallo de Claudio Bonadio, donde se debe leer un mensaje dirigido a la oposición del actual Gobierno. “En este gesto hay un mensaje que dice que el Gobierno va a judicializar e ilegalizar cualquier proyecto que haya llegado para ampliar los derechos de los ciudadanos en este país; porque esos derechos sólo se pueden establecer mediante políticas que toman recursos del sector más apoderado, para atender las necesidades básicas de quienes no llegan a cubrirlas”.

Para Gollán, ese proceso emprendido desde el Estado siempre se hace en función de acrecentar el consumo, con la idea de fortalecer el mercado interno y aumentar tanto la actividad como el empleo. “Eso fue lo que básicamente hizo el proceso político que tuvimos en la Argentina entre 2003 y 2015. Entonces, el mensaje es ‘no se atrevan a tocar las ganancias de los ricos, porque esta va a ser la reacción’, y así judicializan la política para ilegalizar las medidas de redistribución”.

Más que por el ataque judicial en su contra, Daniel Gollán se mostró preocupado por la dirección hacia la que se dirige la política nacional. “Hasta ahora, todas las políticas de este Gobierno que uno pudo ver se orientaron hacia el fortalecimiento económico de los sectores más concentrados”. Para el ex ministro de Cristina Fernández, hay una desproporción absoluta en la distribución de la riqueza, asentada sobre un viejo dogma neoliberal que predica el derrame, un discurso que se viene oyendo en el país desde la década de 1960. “Lamentablemente, todos sabemos que eso no sucede. Además, si alguien quisiera venir a invertir en estos momentos, no encontraría consumidores a los que venderle sus productos; entonces, sólo llegan ciertas inversiones puntuales muy ligadas al sector internacional, que se dedican a la extracción de hidrocarburos y minerales, a la especulación inmobiliaria, y naturalmente al negocio farmacéutico que tiene a su mercado cautivo”.

Desde una lectura estructural de la salud, que considera también su lugar dentro del juego económico, el ex ministro asoció este gesto de revanchismo con la articulación de los intereses privados de un fuerte sector transnacional, que actualmente busca penetrar en el mercado local. “Eso sucede porque, más allá de la crisis y la recesión económica, la salud es lo que técnicamente se denomina como necesidad antielástica, ya que nadie puede prescindir de los tratamientos médicos, y en lugar de ello va a vender hasta lo que no tenga”. Para Gollán, ese es el motivo por el que, aun durante las crisis, la salud se vende bien. “Salvo que suceda lo que pasó en la Argentina durante 2001, cuando el Gobierno liberó las pseudomonedas que los laboratorios no aceptaban, y entonces comenzaron a cerrar. La consecuencia de eso fue que el Estado debió llenar el hueco abriendo laboratorios públicos que pudieran sostener las necesidades imprescindibles de la gente que no tenía medicamentos”.

Para concluir, Daniel Gollán enfatizó que la decisión del juez federal tiene un trasfondo político, que responde a los intereses históricos del gran capital en la Argentina. “Por eso hoy podemos ver que el mensaje del Gobierno es hacia cualquier proyecto nacional y popular que pueda asumir en la Argentina del futuro, diciéndole que jamás se atreva a tocar los intereses de los ricos”. Y agregó: “También por eso inventan las causas judiciales, politizan a la Justicia, y mandan a quemar las cunas de las familias pobres”.


 

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