Clarín, contra la política y la democracia

Clarín, contra la política y la democracia

Con una serie de encuestas se busca mostrar que “la gente” ya no cree en las instituciones transformadoras. Una vieja estrategia para acompañar un modelo económico de ajuste.

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Por Contexto

“Baja la confianza en la democracia y sube la importancia del orden en América Latina”. Aunque parezca mentira, esta frase pertenece a un título del diario Clarín de la última semana. Sin entrar en los infinitos debates del límite entre la libertad de expresión y la apología al golpismo, es más efectivo mostrar que se trata de un nuevo capítulo de la estrategia del diario para, otra vez, dañar a la política y su carácter transformador.

En este caso, el matutino hace referencia a una encuesta de la consultora Latinobarómetro presentada el jueves en Capital Federal. Pero el ataque a la democracia no terminaba en el encabezado, sino que adentro se ponía peor. Con extrema liviandad se anunciaba: “A la vez que bajó el apoyo a la democracia (de 56% a 54%), en América Latina creció la confianza en las fuerzas armadas y en la policía”.

Como si no fuera poco, el texto seguía: “De 2004 a la fecha, existe una evolución del 48% de latinoamericanos que demandan orden a costa de la disminución de las libertades individuales”. El sondeo, se aclaraba, “se aplica en 18 países de la región desde 1995 con muestras aleatorias de cada país y un margen de error de entre 2,8% y 3,5%, con una muestra de entre 1.000 y 1.200 casos por cada nación”.

democracia

Queda muy claro cuál es la intención. Aunque la nota no decía por qué los latinoamericanos han perdido la fe en la democracia, se puede especular sin temor a equivocarse: no pueden concretar ni mínimamente sus expectativas de vida. Lo que también faltaba describir era los factores que atentan contra eso, como la concentración económica, empresarial y mediática. ¿Habrá sido un olvido?

Otro artículo en la misma dirección vio la luz el 14 de agosto y llevaba como titular “Ocho de cada diez argentinos admiten que son desconfiados”. Bajo esa frase de apariencia inocente, la pieza periodística encerraba el desarrollo de un estudio de opinión de la consultora Voices y de la UADE (la selectísima Universidad Argentina de la Empresa), en la cual se mostraba que los políticos y los sindicalistas eran las figuras menos creíbles de la sociedad, con un 90 y 89 de desconfianza, respectivamente.

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En la cúspide de la pirámide de credibilidad se ubican los médicos, los maestros y los enfermeros, en todos los casos, con más del 80% de aceptación. Según la descripción, “los deportistas también resultan un grupo confiable, sobre todo entre los jóvenes: el 77 por ciento de los encuestados menores de 30 años los destaca por sobre otras ocupaciones”.

En tanto, continuaba la nota, “los mayores de 50 años se destacan respecto de la población más joven en su confianza a los sacerdotes –el 63 por ciento les cree– y en los comerciantes de su barrio –el 74 por ciento confía en ellos–”. Bueno, entonces, ya sabríamos cómo sería la fórmula de la felicidad.

Como si ya no hubiese quedado claro, en el segundo subsuelo de las personalidades que menos respeto inspiran están los funcionarios públicos, los empresarios y los jueces, con niveles de desaprobación que van desde 84 al 71%.

La encuesta, que es tramposa por todos lados y sólo busca abonar al rechazo hacia los políticos, no tiene en cuenta, ni siquiera, una dimensión: los dirigentes llegan al lugar de legítimos representantes luego de transitar cualquiera de esa funciones que aparecen en el listado, es decir, no salen de un repollo, ya que primero tuvieron que ser médicos, maestros, enfermeros, comerciantes, etcétera. Entonces, lo que se quiere decir de una manera oculta es que el desprestigio empieza cuando alguien elige meterse en los asuntos o en la cosa pública.

Además, para los consultados, la culpa de todo la tienen las instituciones, ya que su mal funcionamiento sería la causante de generar individuos incapaces de creer, como aquellos psicólogos que ven la causa de todos de los males en la madre o en el padre. Según explica Marina Tomasotti, investigadora de la UADE, “los vaivenes políticos y económicos de los últimos años han generado una tendencia a desconfiar como primera actitud, y recién después de un tiempo se empieza a pensar en creer en el otro”.

Una tercera encuesta, publicada el 27 de agosto, apuntaba a las preocupaciones de los argentinos. En primer lugar, no aparecieron los tarifazos, ni la inflación ni el miedo a perder el empleo. No, “para la gente, la corrupción ya es el principal problema del país”, decía la crónica. Por suerte se aclaraba que el sondeo se hizo de forma “exclusiva para Clarín” por la Managment & Fit, que “consultó, entre el 20 y el 25 de agosto, de forma telefónica a dos mil personas en todo el país”.

corrupción

Un mes antes se había hecho público otro trabajo de la firma M&F, donde el turno le tocaba a “la Justicia”. La nota es del 3 de julio y en ella se comentaba que el “70% de la gente tiene poca confianza” en esa mujer de ojos vendados. “Del trabajo surge que el 35% de los argentinos no tiene nada de confianza en el Poder Judicial, mientras que 36,7% manifiesta que le tiene poca confianza a los jueces”.

En la misma línea, Clarín busca desacreditar y esmerilar a quienes reivindican la política y a quienes prefieren hablar de un proyecto de nacional y popular y no de marketing o de gurús de la autoayuda. En ese camino, el objetivo principal es Cristina Kirchner y el kirchenrismo. Por eso, el 27 de julio era noticia un “sondeo privado” donde se mostraba que “mucha gente quiere pero no cree que Cristina termine presa”. La muestra era bastante endeble, pero no importaba: “500 casos de argentinos mayores de 18 años, de todo el país, consultados a través de un panel online”.

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Generalizar, hablar de mal y denostar “la política”, “la Justicia”, a “los sindicalistas”, se sabe, es el discurso viejo y conocido de atacar a las instituciones democráticas. Las encuestas y la opinión de “la gente” suele ser uno de los instrumentos más utilizados para generar hastío. En eso anda el grupo mediático más poderoso del país. “Vienen por la gente”, suele decir el diputado nacional Máximo Kirchner. También vienen por la política.


 

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