Por Héctor Bernardo

El golpe de Estado contra la presidenta de Brasil, Dilma Rousseff, transita su capítulo final. Como en la crónica de una muerte anunciada, cuando a finales de marzo de este año el entonces presidente de la Cámara de Diputados, Eduardo Cunha, aprobó la realización del impeachmente, el final estaba escrito.

Para que la mandataria sea desplazada, 54 de los 81 senadores deben votar a favor de la destitución. Los aliados del golpista vicepresidente Michel Temer aseguran contar con 61 votos que le darían la “victoria” que jamás hubiera obtenido en las urnas.

El lunes por la mañana, la presidenta Rousseff dio su descargo ante el Senado. Sin embargo, como bien señaló, muchos de esos legisladores, antes de escuchar la defensa de la mandataria, ya habían anunciado en los medios de comunicación sus votos a favor de destituirla.

Rousseff aseguró: “El 1º de enero de 2015 asumí mi segundo mandato como presidenta de la República Federativa de Brasil. Fui electa por más de 54 millones de votos. Asumí un compromiso de defender y cumplir la Constitución para sustentar la unión y la independencia de Brasil. Respeté el compromiso que asumí y estoy orgullosa por ello”.

“Seré juzgada por un crimen que no cometí. Tengo mi conciencia absolutamente tranquila por lo que hice […] Estamos a pasos de cometer un verdadero golpe de Estado”, remarcó la presidenta.

En un resumen contundente de lo que representa el momento actual, Rousseff aseguró que, “como en el pasado con las armas, hoy con la retórica jurídica, atentan contra la democracia y el Estado de derecho”.

La mandataria también señaló: “Que revoquen mi mandato en forma definitiva es someterme a una pena de muerte política […] Este es un golpe que, si se consuma, resultará en la elección directa de un Gobierno usurpador”, en referencia al vicepresidente, Michel Temer, uno de los líderes de la conspiración.

En diálogo con diario Contexto, la periodista y analista internacional Telma Luzzani señaló que “la destitución de la presidenta Dilma Rousseff es otro ejemplo de estas nuevas formas de golpes de Estado que hay en la región. Estos actos tienen una peculiaridad, tienen una ‘apariencia democrática’ que encubre una ilegalidad, un acto antidemocrático, concretamente: un derrocamiento, un golpe”.

“Que este golpe se dé en Brasil es fundamental. Es el país más importante de América del Sur, es parte de los BRICS, es clave en una integración regional que se mostraba como una alternativa a las propuestas neoliberales de Europa y Estados Unidos”, remarcó Luzzani.

La especialista aseguró que, “como la misma presidenta lo dejó entrever, ahora Lula será el objetivo de los ataques, porque él representa la posibilidad de que Brasil recupere el camino que ahora abandona. Lula sería un líder que permitiría que toda la región retome una agenda más progresista”.

Por último, Luzzani afirmó que “el papel de los medios de comunicación, el Parlamento y el Poder Judicial han sido fundamentales. Son el trípode en que se basó esta destitución. Cada uno ha tenido un rol. Los medios han trabajado sobre lo que podríamos llamar ‘la batalla cultural’. La gente que no tiene tiempo o no le interesa conocer todos los detalles y el trasfondo de la trama política forma su opinión a través de lo que le dicen los medios. En Brasil lo hacen, fundamentalmente, a través de la Rede Globo. Eso hace que, aunque gran parte de la población apoye a Dilma Rousseff, haya cierta desmovilización y los brasileños no se den cuenta que el plan neoliberal del nuevo Gobierno va a perjudicar a gran parte del pueblo”.

En la misma línea, el director del Instituto de Estudios de América Latina de la Central de Trabajadores Argentinos (IDEAL–CTA), Oscar Laborde, afirmó: “Es un momento muy triste para Brasil y para toda América Latina. A pesar del valiente alegato de la presidenta Dilma Rousseff, está resuelto que un grupo de senadores, muchos de ellos sospechados o condenados por corrupción, expulsen de la presidencia a una inocente”.

“Es claro que al otro día del triunfo electoral de Rousseff empezaron a intrigar para que llegue este momento y desplazarla. Así, a través de este juicio impostado, podrán hacer lo que no pudieron hacer a través de las elecciones. No pudieron derrotar en dos ocasiones a Lula Da Silva, no pudieron derrotar en otras dos ocasiones a Dilma Rousseff, y entonces decidieron violar la institucionalidad y desplazar a la presidenta”, aseguró el director del IDEAL–CTA.

Laborde recordó que “Dilma no está siendo juzgada por corrupción, sino por supuestas irregularidades administrativas. No cometió ningún delito, ni está acusada de ningún acto de corrupción. Le cuestionan la forma en que ella presentó los balances. Ella hizo esa presentación de la misma manera que se venía haciendo desde la presidencia de Henrique Cardoso. Lo que indica que era una forma habitual de hacerlo”.

Por último, Laborde aseguró que “esto va a dejar profundas huellas en la realidad latinoamericana, y un triste antecedente en la historia de Brasil. A los golpes contra Kubitschek, Jânio Quadros y Getulio Vargas, hoy agregan el golpe contra Dilma Rousseff. Una mancha más en la parte más triste de la historia brasileña”.