Por José Manuel Welschinger Lascano

Los datos y las cifras del segundo semestre, que actualmente continúan siendo sólo una fracción de lo que la gestión de gobierno debe publicar para sostener su transparencia, muestran sin ambigüedades los resultados inmediatos de la desregulación económica. Uno de los efectos más notables de la despreocupación de Cambiemos por el devenir de la economía argentina se encuentra en el crecimiento súbito de las tasas de desempleo; una consecuencia que, acusada como campaña de miedo, ya había sido anunciada por el kirchnerismo durante las elecciones de 2015.

Sin embargo, los números ya no dejan lugar para las dudas. “Nosotros estamos tomando los índices del CEPA, el Centro de Economía Política Argentina”, comentó a Contexto la economista Fernanda Vallejos, y señaló: “Al 31 de julio, este relevamiento realizado en base a los datos brindados por los propios sindicatos y las cámaras empresariales de cada sector hablaba ya de 195.000 despidos desde que comenzó la Administración de Macri”.

La primera reacción del Gobierno frente al desempleo que estaban causando sus medidas fue negar su existencia. Luego, argumentando que era para favorecer la llegada de inversiones exteriores, Cambiemos avanzó contra las leyes antidespido. Finalmente, los acuerdos que el Gobierno intentó gestionar con la cúpula empresarial terminaron en la nada. Entre convenios con McDonald’s y proyectos del estilo “mi primer empleo”, que escondían maniobras para reducir la cobertura estatal de los trabajadores, Cambiemos fue gestionando una de las mayores crisis laborales desde el retorno de la democracia.

La respuesta política a esta bomba de tiempo consistió en la aplicación de una maniobra cosmética sobre los índices oficiales. “Doscientos mil desocupados desde la llegada de Macri es el número convalidado por los propios productores –señaló Vallejos–; las cifras del Ministerio, que cuentan 110.000 despidos, arrojan ese resultado porque ellos modificaron la manera de medir el desempleo”.

“AL 31 DE JULIO, EL RELEVAMIENTO REALIZADO, EN BASE A LOS DATOS BRINDADOS POR los PROPIOS SINDICATOS Y LAS CÁMARAS EMPRESARIALES DE CADA SECTOR, HABLABA YA DE 195.000 DESPIDOS DESDE QUE COMENZÓ LA ADMINISTRACIÓN DE MACRI.”

Históricamente, lo que se contabilizaba en las estadísticas argentinas siempre fueron las fuentes de trabajo, teniendo en cuenta que una persona puede y suele tener más de un empleo; pero a partir de ahora, contando como hace la gestión del ministro Jorge Triarca, sólo se cuenta como desempleado a aquel que carece de fuentes de ingreso, más allá de que haya perdido alguno de sus empleos. De esta forma, según explicó Vallejos, la cifra es naturalmente menor; pero también deshonesta, ya que se subestima la destrucción de las fuentes de empleo.

La especialista, ex asesora de Axel Kicillof, simplificó: “Si tenías un trabajo a la mañana y otro a la tarde, o si trabajabas en relación de dependencia y luego de forma particular desde tu hogar, ello contaba como dos puestos de empleo. Pero ahora, observado desde la cantidad de personas empleadas, si perdiste uno de esos dos no queda computado en ningún lugar de las cifras oficiales, y de esa manera se pierde la percepción del estado real de la economía, porque vos sí perdiste parte de tus ingresos”.

Se trata de una táctica usual para los Gobiernos neoliberales que, amparados por el blindaje mediático del establishment, utilizan la retórica estadística para maquillar los indicadores de la economía y disfrazar de éxito los fracasos. En el caso de Cambiemos, que modificó de forma drástica uno de los indicadores fundamentales de la economía, la táctica se utilizó para disfrazar de fracaso el desastre, ya que el comienzo de una crisis laboral, de cara a las elecciones legislativas de 2017, podría minar las intenciones del oficialismo.

Esa pérdida de la calidad institucional del trabajo, una vez disparada, repercute sobre la capacidad de utilizar dinero para el consumo de bienes y servicios. “Ahí sí que se nota el deterioro –sostuvo Vallejos–, porque con menos ingresos hay también menos consumo, menos producción, y eventualmente menos trabajo”.

El número actual, que muestra un pico histórico, respondería en realidad a la ruptura de la tendencia continua hacia la creación de empleo, en ascenso durante los últimos doce años, tanto en la esfera formal como en la informal. “Lo que está registrado es que hacia fines de 2015 el trabajo informal representaba cerca del 35% del empleo total, y ahora, en este marco de destrucción del trabajo, inexorablemente se produce un pasaje del trabajo registrado hacia el no registrado”.

Por mal camino

Este pasaje que se detalla, del empleo formal hacia el informal y del informal hacia el desempleo, es la mecánica básica del deterioro de la calidad institucional del trabajo. Como señaló la economista, es un proceso que, ya sea para mejorarlo o deteriorarlo, comienza con las políticas de Estado.

“TODOS LOS INDICADORES ECONÓMICOS QUE OBSERVAMOS MUESTRAN EL DETERIORO DE LA ACTIVIDAD. TANTO EL EMPLEO, COMO LOS SALARIOS, EL CONSUMO Y LAS EXPORTACIONES, TODO SE HA VENIDO A PIQUE.”

Aunque todavía no hay números para dar cuenta de la magnitud de ese proceso, los economistas ya conocen que esa es una de las primeras consecuencias de la destrucción de los puestos de trabajo. “Se quebraron todas las tendencias positivas de la economía –afirmó Fernanda Vallejos–, en la misma sintonía en la que se desploma la producción, o la economía en general entra en recesión (como el mismo INDEC señala); y por supuesto que los sectores más afectados son la industria y la construcción”. Sólo la construcción cuenta con 60.000 de estos despidos macristas. “Esto es especialmente negativo cuando se sabe que ese es uno de los sectores que ‘tracciona’ al sistema laboral completo, y empuja a las actividades secundarias a que sigan su tendencia”.

Para Vallejos, se trata de una tendencia francamente preocupante, pero que no sorprende dentro de un planteo macroeconómico como el que estamos viviendo, donde la actividad viene a la baja con una caída notable. En el caso de la industria, la caída fue de 4.5% sólo durante la primera mitad del año.

“Obviamente –comentó Vallejos–, esa caída se pronuncia todavía más durante los últimos meses, mayo y junio, mostrando que la situación continúa empeorando durante estos días”. Y, respecto de la evolución actual de esta situación, sostuvo: “Todos los indicadores económicos que observamos muestran el deterioro de la actividad. Tanto el empleo, como los salarios, el consumo y las exportaciones, todo se ha venido a pique. Junio fue un mes complicadísimo, y todavía nos queda por conocer los números de agosto”.