Por Nicolás Forlani*

A la fenomenal transferencia de recursos económicos expresada en: la quita de las retenciones a las exportaciones agrícolas y mineras (entre 70 mil y 80 mil millones de pesos es lo que dejará de recaudar el Estado Nacional en el año en curso); la salida del “cepo cambiario” devaluación mediante del 50%  (con pronósticos en el corto plazo de arribar a un dólar a 18 o 19 pesos, es decir, una devaluación del 100% con respecto a noviembre del año 2015); el pago a los fondos buitre (16 mil 500 millones de dólares); y un endeudamiento aproximado de 50 mil millones de dólares (entre los bonos en dólares y los emitidos en pesos) no destinado a inversiones productivas u obras de infraestructura, sino orientada a cubrir un déficit fiscal del 6% y la fuga de divisas (3.300 millones de dólares tan solo en el primer trimestre del año); y, entre otras medidas, en la apuesta a un tarifazo del 400% para los usuarios particulares y el 500% para las pymes que, de hacerse efectiva, repuntará el proceso inflacionario largamente superior al 40% anual, le era necesario e imprescindible anexar un respaldo simbólico cuya traducción discursiva naturalice la materialización de las políticas neoliberales en curso.

La reactivación del proyecto neoliberal en su afán de hegemonía requiere, a instancias de la ceocracia gubernamental, de la construcción histórica cultural de un “nuevo” relato sociohistórico. No existe posibilidad alguna de reimplantar un programa económico anclado en la explotación/exportación de materias primas y la especulación financiera sin un entramado discursivo capaz de recolonizar las subjetividades en aras de naturalizar semejante proceso de reconcentración económica y de despojo. En otros términos, la implantación del actual proyecto de política económica requiere, en una relación de mutuo fortalecimiento, de un particular discurso sobre la historia.

En ese marco se inscribe el “curro” de los derechos humanos. Es que inexorablemente la aplicación del proyecto neoliberal en la Argentina actual no puede llevarse a cabo sin una relativización de aquel genocidio y terrorismo de Estado que, políticas del terror mediante, generó las condiciones subjetivas para su desenvolvimiento.

En efecto, “acabar con el curro de los derechos humanos” se ha traducido en este breve período de gobierno de la alianza Cambiemos (PRO-radical) en al menos cinco hechos tendientes a desacreditar las políticas de Memoria, Verdad y Justicia de amplio reconocimiento internacional: cincuenta represores han dejado las cárceles comunes para obtener prisión domiciliaria (franca libertad para genocidas que ya se han burlado de tamaña concesión al deambular por fuera de sus respectivas viviendas); el Estado, a través de su Secretaría de Derechos Humanos (también denominada Recursos Humanos por el presidente) ha dejado de participar como querellante en el caso Saiehj, una causa donde se juzga la complicidad de civiles en el accionar de las Fuerzas Armadas; peculiar indiferencia ha sido la de la clase dirigente gubernamental en relación con la participación en los desfiles patrios del golpista Aldo Rico; la persecución sobre la titular de Madres de Plaza de Mayo, Hebe de Bonafini, en un procedimiento judicial por lo menos calificable de imprudente (en palabras de Zaffaroni: “No es necesario ordenar la detención, en especial cuando se sabe que esto puede ocasionar un problema público, que nunca es bueno”); y, finalmente, la relativización del número de desaparecidos por parte del propio presidente Mauricio Macri en una entrevista concedida a la periodista mexicana Karla Zabludovsky: “No tengo idea, no sé, es un debate en el cual yo no voy a entrar. Si fueron 9 mil o 30 mil; o los que están anotados en un muro o son muchos más. Me parece que es una discusión que no tiene sentido”.

No obstante, para comprender/dimensionar las intenciones de finalizar con el curro de los derechos humanos no basta referirse a estas cinco posiciones/disposiciones de la clase dirigencial del Poder Ejecutivo nacional (y de una parte no menor del partido judicial). Una vez más, estas cinco resoluciones se inscriben en la apuesta de una revisión histórica de mayor alcance que, bajo la frívola perspectiva de arrogancia objetivista y neutral, tiende deliberadamente a reinterpretar la historia nacional. La ostensible transformación estética-discursiva del Museo del Bicentenario (hoy denominado Museo Casa Rosada) coloca en evidencia el empeño por reinventar un relato histórico que legitime el interés de los pocos sobre las mayorías populares: el cambiado museo ya no cuenta causalmente con los asientos otrora estimulantes para escuchar y discutir la historia nacional.

Más bien invita, bajo esta nueva disposición estética, a hacer oídos sordos a la memoria histórica para convocarnos en torno a detalles intrascendentes tales como las vestimentas o muebles de tal o cual personaje histórico. Aun más, quien se disponga resistir y haga el esfuerzo de decodificar los efímeros audiovisuales recientemente incorporados con el nuevo Gobierno se encontrara con una narración plagada de reduccionismos (“la Constitución de 1949 sólo buscaba la reelección indefinida”), apologías (“exitoso golpe de 1955”) y francos ocultamientos de los logros del período reciente (la gestión kirchnerista transcurre “cic” in-aborda en los audiovisuales del museo histórico).

Frente al desdén por los derechos humanos, la tragedia de las políticas neoliberales actuales y la colosal ambición de los grupos de poder, es válido recordar un dato no menor: el campo popular y sus organizaciones a lo largo de sus más de doscientos años de historia nacional (y latinoamericana) pocas veces contó (sino nunca) plenamente con los instrumentos del Estado para llevar adelante su proyecto nacional-popular de vocación inclusiva y latinoamericanista. Las 2 mil marchas de nuestras madres marcan el camino: habrá que apelar al coeficiente histórico de la resistencia de nuestros pueblos, la lucha en las plazas y la unidad en la acción para resistir la embestida de la derecha nacional y continental.


* Licenciado en Ciencia Política, becario doctoral del CONICET, doctorando en Estudios Sociales en América Latina. nico_forlani@hotmail.com.